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22 de Sep de 2020

Alexis Manuel Alvarado Jutting

Columnistas

Hay que ser agradecido

“La gratitud hay que forjarla, no viene incluida en el corazón de los humanos, a no ser que se te haya inculcado amor y temor a Dios”

Deseo compartir un artículo de un escritor anónimo, que llegó a mis manos a través de las redes sociales. Me impactó y me conmovió tanto, que me puse a reflexionar a cuántos padres les habrá sucedido lo mismo, también, a cuántos habrán abandonado a su suerte. A continuación voy a reproducir textualmente la decepción del padre por la conducta de sus hijos y el sacrificio que hizo por ellos.

“Al final de la tarde fría, recibo la visita inesperada de mis dos hijos. Uno es médico y el otro ingeniero. Ambos exitosos en sus profesiones.

Hace menos de una semana sufrí la muerte de mi amada esposa. Todavía me siento abatido por la pérdida que cambió el rumbo y el sentido de la vida para mí.

Sentados a la mesa de la sala de una casa sencilla y simple, donde vivo ahora solo, empezamos a hablar. El tema es sobre mi futuro. Un frío me recorre la espalda. Pronto, ellos tratando de convencerme de lo que es mejor para mí es vivir en un hogar para ancianos… Argumento que la sombra de la soledad no me asusta y la vejez, mucho menos. Pero mis hijos insisten “¿preocupados?”. Lamentan mientras tanto, que las dependencias de sus amplios apartamentos junto al mar estén ocupadas y por lo tanto, yo no pueda estar ni con uno ni con el otro… así dicen ellos. Además, mis hijos y mis nueras viven muy ocupados. Así que no tendrían cómo verme, eso sin contar con mis nietos que estudian casi todo el día, es imposible.

En mi favor, argumento, ya sin mucha convicción que, en ese caso, ellos bien podrían ayudarme a pagar una cuidadora. Frente a mí, el médico y el ingeniero dicen que serían necesarias, en realidad, tres cuidadoras en tres turnos y todas con carteras firmadas. Lo que sería, en tiempos de crisis, una pequeña fortuna al final de cada mes.

Me rindo a los argumentos, por no tener más fuerza para enfrentar tanta ingratitud y frialdad. Cerré mis labios del sacrificio que hice durante toda mi vida para financiar los estudios de ambos. No digo que dejé de viajar con la familia a algún paseo, de frecuentar buenos restaurantes, de ir a un teatro o cambiar de coche para que nada les faltara a ellos. No valdría la pena alegar tales hechos a esta altura de la conversación. De ahí, sin decir una sola palabra, decido juntar mis pertenencias. En poco tiempo, veo toda mi vida resumida en dos maletas. Con ellos, me embarco hacia otra realidad, mucho más dura, un hogar para ancianos, lejos de los hijos y los nietos.

Hoy en los brazos de la soledad, reconozco que pude enseñar moral a mis hijos, pero no pude transmitir a ninguno de los dos una virtud llamada “GRATITUD”.

La culpa es nuestra por cuanto siempre les estamos dando lo que quieren o piden, “ganárselo”. ¿Cómo?, trabajando con esfuerzo, ayudando a limpiar la casa, cocinar, lavar platos, etc. Para que cuando lleguen a adultos sepan que las cosas se consiguen con esfuerzo y sean responsables y gratos, quieran a sus padres por enseñarles a ser buenos hijos.

La juventud actual te busca cuando quiere algo, cuando te necesita, pero, como es lógico, existen excepciones.

La gratitud hay que forjarla, no viene incluida en el corazón de los humanos, a no ser que se te haya inculcado amor y temor a Dios. Primeramente, pido disculpas por manifestar lo que pienso, pero deben saber que cuando lleguen a viejos, querrán ser bien tratados por sus hijos y/o nietos, y eso no se consigue con dinero, sino con la bondad sembrada en sus corazones.

Sin embargo, lo mismo sucede con muchas personas que son favorecidas por alguna ayuda desinteresada de amigos y familiares, al final pagan con la misma moneda de la ingratitud, es decir, le muerden la mano al que les da de comer”.

Hay que ser agradecido.

Corredor de Bienes Raíces.