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11 de Jul de 2020

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Rafael Carles

Columnistas

La verdadera pandemia del siglo XXI (II)

La semana pasada escribimos sobre lo que es la verdadera pandemia del siglo XXI, una que se genera no de virus, sino de los malos hábitos alimenticios.

La semana pasada escribimos sobre lo que es la verdadera pandemia del siglo XXI, una que se genera no de virus, sino de los malos hábitos alimenticios. Por ejemplo, en Panamá hay ya más de 300 mil personas con diabetes tipo 2 y a nivel mundial ya suman más de cien millones de afectados. Eso sí es una pandemia de verdad. Y además de compleja y costosa, produce ceguera, trastornos cardiovasculares, insuficiencia renal, amputación de extremidades y otras consecuencias a largo plazo que afectan sustancialmente la calidad de vida y los años de vida con discapacidad.

De manera preocupante, la prevalencia global de la diabetes tipo 2 se ha duplicado en los últimos 30 años y ahora incluye un rápido aumento en el número de niños y adolescentes. Hasta 2002, la diabetes tipo 2 no se consideraba una condición pediátrica; en la actualidad, se estima que en Panamá hay cinco mil niños y adultos jóvenes diagnosticados con la enfermedad cada año.

Reconociendo la tendencia ascendente de la diabetes tipo 2 hacia poblaciones cada vez más jóvenes, el Ministerio de Salud (Minsa) está muy preocupado por la evaluación y el tratamiento de la diabetes tipo 2 en la juventud. Los síntomas son más fuertes y la enfermedad es más agresivas en jóvenes, incluida una respuesta más deficiente a los medicamentos que reducen la glucosa y una mayor resistencia a la insulina. Dada la evidencia de que los jóvenes con diabetes tipo 2 tienen menos probabilidades de tratarse cuando utilizan medicamentos orales solos, los médicos recomiendan procedimientos más estrictos que antes. Estas recomendaciones toman en cuenta la etapa de crecimiento del desarrollo del niño, la salud mental y los aspectos culturales, porque la obesidad a menudo se asocia con la discriminación y el estigma, y las normas culturales pueden afectar la dieta y el estilo de vida.

Si bien el Minsa ha puntualizado sobre el problema, todavía hay muchas lagunas sobre cómo proceder. Por ejemplo, faltan recursos para promover actividades físicas y realizar programas de apoyo educativo en pacientes jóvenes. Además, el único fármaco para reducir la glucosa que no sea la insulina aprobado para pacientes menores de 18 años es la metformina. Otras terapias que están asociadas con la protección cardiovascular y renal en adultos no han sido aprobadas para niños o adolescentes.

La diabetes tipo 2 es una enfermedad progresiva, lo que significa que la intensificación del tratamiento, con la insulina como último recurso, se requiere con el tiempo en una proporción sustancial de pacientes. Para los pacientes con la enfermedad en su etapa primaria, es más probable que esto se necesite más temprano en la vida. Incluso al priorizar los tratamientos para mejorar estilos de vida y utilizar medicamentos de nueva generación, la insulina mantendrá un lugar central en el tratamiento de muchos pacientes con diabetes tipo 2. Con esta población en rápido crecimiento de personas que tendrán diabetes por más tiempo, es inevitable un aumento en la demanda de insulina.

De acuerdo con resultados de estudios publicados en revistas especializadas, como Diabetes & Endocrinology, Lancet y New England Journal of Medicine, se espera que se requiera un 20 % más de insulina para tratar a la población mundial con diabetes tipo 2 antes de 2030. Una preocupación clave destacada en estos estudios es que la disponibilidad y la asequibilidad de la insulina ya es inadecuada en los países de ingresos bajos y medios.

El principal factor de riesgo para el desarrollo de diabetes tipo 2 en todas las edades es la obesidad, que se puede prevenir en gran medida a partir de una edad temprana. En Panamá ya se han tomado medidas para combatir la obesidad mediante la introducción de impuestos a las bebidas azucaradas y la prohibición de sodas en los quioscos escolares. A pesar de estos enfoques positivos, se necesita urgente hacer mucho más, como establecer un sistema de etiquetado nutricional, reducir la exposición de los niños a la publicidad de comida chatarra y promover el consumo de frutas y vegetales.

La diabetes es un problema de salud pública mundial y solo puede abordarse con una acción concertada para desarrollar estrategias de prevención efectivas. Esperamos que con la experiencia alcanzada y los esfuerzos realizados para paliar la crisis del COVID-19, las autoridades puedan traducir políticas de salud para resolver la verdadera pandemia del siglo XXI. Porque si la prevalencia creciente de obesidad y diabetes tipo 2 en los jóvenes es aceptada como la nueva normalidad, la sociedad habrá fracasado estrepitosamente en la próxima generación.

Empresario, consultor en nutrición y asesor de salud pública.