Temas Especiales

03 de Jun de 2020

Marlon Morales

Columnistas

La pobreza de la educación en medio del COVID-19

Siento gran preocupación por la actual situación que afronta el sistema educativo panameño en medio de la pandemia mundial que ha generado el nuevo coronavirus en nuestro país; y es que, desde el primer reporte de un fallecido por esta enfermedad respiratoria en Panamá, nuestra forma de vida está cambiando radicalmente.

Siento gran preocupación por la actual situación que afronta el sistema educativo panameño en medio de la pandemia mundial que ha generado el nuevo coronavirus en nuestro país; y es que, desde el primer reporte de un fallecido por esta enfermedad respiratoria en Panamá, nuestra forma de vida está cambiando radicalmente. La economía de esta tierra istmeña se encuentra sufriendo afectaciones a tal extremo que los despidos masivos en diversas empresas y hasta la interrupción eventual de labores en otras, se convierten en un gran desafío para la clase trabajadora que deja de percibir su salario, impidiéndole cumplir con sus obligaciones económicas.

Mientras la economía sufre estos efectos, incluso con la baja recaudación de impuestos que según la Dirección General de Ingresos reporta una reducción del 43 %, también el sistema educativo se ha visto afectado.

Es momento de fortalecer las tecnologías educativas a través de capacitaciones constantes, tanto en la educación primaria, como la secundaria y la universitaria, y esto no debe ser negociable.

Mientras en la actualidad, por causa del COVID-19, unos pocos tienen acceso a información por medio de internet para educarse, en las comunidades más lejanas del interior de la República e incluso en zonas de la capital, la realidad es otra. La educación de nuestra niñez y la juventud requiere un firme compromiso por parte de los gobernantes y quienes ejercemos docencia. Es necesario motivar al estudiantado, hacerlo sentir útil y valioso para nuestra sociedad; no podemos voltear la mirada ante el problema de la deficiencia educativa que durante años hemos aplazado sin el mayor remordimiento. La educación de nuestro país debe modernizarse, transformarse y como sociedad todos debemos entender que es una tarea que no puede esperar más y que requiere del aporte financiero del Estado, lo que involucra a todos los ciudadanos que contribuimos al crecimiento de esta gran nación.

En medio de las multimillonarias inversiones que en los últimos años hemos realizado en infraestructuras, es urgente fijar nuestra mirada en la inversión integral de una calidad educativa que llegue a todos los estudiantes del país; de lo contrario, esos recursos previamente empleados en acero y cemento tendrán un futuro incierto, mientras los menos favorecidos observan con impotencia el crecimiento de la brecha entre ricos y pobres que cada día se hace más evidente y causa gran incertidumbre entre quienes sueñan y se esfuerzan por alcanzar un mejor futuro. Si no actuamos ahora, para desarrollar una renovación educativa integral, estamos destinados a perder los logros que hasta el momento con grandes sacrificios hemos obtenido y estaremos destinados a vivir con una gran brecha entre el hambre de muchos y la opulencia de pocos.

Periodista y profesor universitario.