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16 de Jan de 2020

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Leopoldo E. Santamaría

Columnistas

9 de enero y educación... una opinión

El Dr. Eusebio A. Morales, entonces secretario de Instrucción Pública, en la inauguración dijo: “el gobierno aspira a que el Instituto Nacional sea un campo abierto a las ideas grandes, generosas y nobles, a que en su seno reciban los jóvenes un bautismo de tolerancia, para que así puedan surgir de entre ellos los observadores asiduos, los investigadores pacientes y sagaces, y los pensadores valerosos y desapasionados”.

Desde el vestíbulo, Ralph W. Emerson, continúa motivando la reflexión: “solo los que construyen sobre ideas construyen para la eternidad”. Por aquellas calendas, el cuerpo docente evidenciaba solidez académica y estaba imbuido de una mística progresista e inquisitiva, además estaba consciente del valor de la educación como pieza clave para el desarrollo; eran verdaderos forjadores de la juventud, con principios éticos, disciplina y compromiso social; factores todos que explican movimientos tales como el rechazo a los convenios Filos – Hines, de 1947, la siembra de banderas en la “Zona del Canal”, de 1958 y de 1959... El Congreso de la Federación de Estudiantes de Panamá, de 1957, obtuvo logros significativos, entre ellos, el haber promovido mejor organización y mayor participación, de la juventud estudiosa; la coordinación entre la Universidad y los colegios secundarios. Y lo más importante, la formulación de una estrategia de lucha dirigida a mejorar la educación pública.

El 9 de enero jamás habría sido posible con una juventud adocenada, sin organizaciones estudiantiles beligerantes, nacionalistas y combativas. Es un hito histórico,...

La gesta patriótica, de la cual hoy conmemoramos el quincuagésimo sexto aniversario, amerita valorarse en el contexto de una juventud consciente y comprometida, que no dudó en anteponer el sueño de una patria libre y soberana incluso al sacrificio de sus vidas. Consciente porque la juventud de aquel entonces fue beneficiaria de una educación integral, humanista y promotora de valores morales; que conocía, estudiaba y debatía la realidad nacional; comprometida porque siempre estuvo dispuesta a luchar junto al pueblo por los más caros ideales de una nación con un enclave colonial oprobioso; estatuido, “legalmente”, a perpetuidad. Una nación cuyo territorio fue escindido para beneficio del mundo y de una minoría interna, pero en detrimento del resto de la ciudadana.

El 9 de enero jamás habría sido posible con una juventud adocenada, sin organizaciones estudiantiles beligerantes, nacionalistas y combativas. Es un hito histórico, sobre el cual fue factible consolidar la lucha por la unificación del territorio y por la recuperación del Canal, reafirmando así nuestros derechos como nación soberana e independiente.

Aquel triunfo, alcanzado por el pueblo panameño, encabezada por una juventud formada e informada, debió ser causa determinante para que los cómplices y beneficiarios del modelo económico concentrante y excluyente, generador de desigualdad, decidieran desmantelar la educación, proceso infame perfeccionado con la reducción del presupuesto, el cual hoy día básicamente se destina a servicios básicos; suprimieron Relaciones de Panamá con los Estados Unidos; redujeron la carga horaria de filosofía y lógica,  convencidos del alto riesgo que representa el pensamiento crítico en la juventud; la que  prefieren adocenada, aturdida y distraída.

Años atrás, las instituciones financieras internacionales, concluyeron: “Todos los países en vías de desarrollo gastan, por lo general, mucho dinero en educación y sobre todo demasiado dinero en educación superior”. En el documento: La Factibilidad del Ajuste, los expertos recomendaron: “Para reducir el déficit presupuestario, una reducción muy importante de las inversiones públicas o una disminución de funcionamiento no conllevan riesgo político. Si se disminuyen los gastos de funcionamiento hay que vigilar no disminuir la cantidad de servicio, aunque la calidad baje.

Se puede reducir, por ejemplo, los créditos de funcionamiento a las escuelas o a las universidades, pero sería peligroso restringir el número de alumnos o estudiantes, pues las familias reaccionarán violentamente a una negativa de inscripción de sus hijos, pero no a una bajada gradual de la calidad de la enseñanza... Esto se hace poco a poco, en una escuela pero no en el establecimiento vecino, de tal forma que se evita un descontento general de la población”.

El anteproyecto del Ministerio de Educación para reformar la ley Orgánica planteaba: “Es del interés del Estado el desarrollo de la educación particular, por lo que, dentro de las posibilidades presupuestarias de este, el Ministerio de Educación reglamentará y llevará a cabo una política de auxilios económicos y otros apoyos a la labor docente que llevan a efecto los planteles particulares en educación, sin afectar los recursos que se destinan para los planteles oficiales. Recordemos que aprovechando la discusión del mamotreto “concertado” para parchar la Constitución militarista de 1972, un grupo de “honorables” se pusieron de acuerdo con algunos interesados, a fin de destinar fondos públicos a universidades privadas!..

Hoy el mayor reto lo constituye la educación desmantelada; porque el mejor aliado de las fuerzas que sojuzgan a los pueblos es nuestra ignorancia, y lo asumimos o sucumbimos. El desafío es de orden ético e histórico y lo que se impone es unir esfuerzos y voluntades por una reforma integral de la educación.

Objetivo imposible de alcanzar sin organización, sin participación y sobre todo sin acceso a información objetiva, no la que resulta de la manipulación mediática. Es imprescindible debatir y consensuar las propuestas sustentadas en los mejores argumentos; sin organismos internacionales, dispuestos a asegurar la prevalencia de los intereses que comparten con los que controlan el poder económico y político. Impedir el acceso a información real también sirve para los torcidos propósitos de quienes obtienen mayores ventajas cuanto más profunda y extendida sea nuestra ignorancia. Esa debe ser la razón por la cual los ejemplares de La Estrella de Panamá, de esos trágicos días, no están en la Biblioteca Nacional?; e igualmente el motivo por el cual proscribieron las organizaciones estudiantiles. ¿Usted qué opina?

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