Temas Especiales

04 de Apr de 2020

Alina Guerrero

Columnistas

La marca del gobierno del presidente Laurentino Cortizo Cohen

El Presidente, en diez giras de trabajo comunitario (GTC) rápidamente ha dejado soluciones inmediatas y compromisos a mediano plazo

Su interés, solidaridad, sensibilidad por la educación e insistir en disminuir la pobreza y desigualdad es la marca que el presidente Laurentino Cortizo Cohen quiere sembrar cada día, como una semilla, para transformar a Panamá en un país próspero, justo, de ley y orden, en medio de sus retos: reactivar la economía y construir la paz social.

Escucha a la gente y, si lo convencen, rápidamente sabe dar vuelta de timón. Expresa que la vida de un presidente es peligrosa. Se dice, amárrate los pantalones. No me dejen solo. Sabe que no es perfecto. Lo llena de orgullo, el grandioso privilegio de servir a los panameños.

Se empeña en ser coherente entre lo que dice y hace. Siempre recuerda que, si alguien hace algo incorrecto, hay consecuencias. Es auténtico. Se interesa en la vida familiar de sus subalternos, les pregunta si aman a Panamá. Les habla del legado que, en equipo, pueden dejar.

Su prioridad ha sido poner la casa en orden, defender los intereses del país, lograr conectarse con la gente a la que quiere darle ayuda, esperanza y cariño. Trabaja duro y exige trabajar bien, con austeridad, eficiencia, porque los recursos del Estado “son sagrados”; asegura que no hay espacio para un juega vivo.

Solicita que le impriman al trabajo velocidad, velocidad, velocidad (V3) con transparencia. Su cerebro siempre anda ideando cómo mejorar la calidad de vida de los panameños.

Apuesta por mover, hacia un solo norte, este gran y pesado barco llamado Panamá mediante un triángulo integrado por el Gobierno Nacional, en alianza con los gobiernos locales, en el que están diputados, gobernadores, alcaldes. representantes, corregidores, regidores, y la comunidad, líderes del pueblo.

“Es un triángulo, es un equipo que tiene que estar unido, organizado, preparado, disciplinado, con mística, con el propósito de dejar mejores comunidades”, así lo cuenta públicamente.

Gobierna escuchando a los panameños, especialmente a los más vulnerables. Es el estilo de dirigir el país y anda predicándolo para seguir sumando individuos, grupos, dirigentes. No importa a qué creencia, partido o grupo pertenezcan. Solo necesita que, por encima de los intereses personales, puedan levantar y ondear la bandera de Panamá.

Con la mano derecha, diagonal al hombro izquierdo, sobre el corazón, no se cansa de repetir, en cada escenario que se levanta, que “hombro a hombro, nadie nos detiene”.

En diez giras de trabajo comunitario (GTC) rápidamente ha dejado soluciones inmediatas y compromisos a mediano plazo esperando abarcar, en cinco años, los 300 corregimientos más vulnerables del país y que forman parte de lo que ha llamado el Plan Colmena, la conquista de la sexta frontera.

Parece imposible, pero no se cansa. Está disponible 24 horas, los siete días de la semana para encontrar opciones a los problemas que saltan donde se asoma.

Es un rosario de innumerables pendientes por resolver en asuntos básicos de salud, infraestructura, agua potable, educación, seguridad, que les cuentan los ciudadanos cuando visita comunidades esperanzadas en ver llegar el auge económico y social.

No levanta falsas esperanzas

“Prefiero una verdad amarga que una mentira dulce. Cuando digo sí, es sí; cuando digo no, es no”, advirtió, desde una plataforma, a cientos de pobladores que llegaron al histórico Portobelo deseosos de que el turismo prospere, que la potabilizadora se instale y la basura no sea un problema. Se puede ser pobre y limpio, y les advierte que no tiren basura.

“No me canso de decirlo, este es un gran país que todos tenemos que cuidar. Los panameños no nos rendimos. Lo que tenemos que hacer es ponernos de acuerdo y echar para adelante”, exhorta el presidente Cortizo Cohen.

No es un extraño en Colón. Palmas Bellas de costa abajo es su refugio. Ese es su lugar preferido para escapar en los días libres. Su padre llegó a esa región hace 62 años y se instaló en esas costas esmeraldas del mar Caribe.

Es Colón, la provincia que le roba el corazón. Allí llama por su nombre o apodo a muchos de sus residentes, de quienes dice que ha recibido mucho cariño y amor. Es donde inició, a principios de 1990, su carrera política. A su paso, ve a amigos y políticos que le sacan grandes y emocionadas sonrisas, mientras les da un fuerte abrazo.

Se emociona al inaugurar el puente bailey de quebrada Mateo, para que el pueblo pueda sacar sus productos agropecuarios. Convencido de la grandeza de este pequeño y rudimentario puente, afirma que es, proporcionalmente, para esta montañosa comunidad, como el Puente de las Américas, para Panamá.

Al presidente Cortizo Cohen le encanta, disfruta el trabajo comunitario de largas horas. Se le ve sudar el rostro y ponerse, en el cuello, un pañuelo que moja con agua helada y a la que llama su “tropical cooler”.

Esas escapadas a los pueblos representan una bocanada de aire puro a su alma. Llevar sobre sus hombros la majestad y responsabilidad del Palacio de las Garzas es una tarea profunda y complicada. Es donde su rostro logra endurecerse y mostrar surcos en el entrecejo. Allí se le escuchan frases como: “Es inaceptable, dejen el relajo”.

Le gusta que su equipo conozca tierra adentro. Algunos llegaron jadeando a Cirí Grande, en Capira, tras dos horas de caminar por las montañas, a un ritmo maratónico, para visitar una humilde casita. Emocionado, narró que el señor Francisco le entregó tres plátanos chinos, una bolsita de yuca y medio saco de naranjas japonesas. “Ese hombre no me solicitó nada. Lo único que me dijo fue: no nos abandone”.

“Estamos avanzando con la conquista de la sexta frontera. Me siento tranquilo. En estos cinco años, vamos a dejar una marca de cómo se debe trabajar al lado de las comunidades”, manifestó el presidente Cortizo Cohen.

Habla de que la vida no es fácil, pero es linda. Pone de ejemplo la encrucijada que presenta la vida y a la que llama y griega; donde se escoge entre el bien y el mal. Aconseja que, en ese momento, siempre escuchen la voz de sus corazones porque cada quien tiene “un corazón noble y bueno”.