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29 de Oct de 2020

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Ricardo Arturo Ríos Torresopinion@laestrella.com.pa

Columnistas

Carlos Cuestas, Chiriquí rebelde

Crónicas de Historias Panameñas de Carlos Cuestas es un compendio de treinta y siete reflexiones que enriquecen el alma de una nación aluvional como la nuestra.

Los testimonios del acontecer nacional, sobre todo en el Chiriquí siempre rebelde, son valiosos para comprender la actitud contestataria de una población que sabe vencer todas las adversidades.

Ilustres panameños olvidados es el reconocimiento a hombres honestos y fecundos en la jurisprudencia, las ciencias y luchas patrióticas, como Alonso de Coronado y Ulloa, y Francisco Boniche, catedráticos en Lima y Quito, entre muchos otros, que dejan huellas imborrables en los ateneos latinoamericanos.

Manuel Joseph de Ayala, considerado el jurista indiano más distinguido por su racional sistematización de las Leyes de Indias; José de Antequera y Castro, líder de los Comuneros paraguayos; Manuel Villarán Barrera, prócer de la independencia del Perú junto a José Domingo Espinar, jefe del Estado Mayor de Bolívar; Miguel de Santiesteban, militar, administrador, matemático y científico extraordinario que descubre la efectividad de la quina contra las fiebres tropicales; Sebastián José López Ruíz, famoso médico panameño en los países suramericanos. Arquetipos para una juventud panameña carente de ejemplos ciudadanos y que se debate contra una sociedad amoral que hace de la corrupción una norma de vida.

Chiriquí es ocupado militarmente por el ejército yankee del 7 de julio de 1918 al 16 de agosto de 1920. Se da otro enclave colonial. Los atropellos, abusos y arrogancias de la soldadesca estadounidense provocan numerosos incidentes con los chiricanos. Uno de ellos motiva, el intercambio epistolar de valor histórico entre el ciudadano Santos Cortés y el presidente de la república Ernesto Tisdel Lefevre. Hoy carecemos de un debate nacional, vivimos de la diatriba.

Santos es Fiscal del Circuito de Chiriquí, honesto e independiente, ejemplo de la probidad judicial, hoy desaparecida. Los gringos exigen encarcelar a Antonio Anguizola, exgobernador de Chiriquí, acusándolo de protector de los abigeos que azotan la provincia. El gobierno envía al norteamericano Albert Lamb, en ese momento Jefe de la Policía Nacional, son los tiempos de la Patria Boba. Lamb le ordena a Santos Cortés detener a Anguizola, él se niega y es inmediatamente destituido.

Cortés protesta por el despojo de sus tierras, que sufre Federico Sagel en el litigio con William Gerald Chase. El gobernador Saturnino Lázaro Perigault cede a las presiones del mayor H.E. Pace y detienen a Sagel, ya un anciano, y lo llevan en hamaca hacia David. Federico sufre un síncope y el hijo Nicolás le suplica al gobernador Perigault, un acuerdo entre las partes, él se niega y Nicolás le dispara y lo mata. El presidente Lefevre le responde que el gobierno hace lo posible por normalizar la situación chiricana ante la presencia de los gringos y justifica el proceder del gobernador Perigault.

Santos Cortés le replica que son muchos los actos criminales de los soldados yankees en la región y cita, el ejecutado por el sargento Grant que tiene como motivo el robo; el de William Reid en Bocas del Toro. Santos deja claro la actitud hospitalaria de los chiricanos y la permanente vocación por el trabajo productivo.

Los juicios contra Antonio Anguizola y Nicolás Sagel terminan con un veredicto absolutorio y Santos le envía un histórico telegrama a Lefevre: no siempre es posible torcer la conciencia de los pueblos a la hora de la justicia. Domingo H. Turner realiza una brillante exposición en la defensa de Nicolás Sagel, la cual es de antología.

El terror de Chiriquí es Abraham Solomonowitz. El cabo Salomón se destacó por el irrespeto a las autoridades panameñas y los abusos contra los chiricanos. El asesinato de Cruz Jiménez y la quema de los ranchos y lesiones a los indígenas del área de San Juan son los incidentes más graves.

Abraham luego es la mano ejecutora del latifundista William Gerald Chase, expulsa a los indígenas y campesinos que habitan las inmensas propiedades de Chase. Beatríz Miranda de Cabal lo recuerda como un esbirro, del tal Chase.

Benito Villamonte le hace una denuncia por agresión a Salomón y éste es condenado a prisión por 18 meses. Estados Unidos solicita el indulto y exigen una indemnización de 30,000 dólares. Las autoridades judiciales rechazan la demanda y lo mantienen en la cárcel. Estados Unidos insiste y la Comisión General de Reclamaciones, con el voto mayoritario de los gringos condenan a la República de Panamá a pagar a los Estados Unidos la suma de 5.000 dólares en beneficio de Abraham Salomón.

Lo irónico es que en todas las intervenciones norteamericanas, el Imperio de Washington nunca le ha pagado a Panamá por las muertes y daños causados a nuestros nacionales. La invasión de 1989 es el ejemplo.

La intervención del Imperio de Wall Street se da para proteger los intereses norteamericanos en perjuicio de los chiricanos.

Carlos Cuestas resalta el asilo del hondureño Francisco de Morazán en 1840 y de los ticos Francisco E. Aqueche en 1848 y Jorge y Alfredo Volio en 1917.

La presencia de líderes revolucionarios en Panamá como José María Blázquez de Pedro, propulsor de las ideas anarco-sindicalistas y protagonista en la lucha inquilinaria de 1925 y en la formación de sindicatos, lo cual obliga a su deportación.

Víctor Raúl Haya de la Torre, líder histórico del A.P.R.A. es recibido en 1923 por Diógenes de la Rosa, Domingo H. Turner y Clara González del recién fundado partido comunista panameño. Víctor pronuncia en el parque de Santa Ana, un vibrante discurso, y luego parte hacia México.

Esteban Pavletich, es el más conocido intelectual y periodista, que llega al país en la década del 20. Esteban está unido a José Carlos Mariátegui y a Julio Antonio Mella; participa con Augusto César Sandino y luego en El Salvador milita con Farabundo Martí.

El socialista colombiano Carlos Manuel Céspedes se vincula con el movimiento obrera y la lucha inquilinaria. Federico Calvo, costarricense reside en Chiriquí y se destaca en el periodismo.

Coto y la invasión de 1989 ocupan la atención de Carlos Cuestas. El 21 de febrero de 1921 con la anuencia de Washington, Costa Rica invade a Panamá, en la región de Coto. La unidad nacional se hace sentir en la defensa de la integridad territorial.

El 20 de diciembre se da la infernal invasión de Estados Unidos, pero las pasiones políticas dividen a la nación panameña. La entidad armada nacional es la primera en rendirse y esconderse como lo hicieron durante el 9 de enero de 1964.

Belisario Porras es un mandatario legítimamente elegido. Noriega, el último de los dictadores militares, ningún panameño votó por él y es un reconocido agente de la CIA. Porras siendo un civil, se encarga personalmente de la defensa de la patria y Noriega se esconde. Los panameños, en Coto, ofrecen sus vidas por Panamá; en 1989 muchísimos panameños consideran que es imposible luchar por un dictador que desvaloró el nacionalismo panameño en la hora de las definiciones.

La obra de Carlos Cuestas es indispensable para conocer aspectos valiosos del devenir nacional, la recomiendo.

Historiador, escritor y docente