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05 de Mar de 2021

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Ernesto A. Holder

Columnistas

Abril: los escritores y la incertidumbre

Antes de entrar al tema, quiero lamentar la muerte del sociólogo e investigador panameño, el profesor y docente Marco A. Gandásegui, hijo el pasado viernes.

Antes de entrar al tema, quiero lamentar la muerte del sociólogo e investigador panameño, el profesor y docente Marco A. Gandásegui, hijo el pasado viernes. El país y la academia ha perdido un importante pensador crítico y comprometido luchador social. Columnista de este diario los jueves, extiendo mis condolencias a sus familiares, colegas y amigos.

En medio de este encierro necesario, para salvar la salud de la humanidad, no debemos dejar pasar algunas celebraciones significativas que, en cuarentena, han mostrado lo valioso de su creación para la paz y para, en muchos casos, aspirar a un mundo mejor.

Una de esas fechas muy especiales fue el pasado 23 de abril, Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor, declarado por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco). A pesar de la bajeza con que algunos obran en estos días, creo preciso que la humanidad debe regocijarse por lo que ha alcanzado y porque hay pocos vehículos tan importantes que unen el pasado con el presente; vínculo que trabaja afanosamente por garantizar un futuro en donde todos nos podamos encontrar sobre el mismo terreno, si se aprovechan, a lo largo y ancho de la sociedad, los conocimientos y las experiencias que nos comparten sus autores.

Por esas coincidencias de la vida, tres grandes escritores de la literatura mundial fallecieron entre el 22 y 23 de abril de 1616: Miguel de Cervantes Saavedra (22 de abril), William Shakespeare y el escritor Gómez Suárez de Figueroa, mejor conocido como el Inca Garcilaso de la Vega (23 de abril). Unesco señala que varios otros escritores de significativa importancia fallecieron o nacieron durante el mes de abril entre los que reconocen al escritor colombiano de poesía y cuentos Manuel Mejía Vallejo; el galardonado novelista francés Maurice Druon; el catalán Josep Pla, escritor y periodista y el metalingüístico Vladimir Nabokov, poeta cuentista y novelista ruso. Y por nada del mundo podemos dejar a un lado a Gabriel García Márquez, quien falleció el 17 de abril de 2014.

La Unesco titula que: “Los libros son la ventana al mundo durante el COVID-19”, y señala que: “Ahora más que nunca, cuando la mayoría de las escuelas de todo el mundo se mantienen cerradas y las personas se ven obligadas a limitar el tiempo que pasan fuera de sus hogares, debemos aprovechar el poder de los libros para combatir el aislamiento, reforzar los lazos entre las personas y ampliar nuestros horizontes, al mismo tiempo que estimulamos nuestras mentes y creatividad”.

El pasado sábado 25 de abril, natalicio del nuestro insigne autor nacional Rogelio Sinán (1902-1994), se celebró el Día de la Escritora y el Escritor Panameños. Probablemente por la situación de cuarentena, las exaltaciones a los aportes a lo largos de los años de los escritores nacionales -pasados y presentes- ha sido tenue, pero no por eso debemos dejar de señalar que nuestros autores, en gran medida, han tenido que forjar un camino de reconocimiento y apreciación de sus aportes, por encima de una existente indolencia y a veces hasta desprecio por su trabajo creativo, por un enfermizo enfoque en lo banal.

Por la cuarentena obligada, seguramente en los próximos años podremos gozar de increíbles producciones creativas que escritores alrededor del mundo han ido dejando en sus archivos electrónicos. Muchos han reflexionado sobre su oficio desde diferentes perspectivas. Silvia Zuleta Romano en su blog “La guarida de ficción” escribió en el 2019 que: “El escritor deambula en la bruma. Solo y con pocas certezas. Excepto una. Que solo la incertidumbre manda. Y que, la mayoría de las veces, el azar tiene una fuerza que no tiene la lógica”.

En cada mente que deambula entre las imágenes y palabras, escenas y momentos… la pérdida. El amor, la intimidad o el dolor… -con intensidad, ansiedad o sosiego- se estimula la creatividad del escritor. Lo que les da vida. Lo que los reta en momentos de incertidumbre… Este encierro del COVID-19, probablemente, para muchos ha sido un reto para su sanidad mental, para la mayoría de los creadores, la soledad del encierro es una forma de valorar la vida… Retratarla en sus variadas dimensiones. Una forma de hacerle broma, contentarla y dejar las puertas abiertas del pasado y el futuro para los que vendrán.

Comunicador social.