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10 de Jul de 2020

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Roberto Antonio Pinnock Rodríguez

Columnistas

Coronavirus o la protección de los mercaderes del templo (II)

A mi correo electrónico llegó esta semana una misiva por parte de una aseguradora privada, que encabezaba el mensaje señalando con tono de político demagogo lo siguiente: “Agradecidos por habernos elegido (…) y pensando en su bienestar, nos unimos a las Medidas y Recomendaciones Sanitarias”.

A mi correo electrónico llegó esta semana una misiva por parte de una aseguradora privada, que encabezaba el mensaje señalando con tono de político demagogo lo siguiente: “Agradecidos por habernos elegido (…) y pensando en su bienestar, nos unimos a las Medidas y Recomendaciones Sanitarias”. Hasta allí casi me hincho de emoción; empero, seguidamente, sacó el cobre de mismísimo recaudador de impuestos de los relatos sobre la ocupación romana o las colonizaciones en nuestras tierras de Abya Yala, al expresar que: “y ponemos a su disposición todas las opciones de pago que tenemos disponible para usted, a través de Banca en Línea y de nuestra Plataforma de Pagos”.

No hay diferencia, pensé inmediatamente, entre la demagogia de esta afamada corporación cuyo negocio se empina en los hombros de la salud y protección personal y la de cualquiera de los “honorables prohombres” del aprisco legislador. Ya me decía alguien una vez que los que compiten por puestos públicos para su propio enriquecimiento, aprendieron ese admirable arte de “cuentear” a los incautos de los mercaderes y no al contrario.

En esta semana, también, se anunció la puesta en moratoria temporal de los pagos a bancos; sin embargo, la reserva federal (EUA) bajó su tasa de interés a casi 0 % y esta es la misma que cuando se alza, estos señores banqueros -enternecedores aportadores a la Teletón y no dudo que regalen equipos de protección personal o kits de pruebas del COVID-9- reaccionan rápidamente para trasladarlo a sus deudores, pero no para bajar las tasas como allá en EUA. Similar a la aseguradora que mencioné antes, los dueños de Panamá (los del capital financiero), a través de sus bancos, están siendo tan “comprensivos” con la tragedia del coronavirus, que están aplicando la moratoria -con ciertas restricciones- en los pagos, ¡pero con el mismo interés anterior al estado de emergencia! y sin recalcular los montos y las letras de las deudas una vez disminuidas las tasas que a ellos les resulta superbarata ahora. Ni pensar cuando se levante el estado de emergencia, la persecución implacable que harán para que se les pague lo acumulado.

Y qué hablar de los centavitos reducidos en el precio del combustible, siendo que el petróleo ha reducido estrepitosamente su precio a 35.00 dólares el barril -incluso llegó a estar a 18.00 dólares días atrás- precios nunca vistos en recientes décadas.

Sin duda, hay mucha gente cándida aplaudiendo estas medidas, pero lo cierto es que alguien se está quedando con la tajada de león y ese no se encuentra ni las clases trabajadoras -trabajadores informales y del hogar incluidos- ni entre los emprendedores de las clases medias; sino, pregúntenle a los dueños de restaurantes, escuelas privadas de pequeño y mediano capital, transportes selectivo y colectivo, pequeños y medianos contratistas de la construcción y servicios conexos, entre otros negocios de pequeña y mediana escala.

Los mercaderes del templo, protegidos por el Estado niñera, son los dueños de los grandes negocios, y que en estos tiempos de crisis, se frotan las manos por transacciones que ya le soplaron a las autoridades que pueden inventar para hacerse más ricos con el pecunio del pueblo. ¿Qué sentido tienen medidas como la que dispone de seis millones de dólares para publicidad contra el coronavirus? ¿O es que no son suficientes las imprentas y el personal creativo de las entidades del Estado, incluidas las universidades oficiales, que podrían preparar material impreso de sobra para el propósito indicado? Bonita manera de proteger a los pocos con los recursos de los muchos.

A fin de cuentas, la afectación de las clases trabajadoras y propietarios de actividades de pequeña escala, suele ser utilizada por los mercaderes del templo para engrosar sus arcas, a costa de aquellas clases sociales. La oportunidad para importar y hacer negocios libres de gravámenes; la oportunidad para evadir muchos más impuestos, la oportunidad para privatizar los fondos de reservas del Estado se acrecienta gracias al “estado de emergencia”; gracias a la complicidad de los mandatarios.

Por su parte, cuando los representantes de la ONU o la OMS, elogian las acciones de las autoridades, es que han cerrado sus ojos a la ampliación de la brecha entre ricos y pobres que se propicia con las medidas políticas tomadas -o dejadas de tomar- por esas mismas autoridades en nombre del combate al COVID-19.

Sociólogo y docente en la UP.