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12 de Jul de 2020

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Ricardo Arturo Ríos Torres

Columnistas

Un crimen literario

Joel Dicker, escritor suizo, impacta a los europeos y estadounidenses con “La verdad sobre el caso Harry Quebert”. La novela del género negro, galardonada con el Premio Goncourt des Lycéens como la mejor publicación en lengua francesa, es traducida a treinta y tres idiomas.

Joel Dicker, escritor suizo, impacta a los europeos y estadounidenses con “La verdad sobre el caso Harry Quebert”. La novela del género negro, galardonada con el Premio Goncourt des Lycéens como la mejor publicación en lengua francesa, es traducida a treinta y tres idiomas. La narración, policíaca y romántica, tiene como eje a dos escritores (maestro y alumno) y el asesinato de una joven de quince años. Marcus Goldman investiga el crimen, ante la acusación a su mentor Harry Quebert; lo fácil para la policía es acusar lo más evidente. El otro indicio es el amor imposible entre Harry y Nola. La telaraña es compleja cuando surgen otros implicados y la investigación policial usa el recurso de convertir a la víctima en culpable. La acción se mueve en un suspenso perturbador y con un diseño de tiempos simultáneos lo que hace más interesante la trama. El desenlace surge luego de un rompecabezas de intrigas y como siempre, la verdad es visible... solo que estamos ciegos.

El diálogo paralelo, entre los dos escritores, proyecta la arquitectura narrativa a una dimensión creativa en torno a la literatura. El joven Marcus después de un éxito sorprendente es presionado por la editorial que le exige una composición literaria para satisfacer la demanda del mercado. La literatura, en la globalización del lucro, es un negocio y el libro es un producto comercial, en nada les interesa la calidad.

Marcus sufre la crisis de la página en blanco: el pánico creativo agravado ante las presiones de la editorial de publicar una novela cuanto antes. Marcus prefiere un libro que deje huellas y rechaza la literatura basura, pues son muchos los malos escritores, y él quiere hacer la diferencia.

Harry, famoso por su única novela, es catedrático y le insiste al joven alumno que nunca tenga miedo de caer, lo importante es saber caer y levantarse de cada depresión. “Aprende a amar las derrotas son las que construirán las victorias”. Ser escritor es estar vivo. Hay una alegoría interesante con los boxeadores. Harry le enseña a Marcus, abrir la mente y le da una razón para existir; le aconseja: “Un buen libro es aquel que lamentamos haber terminado. El auténtico arte molesta” al romper paradigmas.

Marcus comprende que escribir puede ser doloroso, pero lo vital es tener la libertad de crear, pues cada libro es una batalla entre el Ser y el Tener. El don de escribir exige disciplina, tenacidad, estudio de los géneros y cultura literaria. El escritor debe ser responsable, serio y siempre honesto. Las disquisiciones se dan en relación a un entorno político que alude a un destacado rufián como Nixon y un Clinton seducido por una de sus pasantes.

Marcus Goldman (el hombre de oro para las editoriales) se redime ante la tragedia del maestro y crea una novela, “La verdad sobre el caso de Harry Quebert”, que lo saca del abismo.

La mayéutica entre Marcus y Harry nos hereda pensamientos guías para el ser literario: “Escribir un libro es como amar a alguien, puede ser muy doloroso. Los escritores viven la vida más intensamente que los demás. El amor es la mayor y la más difícil de las empresas. El amor da sentido a la vida. Los escritores deben tener la mente liberada para poder crear en paz. La libertad es un combate continuo del que somos poco conscientes. Un escritor nunca renuncia al deseo de libertad.

¿Cómo se escribe? Es algo que viene sin pensar. Las ideas hay que convertirlas en iluminaciones, guardarlas en lo más profundo de sí mismo y dejarlas madurar. Impedir que salgan y dejarlas crecer en tu interior hasta sentir que ha llegado el momento de escribir.

¿En quién se inspira para los personajes? En todo el mundo, lo que importan son las acciones, la forma de actuar. El privilegio del escritor es que puede ajustar cuentas con sus semejantes gracias a los libros.

Los críticos y los lectores, hacen grandes análisis del texto, hablan de alegorías, símbolos y figuras estilísticas que el autor desconoce y olvidan el sentido subyacente, el motivo de la obra. El sentido de la palabra es más importante que la palabra en sí. Las palabras son de todos, hasta que uno demuestra que es capaz de apropiarse de ellas; es lo que define al escritor. Un libro no tiene relación con las palabras, se trata de una relación con la gente. La responsabilidad de un escritor es decir la verdad.

El mercadeo es nocivo. La gente compra libros cuando se trata de historias espantosas que los ligan a sus más bajos instintos. La locura capitalista del siglo XXI establece que el libro se escribe para ser vendido.

¿Cómo se trasmiten emociones que no se han vivido? Escribir significa que eres capaz de sentir mejor que los demás y trasmitirlo después. Escribir es permitir a tus lectores ver lo que a veces no pueden ver. Todo el mundo sabe escribir, los escritores lo hacemos diferente. No escribas para que te lean: escribe para ser escuchado.

El paraíso de los escritores es el lugar donde se decide reescribir la vida como uno hubiese querido vivirla. La verdad es el gran drama de los sentimientos. Los libros son como la vida, nunca se terminan del todo. Un buen libro no se mide por sus últimas palabras, sino por el efecto colectivo de todas las palabras precedentes.

Reinaldo Arenas comentó: Hay muchos que son escritores y no lo son, mientras hay otros que nunca han publicado y lo son.

Referencia bibliográfica: Dicker, Joel. “La verdad sobre el caso de Harry Quebert” / México, Santillana, 2014. Traducción de Juan Carlos Durán Romero. 614 p.

Historiador, escritor y docente.