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16 de Jan de 2020

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Samuel Lewis Galindo

Columnistas

La nueva torpeza de Maduro

Nicolás Maduro nunca se ha caracterizado por ser una persona inteligente, sino todo lo contrario. Pretende que creamos que él preside un gobierno democrático, cuando el mundo entero, amigos y enemigos de él, saben perfectamente bien que es un dictador.

Nicolás Maduro nunca se ha caracterizado por ser una persona inteligente, sino todo lo contrario. Pretende que creamos que él preside un gobierno democrático, cuando el mundo entero, amigos y enemigos de él, saben perfectamente bien que es un dictador. Insiste siempre que en Venezuela existen todas las instituciones que tienen los países democráticos: Corte Suprema de Justicia, Tribunal Electoral, etc., etc.; sin embargo, no dice que todos sus miembros fueron nombrados por él y que son sus colaboradores incondicionales.

El domingo pasado, Maduro se tomó la Asamblea Nacional, último reducto de la democracia en Venezuela. Colocó una cerca y rodeó la sede de la Asamblea Nacional con un cordón de militares, que controlaban todo acceso al recinto parlamentario. Solo podían acceder los que el dictador le había dado su visto bueno.

Recorren el mundo entero las fotos del presidente de la Asamblea, Juan Guaidó, cuando trataba de traspasar la cerca (instalada por Maduro) para llegar al Palacio Legislativo. La Fuerza Pública se lo impidió y con un gran cinismo Maduro declaró que “Guaidó no llegó a la Asamblea Nacional porque no le dio la gana, ya que no tenía los votos”.

Maduro eligió presidente de la Asamblea a un diputado que anteriormente era oposicionista y se había cambiado al oficialismo. No hubo votación, ni siquiera el quórum. Fue nombrado y punto final.

Guaidó con algo más de 100 legisladores oposicionistas tuvieron que sesionar en otro lugar, donde fue reelecto presidente de la Asamblea Nacional. Por supuesto, que él no tiene el reconocimiento de Maduro, pero sí el de todos los países democráticos.

La “jugada” de Nicolás Maduro le salió muy mal. Si ayer Guaidó tenía el respaldo y reconocimiento de alrededor de 70 países democráticos, su número debe haber aumentado mucho ante los atropellos de que fue víctima.

Resulta curioso que los críticos más severos del régimen madurista son los socialistas, que consideran que la política de “atropello y miseria” de Maduro está afectando la imagen de la doctrina socialista. Sus principales críticos son Felipe González, expresidente de España y Michelle Bachelet, expresidenta de Chile.

Maduro, imponiendo el socialismo del siglo XXI, ha permitido que Diosdado Cabello, su principal soporte y otros militares también corruptos, se hayan enriquecido con el narcotráfico. Él – Maduro- y su familia también han participado en este ilícito negocio que les produce mucho dinero. Las democracias de todo el continente, integrando, por supuesto, a los miembros del “Grupo de Lima” (incluyendo a Panamá), la OEA y curiosamente la Argentina, —país muy populista, simpatizante con el régimen madurista—, condenaron la acción de Maduro contra la Asamblea Nacional Venezolana y México, —nación que ha estado apoyando a los gobiernos de izquierda—, y mostraron “preocupación” por lo sucedido.

Maduro acabó con el único movimiento independiente y de amplio respaldo electoral, de más de 70% de los votantes, a pesar de todas las persecuciones, atropellos gubernamentales y un Tribunal Electoral completamente a las órdenes del mandatario.

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