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18 de Sep de 2020

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Ernesto A. Holder

Columnistas

El peso de la desconfianza

La tarea es avanzar la causa humana. Ya sea en los centros de investigaciones científicas o en las esferas creativas escribiendo un poema, componiendo una melodía de cuerdas, o descargando las intenciones inquietas o desordenadas sobre un lienzo.

La tarea es avanzar la causa humana. Ya sea en los centros de investigaciones científicas o en las esferas creativas escribiendo un poema, componiendo una melodía de cuerdas, o descargando las intenciones inquietas o desordenadas sobre un lienzo. Tenemos esa responsabilidad, pero se ve amenazada. Para darle contexto, resumo en los siguientes párrafos mis argumentos de siempre para que podamos trabajar seriamente en un plan de desarrollo para todos.

Hay hechos innegables que nos permiten estar aquí hoy como conjunto humano. Primero: los científicos estiman que hace unos cuatro o cinco millones de años se dieron las condiciones biológicas necesarias para sostener la vida de los antepasados de lo que se ha convertido en los hombres y las mujeres que hoy habitamos la Tierra. Esos primeros supervivientes, por mucho más de la mitad de ese tiempo, y con recursos primitivos, combatieron todas las amenazas del ambiente terrestre que atentaron contra su existencia.

Segundo: las evidencias históricas demuestran que esos seres aprendieron lo suficiente de las experiencias cotidianas, del ensayo y error, de la metida de pata, para garantizar la transferencia de conocimientos a las generaciones posteriores para sostener la aún frágil existencia humana.

“El problema de la seguridad, del narcotráfico, del lavado de dinero, de la delincuencia 
común y organizada [...], requiere de una visión alejada de la politiquería [...]”

Tercero: en algún momento quedó claro en la evolutiva mente de nuestros antepasados que, ante todo, la seguridad era esencial para poder atacar con decisión las otras empresas que garantizarían su existencia a largo plazo. Su seguridad personal y la colectiva. La de sus descendientes, la de sus familiares cercanos, sus amigos, los miembros de la tribu.

Cuarto: tan solo en los últimos 100 años, la tenacidad investigativa del ser humano y su búsqueda continua por la preservación de la especie, duplicó las expectativas de vida que, al inicio del siglo pasado, aún estaba entre los 45 a 60 años, dependiendo de la región en la cual se vivía.

Vislumbrando las posibilidades reales de vivir por más de seis décadas y a la postre hacer contribuciones significativas en las diversas áreas del conocimiento humano, a mediados del siglo pasado, el hombre intensificó su intento por alcanzar nuevos horizontes, redoblando considerablemente su esfuerzo por explorar el universo.

Los anales históricos se han enriquecido en los últimos 50 años. Los avances científicos y tecnológicos han revolucionado disciplinas de estudio y prácticas tan importantes como la medicina y la comunicación. Si tiene más de 30 años, deténgase por un momento en este renglón y piense en las agresivas aplicaciones de las ciencias para el bienestar del hombre y la mujer común que se han dado en últimos 20 años. Las posibilidades de salvar y prolongar vidas mediante conceptos científicos modernos: los trasplantes de órganos, por ejemplo. En las comunicaciones: el celular y la Internet están redefiniendo nuestras vidas y nuestro desenvolvimiento diario en sociedad.

En los últimos meses, el ciudadano común vive con temor por su seguridad personal. Siente que está siempre en peligro. En el Metrobús, en las aceras, en su barrio, su casa, los restaurantes, etc. Te pueden arrancar el celular si te descuidas. Cuando es quincena debes estar más alerta. Antes de bajarte del auto, o salir del garaje, fíjate bien quiénes andan por allí cerca. Tapa bien las teclas cuando digites tu clave. Ten cuidado si te dan una publicidad en la calle, puede estar impregnado de alguna sustancia, etc. No hay manera de estar tranquilos… ni en la calle ni en la casa. Nuestro camino de desarrollo está amenazado por un concepto que antepasados menos desarrollados que nosotros entendieron muy bien: la seguridad colectiva.

El problema de la seguridad, del narcotráfico, del lavado de dinero, de la delincuencia común y organizada que amenaza a diario la estructura social del país, requiere de una visión alejada de la politiquería y que se fundamente en estrategias a nivel nacional e internacional que definen claramente la conducta que toda la sociedad debe asumir, si en realidad queremos vivir en una comunidad más segura.

Más nos vale atender lo antes posible este tema de la seguridad y el peso de la desconfianza con los que nos deben proteger y garantizar justicia. Una carga que se acentúa y no deja progresar. Corregirlo es la clave para avanzar en el camino del desarrollo integral. Con suerte, nosotros seremos los del pasado de futuras generaciones y por el momento estamos quedando mal.

Comunicador social.