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14 de Jul de 2020

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Modesto A. Tuñón F.

Columnistas

Epidemias, miedos, mitos y leyendas

La situación de crisis sanitaria creada por la expansión global del virus COVID-19 ha obligado a prácticas novedosas en la población. Inducido por esta atmósfera, entré a uno de estos negocios que distribuyen implementos para cuidados terapéuticos relacionados con la salud y el hogar.

La situación de crisis sanitaria creada por la expansión global del virus COVID-19 ha obligado a prácticas novedosas en la población. Inducido por esta atmósfera, entré a uno de estos negocios que distribuyen implementos para cuidados terapéuticos relacionados con la salud y el hogar. Allí pregunté por las mascarillas y la persona que atendía mostró un ejemplar; informó que tenía un valor de nueve balboas con 95 centavos.

Me asombré porque en otras oportunidades he tenido que adquirir ese tipo de productos por un precio diez veces menor. La joven se encogió de hombros y reiteró su oferta. Desistí y fui a una farmacia de aquellas que han surgido en los últimos años y que hacen competencia a las grandes y tradicionales franquicias locales. Allí, el costo alcanzaba la suma de cuatro balboas con 25 centavos. Estuve obligado a pedir varias unidades.

El origen de esta tendencia se explica por una leyenda que circula y que cuenta que un campesino se encontró en el camino con la peste y le preguntó que hacia dónde se encaminaba. Ella le dijo que iba a un pueblo a buscar víctimas, donde mataría a 500 personas. Al tiempo, volvieron a cruzarse y el hombre le consultó que cómo le había ido; a lo que ella le contestó que habían muerto 5 mil individuos. ¿Pero, cómo si ibas por 500? Y aquella le respondió “sí es cierto, maté 500 y el resto murió de miedo”.

La sociedad panameña tiene un impulso a actuar mecánicamente y en muchas ocasiones, gracias a una pésima divulgación de los medios de comunicación que a menudo caen en la competencia desmedida y utilizan el morbo para lograr altos índices de audiencia. Tan pronto como se anunció la presencia del Coronavirus; hubo el rumor de que era necesario 'prevenirse' con accesorios para el rostro y las manos.

De igual manera, se habló del alcohol y el gel alcoholado, recomendables para la higiene y sobre el consumo de alimentos ricos en vitamina C. La consecuencia fue que el público corrió a buscar estos elementos; rápidamente se acabaron en el mercado y vino ese fantasma que se llama ocasión, mismo nombre de la diosa a quienes los romanos adoraban, según la mitología; porque tenía la cabellera hacia adelante y calva en la parte de atrás y la halaban.

Los negocios advirtieron la oportunidad y ahora el alcohol, gel alcoholado y frutas cítricas subieron a las nubes. El saco de naranjas ha pasado de seis a dieciséis dólares. Las mascarillas están alrededor de cinco balboas en los lugares más baratos; en otros, rondan los diez balboas. Desafortunadamente, los consumidores han comprado, pese al encarecimiento y las redes sociales poco han hecho para prevenir este desajuste; así como las autoridades.

Por lo general en las grandes conmociones, la gente piensa inmediatamente en conseguir aquello que le hará falta y actúa casi irracionalmente. Es como el asunto del jamón y guandú en las fiestas de fin de año o el pescado en los días de la cuaresma. Todo queda del lado de quienes dominan el mercado; especuladores y comerciantes poco escrupulosos que se aprovechan para beneficiar sus arcas.

Es un factor que debe ser corregido y que requiere una actuación más ágil de las instituciones que atienden esta relación entre agentes económicos. Muchas veces el eslabón más débil en esta cadena, que acude con su bolsa en las mañanas a buscar sus abarrotes, suele encontrarse solo frente a poderosos intereses que le ponen las condiciones. Al quejarse, le pregonan que es la ley de la oferta y la demanda.

En estas coyunturas, se requiere poner condiciones claras en la relación comercial para evitar los desafueros; sobre todo en época de pandemia.

Periodista