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11 de Jul de 2020

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Jorge Luis Prosperi Ramírez

Columnistas

Las guerras que jamás terminan

La pandemia de COVID-19 sigue fuera de control y Panamá no escapa a esa realidad, y por eso le hemos declarado la guerra al virus. Por un lado, tomamos la decisión de defendernos, mediante la declaración de una cuarentena que requiere de nuestro compromiso absoluto para disminuir progresivamente las personas infectadas.

La pandemia de COVID-19 sigue fuera de control y Panamá no escapa a esa realidad, y por eso le hemos declarado la guerra al virus. Por un lado, tomamos la decisión de defendernos, mediante la declaración de una cuarentena que requiere de nuestro compromiso absoluto para disminuir progresivamente las personas infectadas. Es importante recalcar que, el tiempo que estaremos en cuarentena, dependerá de que mantengamos las medidas estrictas, de forma efectiva, como personas, familias y comunidades. De esa permanencia comprometida, dependerá que superemos el llamado “pico” de la epidemia, y la curva que ya todos conocemos, comience a aplanarse, porque cada vez es menor la cantidad de virus que anda por ahí queriendo hacernos daño.

Por otro lado, también estamos atacando al virus, y esto lo hacemos mediante la masificación de pruebas de laboratorio para detectar a los sospechosos, aislar a los positivos y tratar de forma oportuna y adecuada a los enfermos que lo necesiten, lo cual incluye los recursos humanos, equipos e insumos para atender al mínimo porcentaje que necesitará de cuidados intensivos. Esa medida requerirá de la permanente acción afectiva por parte del Gobierno, tal como lo viene haciendo.

Pero esa no es la única guerra que libramos. No hay duda de que el nuevo coronavirus es un formidable enemigo, pero no es nuestro mayor enemigo. Hay que ponerlo en perspectiva, y, mientras luchamos hoy, mirar con las luces largas, sin perder de vista otros problemas de salud pública y desarrollo humano, mucho más relevantes, como lo son: las enfermedades crónicas, que causan cada día más de 30 defunciones en el territorio nacional, superando las 12 mil el año pasado. Y eso sin contar las defunciones por la enfermedad del VIH, los accidentes, los suicidios y los homicidios, las muertes infantiles, neonatales y maternas, y, como si fuera poco, la influenza estacional que está por llegar, y; la pobreza multidimensional que padecen cientos de miles de panameños. Y no digo que este nuevo coronavirus no sea una amenaza real, por supuesto que lo es. Pero, cuando lo derrotemos tendremos que mantenernos enfocados y unidos para librar esas otras guerras que jamás terminan.

Y ojalá, después de ganada esta guerra, capitalicemos la experiencia de la solidaridad y el efectivo trabajo conjunto, para enfrentar el próximo brote, que seguro lo habrá, y esos problemas de salud que mencioné antes. Contra esos solo nos valdrán los estilos de vida saludables que tenemos que cultivar.

Pero hay otra guerra que jamás termina. Es la guerra contra la pobreza multidimensional que pulula en las periferias de los rascacielos y afecta con mayor saña a los habitantes de las comarcas, donde la mortalidad materna e infantil desdice la pretensión de estar a milímetros de ser un país de un primer mundo.

Es hora de repensar la manera civilizada de equilibrar los desajustes sociales, promover el desarrollo de un modelo económico que nos beneficie a todos, evitando la hiperconcentración de la riqueza, a la vez que promueve la distribución con justicia y equidad de los beneficios que genera este país que es de todos. Nuestro desarrollo no será sostenible en medio de la desigualdad predominante y serán necesarios profundos cambios estructurales en lo político y económico, que permitan abordar de forma efectiva y sistemática las causas fundamentales de la pobreza y la necesidad universal de desarrollo que funcione para todas las personas.

Al final, hacer una sociedad con valores humanos, con ecosistemas sostenibles, con solidaridad y equidad no puede ser una mera utopía, debe ser nuestra imagen objetivo. El sitio donde queremos llegar. Ese Panamá donde la salud, el bienestar y el desarrollo humano sean sostenibles para todos, en todos los lugares.

Médico, miembro de la Comisión Asesora del Minsa para enfrentar la Epidemia del Coronavirus.