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07 de Aug de 2020

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Julio Bermúdez Valdés

Columnistas

El dolor dejó de ser clandestino e ilegal

Treinta años después del dolor, un presidente se ha atrevió a tomar la decisión, Juan Planells, rector de la Universidad Santa María la Antigua..

He tardado un poco en construir una visión sobre el significado de la decisión del Consejo de Gabinete que preside Laurentino Cortizo Cohen de declarar el 20 de diciembre “Día de duelo Nacional”, por la valoración cualitativa del acto, y por la frontera histórica que establece.

Treinta años después del dolor, un presidente se ha atrevió a tomar la decisión y ha sido Juan Planells, rector de la Universidad Santa María la Antigua, ahora desde su condición de presidente de la Comisión que investiga aquellos sucesos, quien a mi juicio ha hecho una de las valoraciones más contundentes al respecto.

Primero sobre la necesidad supuesta de la invasión. Sí. Durante los actos conmemorativos del 20 de diciembre en el Jardín de Paz, Planells subrayó cómo, en otros escenarios de tragedias dictatoriales mayores, no se produjeron acciones como la llamada just cause practicada por Estados Unidos en Panamá , a finales de los años 80.

En el Chile de Pinochet, con tantos muertos, perseguidos y exiliados, los ciudadanos de ese país pudieron superar sus desavenencias sin invasión alguna; al igual que en la Argentina de Videla, el Perú de Velasco, en la Colombia de Rojas Pinilla, o en la República Dominicana de Rafael Leonidas Trujillo. Los costos sociales, políticos y en vida aun se contabilizan. En el reciente gabinete del nuevo presidente de Argentina, Alberto Fernández, tres de sus ministros son hijos de ciudadanos desaparecidos, que terminaron en los hogares de los torturadores y asesinos de sus padres.

En todos estos años se ha hablado en voz baja, pero con insistencia, de una supuesta fosa común existente...

Planells ha sido contundente al pedir disculpas a los familiares de los caídos, por la soledad en la que fueron sumidos por tres décadas, por la indiferencia de cinco gobiernos y a la paralización de cinco presidentes, que prefirieron dejar a otros aquella urgencia humanitaria. Habrá razones, como en todo para justificar las evasivas, pero el hecho es uno: solo hasta hoy el dolor dejó de ser clandestino e ilegal.

En ese contexto evalúo la decisión y la responsabilidad de Laurentino Cortizo Cortizo Cohen, el peso histórico que asume este hombre a los seis meses de haber llegado a la Presidencia de la República, con la decisión de saldar una deuda y comenzar a cerrar heridas. La sociedad panameña no podía seguir con este fardo. No se podía seguir justificando el crimen.

El otro elemento es la frontera histórica, donde transitan taciturnos el silencio y la palabra. He visto, una y otra vez, la entrevista que le ha hecho Elizabeth González de TVN a Saturnino Solís, encargado de la morgue del hospital Santo Tomas en diciembre de 1989.

Demoledor testimonio que revela el delito consciente y consumado. Como “alguien” desaparece el libro de registros de muertos, donde caben cien nombres por página, en más de 12 páginas, que luego están arrancadas del cuaderno.

Los cadáveres llegaron en camiones volquetes del ejército de Estados Unidos, y cuando ya no se pudo colocar uno al lado del otro, hubo que poner los muertos uno sobre otro.

Pero hay un momento de la entrevista en que Solís deja de mirar a Elizabeth, y mira sin mirar hacia su derecha, y hay un silencio que trasluce dolor y vergüenza, sinceridad y desconcierto, que el entrevistado remata cuando retorna a la cámara y dice: “casi no puedo hablar… es difícil recordar todo eso”... ¡30 años después!

En otro testimonio, un médico panameño que aquella noche laboraba en el hospital Gorgas, me ha dicho sin aspiraciones de protagonismo, que las bolsas de cadáveres que se apilaban en ese nosocomio eran tantas que, para él, los muertos pasaban de mil.

En todos estos años se ha hablado en voz baja, pero con insistencia, de una supuesta fosa común existente en Corozal, donde estaría una cantidad no determinada de cadáveres de panameños muertos el 20… ¿Será que la comisión podría investigar la veracidad o no de esta información?

Queda un camino por recorrer, todavía la palabra debe abrirse paso… (JBV).

Periodista