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02 de Apr de 2020

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Ricardo Arturo Ríos Torres

Columnistas

Cervantes y Shelley

La cátedra de la cultura literaria y el círculo de lectura que atendí en la Universidad Católica de Santa María La Antigua enriquecen mi imaginario cultural.

La cátedra de la cultura literaria y el círculo de lectura que atendí en la Universidad Católica de Santa María La Antigua enriquecen mi imaginario cultural. El diálogo con los estudiantes y escritores me enseña que el proceso creativo involucra un proceso de sedimentación histórica. Cada obra literaria es un universo en incesante expansión y con potencia genética.

Paul Valéry enuncia que toda obra es de muchas otras. Jorge Luis Borges indica la praxis literaria es un continuo hacerse y rehacerse e implica una participación activa del lector. Roland Barthes afirma que la lectura es una relación donde se entrecruzan sentidos múltiples.

El lenguaje literario es una enigmática galería de espejos con infinitos reflejos. Las palabras tienen un sentido subyacente. La literatura es el juego de múltiples resonancias y Cervantes es el ejemplo, el Quijote son muchos personajes en uno, es la dialéctica aplicada al acontecer literario.

El tiempo literario siempre es presente, cada lector en distintas épocas le da vigencia a los personajes y a la trama consustancial en ellos.

La novela indaga en los escondites más íntimos de los secretos humanos. Milán Kundera considera que el novelista no es un historiador ni profeta: es el explorador de la existencia humana. Nadie se conoce a sí mismo, somos imprevisibles, la relatividad y la ambigüedad son parte de nuestro ser.

Mario Vargas Llosa intuye que el universo de la novela es del individuo inmerso en un tejido humano de relaciones múltiples. La vida siempre está allí, en cada línea, en cada sílaba, los signos que los expresan son innumerables. La novela es el lenguaje de los silencios, la aproximación a lo extraño, fantástico y delirante. Mary Shelley lo logra con maestría en Frankenstein.

Los novelistas son los nigromantes de la palabra. Ernesto Sábato expresa: La novela es producto del alma. El alma tiene paisajes, colores y matices desconcertantes, Borges y Chesterton lo descubren.

La literatura sin ser historia, registra el acontecer humano en su esencial universo de emociones, por ello, la literatura es sin duda: la patria de los sentimientos, fábulas y expresiones de la humanidad. La literatura es el lugar donde realidad y ficción armonizan en un maravilloso punto de confluencia.

Inglaterra es la primera en reconocer la trascendencia universal de Cervantes con Don Quijote. Los británicos con numerosos estudios valoran los ángulos historiográficos, intelectuales e ideológicos.

Los ingleses traducen, antes que nadie, en 1612 la primera edición del Quijote (1605). Thomas Shelton ofrece un significativo perfil de Cervantes e ilustra el libro.

La primera estampa, del paladín de la justicia, se da en Gran Bretaña (1618) con la traducción de Bounte. Thomas Hodgkin, en 1687, hace la segunda edición ilustrada e incluye comentarios puntuales. James Fitzmaurice-Kelly, en 1892, elabora una de las mejores biografías de Cervantes.

Graham Greene en Monseñor Quijote hace una parodia del Sancho marxista con un Quijote clerical. La ironía quijotesca se corresponde con el humor británico.

La primera gran edición del Quijote (1780) en español se da en el Reino Unido, con formato de lujo, incluye sesenta y siete láminas de bellas ilustraciones de Vanderbank. La magistral obra presenta el primer estudio crítico sobre Don Quijote del erudito Gregorio Mayans y Siscar.

La Real Academia Española realiza la primera edición de El Quijote por Joaquín Ibarra en 1780, con ilustraciones bien logradas, pero se da el escándalo con Francisco Goya, cuando censuran una de sus pinturas. La imagen pueden verla en La magia del Quijote de mi autoría con Isolda De León Becerra. Shakespeare se basa en la infelicidad de Cardenio, en la comedia que escribe con su amigo Fletcher. Las dos novelas intercaladas en el Quijote: El cautivo y El curioso impertinente son adaptadas al teatro por Massinger, Fletcher y Shakespeare.

Mary Shelley, con el esposo, en 1816 acuden a Suiza con otros escritores invitados por Lord Byron. Las tertulias literarias son famosas y creativas. La belleza del paisaje alpino los inspira.

El poeta Percy Shelley, con el don de leer en público, alienta la imaginación de los escuchas y durante un mes disfrutan de la lectura del Quijote, en un coloquio al estilo de Borges en el planeta Tlon.

Mary se enamora del texto y decide aprender español para leerlo en el idioma original. Ella habla francés, italiano, portugués y conoce los libros de Boscán, Garcilaso de la Vega, Cervantes, Góngora, Quevedo, Calderón de la Barca, Lope de Vega, así como a otros autores europeos. Mary es una intelectual con amplia cultura literaria.

Lord Byron, la noche después de la lectura colectiva, propone un reto literario, que los presentes participen con un relato de terror. Y así nace con Mary Shelley, la narración filosófica y poética sobre la crisis existencial del hombre contemporáneo: “Frankenstein o el moderno Prometeo”. La novela de Shelley es la composición literaria que impacta por los valores humanísticos, pues rompe paradigmas con meditaciones inéditas, algo muy diferente al monstruo que crea Hollywood.

Mary Shelley se inspira, para escribir Frankenstein, en los grandes clásicos de la literatura y también se enriquece conceptualmente, con la lectura colectiva convocada por Lord Byron en los Alpes suizos.

Shelley, de Cervantes y el Quijote, utiliza la técnica de los múltiples narradores y recrea la famosa historia del Cautivo. La Zoraida cervantina la encarna con Safie. Mary Shelley, en el prólogo de Frankenstein, hace una singular referencia a Sancho, personaje que la seduce, como me ocurre a mí.

Frankenstein o el moderno Prometeo (1818) es una obra iniciática de la ciencia ficción, creada en los albores de la electricidad. El texto gótico, confronta la ética del científico, la relación con Dios y la inmortalidad. La narración es poética como corresponde al Romanticismo de la época. Leer a Mary Shelley es reflexionar con pensamiento crítico sobre la naturaleza humana.

Nota: recomiendo sobre Don Quijote y los ingleses, la lectura de La Magia del Quijote de Ricardo Arturo Ríos Torres e Isolda De León; en torno a Mary Shelley, el ensayo de Santiago Posteguillo: Frankenstein leyó el Quijote. El archipiélago soñado de mi autoría, para ampliar las reflexiones literarias. La obra es un compendio del haber bibliográfico de Ernesto Endara.

Docente, historiador y escritor.