20 de Feb de 2020

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Jaime Raúl Molina

Columnistas

Los obsequios de la industria crean médicos obsequiosos

ProPublica, especializado en el periodismo investigativo, publicó un estudio que llevaron a cabo algunos de sus periodistas, sobre patrones de recetamiento de fármacos de alta venta, de parte de médicos que reciben pagos de la industria farmacéutica.

Hace pocos días, el medio norteamericano ProPublica, especializado en el periodismo investigativo, publicó un estudio que llevaron a cabo algunos de sus periodistas, sobre patrones de recetamiento de fármacos de alta venta, de parte de médicos que reciben pagos de la industria farmacéutica.

El hallazgo es que los médicos que reciben pagos vinculados a determinados fármacos, recetan más de dichos fármacos de marca, que otros médicos que no reciben dichos pagos. Es otro hallazgo más que confirma una realidad que cualquier persona con dos dedos de frente entiende, pero que algunos médicos KOL (líderes de opinión o 'Key Opinion Leaders') insisten en negar.

Hace varios años entró en vigor la ley Sunshine (Sunshine Act), que en el plano federal de los Estados Unidos de América, hace obligatorio que las compañías que son proveedoras de fármacos o de dispositivos médicos para los programas federales de Medicare y Medicaid, declaren los pagos que hacen —por encima de cierto umbral— a médicos y otros profesionales sanitarios. Por pagos, se incluyen no solo pagos en dinero sino también regalos, invitaciones a congresos, invitaciones a almorzar o cenar, y cualquier cosa que tenga un valor por al menos un dólar.

Los profesionales de salud son los únicos para los que aceptamos con normalidad la absurda, inverosímil y pueril pretensión de que los pagos que reciba un médico de parte de la industria farmacéutica no lo sesgan en perjuicio de sus pacientes.

ProPublica cruzó dos bases de datos que son información de acceso público gracias a la Ley Sunshine. El período para el que se hizo los cruces de datos fue el año 2016. En el estudio primero se seleccionó los cincuenta fármacos de mayor receta entre ambos programas federales (Medicare y Medicaid) de seguros médicos. Luego, se cruzó con la base de datos de OpenPayments ('Pagos Abiertos') para enlazar los pagos hechos a médicos, que pudieran vincularse directamente a uno de los 50 fármacos más recetados en el país. De allí entonces se cruzó nuevamente con la primera base de datos, para encontrar la data de las cantidades de recetas prescritas por los distintos médicos, para cada uno de los fármacos del listado de los 50 más recetados.

Los hallazgos no deben sorprender a nadie. En promedio, los médicos que recibieron pagos específicamente vinculados a un fármaco determinado, recetaron dicho fármaco un 58% más que los médicos que no recibieron dichos pagos. Los autores reportan que el patrón se mantuvo consistente a lo largo de casi todos los 50 fármacos, aunque los porcentajes específicos varían entre cada fármaco, naturalmente. La lista de esos 50 fármacos incluye muchos que son caros. Los autores señalan que para 38 de esos 50 fármacos, el costo del tratamiento anual es igual o mayor a $1,000 por persona.

Los autores del reporte hacen las declaraciones de rigor sobre las limitaciones del estudio. La primera de ellas, que estos hallazgos no pueden confirmar una relación de causalidad entre los pagos hechos a médicos y los patrones de recetamiento de dichos médicos. Esto es técnicamente correcto, pero debe entenderse en el contexto de hallazgos similares en otros múltiples estudios realizados sobre esto en el contexto de profesionales de salud, y en el contexto de la evidencia acumulada en la psicología social, sobre los sesgos que los regalos generan en las personas que los reciben. Es algo tan elemental, que por eso prohibimos a jueces recibir regalos de las partes en las causas que deben conocer; a los funcionarios que inciden en la toma de decisiones sobre adjudicaciones de contrataciones públicas, y en los códigos de ética de cualquier medio serio se prohibe a los periodistas, especialmente si son investigativos, recibir pagos de las personas, empresas o instituciones sobre las que por razón de su trabajo, podrían tener que reportar. Los profesionales de salud son los únicos para los que aceptamos con normalidad la absurda, inverosímil y pueril pretensión de que los pagos que reciba un médico de parte de la industria farmacéutica no lo sesgan en perjuicio de sus pacientes.

ProPublica mantiene dentro de su portal (www.propublica.org), una página con la descripción de la metodología usada para hacer el análisis de la data. La data es de acceso público, bajada del sitio de internet del Centro de Servicios de Medicare y Medicaid (Centers for Medicare and Medicaid Services: www.cms.gov), gracias a la Ley Sunshine. En Panamá necesitamos legislación como la Ley Sunshine, para que el ciudadano pueda saber si el profesional de salud que lo atiende, recibe pagos de la industria farmacéutica, y en caso afirmativo, qué, cómo, cuánto, de qué compañías y en qué conceptos recibe esos pagos.

Abogado