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04 de Jul de 2020

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Samuel Lewis Galindo

Columnistas

El recuerdo de algunos presidentes

Por lo regular los panameños identifican mucho a sus presidentes con lo más sobresaliente que hicieron. Recuerdan a los mandatarios contemporáneos de esta manera:.

Por lo regular los panameños identifican mucho a sus presidentes con lo más sobresaliente que hicieron. Recuerdan a los mandatarios contemporáneos de esta manera:

Dr. Guillermo Endara Galimany: por haber retornado la democracia a Panamá.

Dr. Ernesto Pérez Balladares: con las privatizaciones, el corredor y la modernización del Estado.

Dr. Nicolás Ardito Barletta: por haber sido el planificador de todas las áreas revertidas.

Mireya Moscoso: por haber recibido de los EE. UU. la administración del Canal y todo lo concerniente al Tratado Torrijos-Carter.

Martín Torrijos: por las reformas al Seguro Social.

Ricardo Martinelli: por haber construido el Metro de Panamá.

Juan Carlos Varela: por la visita del papa Francisco.

Laurentino Cortizo: hasta ahora por sus nombramientos en la Corte Suprema de Justicia.

Muchos de estos mandatarios realizaron algunas otras cosas que le hicieron muy bien a la nación. También cometieron algunos de ellos abusos y actos de corrupción muy condenados.

El caso de don Ernesto De la Guardia fue distinto. Como presidente hizo muchas obras que “no se ven”, pero que le hicieron un gran bien al país; especialmente fue él quien dio los primeros pasos para la descentralización del Gobierno en la reestructuración administrativa que hizo.

Ernesto De la Guardia, de acuerdo con muchos conocedores de la historia, con los cuales yo concuerdo plenamente, fue uno de los mejores presidentes que ha tenido el país. Esto lo reconozco, a pesar de que en 1959 fue el responsable del “cabildazo” en el cual se destituyó a todo el Concejo Municipal de Panamá, donde habían concejales honestos y trabajadores, pero eso no importó. En la injusticia cometida pagamos “justos y pecadores”. Le informé oportunamente al contralor de la República, con mucha pena, de varios casos de corrupción que venían dándose en el Municipio. Él sabía muy bien quiénes eran honestos y quiénes no. Mi familia entera se solidarizó conmigo, lo que me llenó de satisfacción. El presidente De la Guardia, actuó para quitarse de encima la presión de un par de miles de personas congregadas en el Parque de Catedral, azuzado por un radio comentarista que buscaba protagonismo. Con el pasar de los años, ya no siendo presidente, mi tía Mercedes, por quien siento hondo afecto, me pidió un día que era mejor para todos que “pasara la página”. La complací y reanudé con don Ernesto De la Guardia la cordial relación que mantuvimos de antaño. Un día coincidimos en Miami, y como buen hípico, don Ernesto me pidió que lo llevara al hipódromo, lo cual hice en mi auto rentado. Sufría de glaucoma y su visión era muy pobre. Jugaba su par de dólares a caballos blancos o tordillos. Con tan mala suerte para él que esa tarde diluvió y el lodo de la pista cambió por completo el color de los caballos. Fue, por supuesto, una tarde poco feliz para el exmandatario. Esa fue la última vez que lo vi. Al poco tiempo murió de una enfermedad cardiovascular.

El presidente De la Guardia administrativamente modernizó muchas instituciones del Estado. Creó, por ejemplo, el Tribunal Electoral y el acueducto y el alcantarillado de la ciudad de Panamá (que no tenía). Hizo realidad el Instituto de Turismo, con el objeto de atraer inversionistas extranjeros que fortalecieran nuestra economía. En el Ministerio de Hacienda nombró a Chinchorro Carles y, según él mismo dice, le pidió “que eliminara la posición de juez ejecutor”, que ocupaba su hermano Carlos y que le producía muchas ganancias. También creó el impuesto de valorización y por sus gestiones el Congreso norteamericano aprobó la partida necesaria para lo que es hoy día el Puente de las Américas. Logró que toda Punta Paitilla, que era propiedad de una distinguida familia panameña, pasara a poder del Estado panameño. Fue una larga y controversial lucha legal en la cual el presidente De la Guardia logró que sus puntos de vista prevalecieran.

Ernesto De la Guardia, a pesar de su declarada amistad con Ricardo Arias Espinosa, hijo de su mentor político, don Pancho Arias, presidió unas elecciones catalogadas de libres, en las cuales se declaró triunfador al candidato oposicionista don Roberto F. Chiari.

El presidente De la Guardia murió con escasísimos bienes personales. Fue un mandatario muy honesto. Su hijo Ernesto De la Guardia III manifestó, años después, que su padre en el Gobierno “se llenó de autoridad moral y la predicó con el ejemplo”. Su nieta, María Mercedes De la Guardia, escribió, con fina pluma, el resumen de la vida del ilustre compatriota.

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