Temas Especiales

07 de Jul de 2020

Avatar del Rafael Carles

Rafael Carles

Columnistas

Pendientes en materia de ética y moral

Hace varios meses escribimos sobre la necesidad de fortalecer la Comisión Nacional Pro Valores de los Clubes Cívicos para enfrentar la actual crisis de corrupción que se vive en Panamá.

Hace varios meses escribimos sobre la necesidad de fortalecer la Comisión Nacional Pro Valores de los Clubes Cívicos para enfrentar la actual crisis de corrupción que se vive en Panamá. El mencionado artículo gozó del beneplácito de muchos lectores, pero igualmente generó molestias, típico de cuando se dice la verdad o se mete el dedo en la llaga. Siempre tratamos de escribir las cosas como son y lo cierto es que se logró el cometido, porque colocamos el tema de la Comisión sobre la mesa del debate.

Ciertamente que la real crisis por la que atraviesa el país no es solo de carácter sanitario por la cuarentena y el COVID-19, ni tampoco económica por el cierre de negocios. Nuestra verdadera crisis es que no existe una cultura de respeto a los valores éticos y morales, y si no hacemos algo o cambiamos para mejorar como República, nos iremos todos rumbo al despeñadero con posibilidades, incluso, de quedar peor que en la dictadura, tiempos que pensábamos habíamos superado.

Y, como consecuencia, ahora nadie cree en nadie y nadie tiene el liderazgo ni la credibilidad suficiente para hacer respetar los valores. Por tanto, nuestra responsabilidad es buscar instancias o personas que todavía gozan de la simpatía de la comunidad y puedan levantar la mano y decir “síganme”. Alguien íntegro y capaz como para poner alto a la crisis de corrupción y “juegavivo” que se ha convertido en moneda de curso de nuestra sociedad.

Es patético que precisamente en los últimos años, cuando más se han pisoteado los principios éticos y morales, la Comisión Nacional Pro Valores ha estado en mutismo absoluto, ausente de propuestas y carente de recursos para hacer un trabajo a la altura de las circunstancias. Salvo la campaña “Respeta Mi Futuro”, realizada por la Cámara de Comercio, Industrias y Agricultura de Panamá en 2016, ningún otro gremio o asociación en Panamá ha destacado masivamente la importancia de los valores como pilar para la vida y convivencia en democracia. Y, aunque el Gobierno de 2014-2019 tenía previsto la actualización de las asignaturas de cívica y ciencias sociales para inculcar los valores éticos entre los estudiantes, la Dirección Nacional de Currículo y Tecnología Educativa del Ministerio de Educación nunca convocó a los representantes de la sociedad civil ni presentaron sus recomendaciones para promover la transparencia y la ética pública en escuelas y colegios.

Es de todos conocidos que cuatro clubes cívicos grandes concibieron la idea de crear en los años 70 una Comisión que promoviera valores en la comunidad, con ciudadanos destacados como Virgilio Olivardia y César Tribaldos que, en representación del Club de Leones de Panamá, sirvieron para rescatar la institucionalidad y recuperar el Estado de derecho durante la década del 80. Y esos cuatro clubes cívicos fueron los que apoyaron en la consecución de fondos y en la divulgación de campañas, pero con el tiempo se abrió el espacio para la participación de otros clubes más pequeños, quedando la toma de decisión atomizada y estos cuatro clubes grandes fundadores sin control. Y así, poco a poco, la Comisión fue perdiendo enfoque, quedando sin fuerza para convocar y diseñar estrategias a nivel nacional.

La carencia de valores es ahora tan grave que tanto el arzobispo Ulloa como monseñor Lacunza se han pronunciado al respecto. Y aunque teníamos la esperanza de que con la llegada del nuevo Gobierno habría soluciones al problema, vemos que ni el sistema educativo y tampoco las demás instancias gubernamentales de transparencia y combate contra la corrupción han dado luces sobre planes concretos para la promoción de valores y el adecentamiento del país.

Por tanto, corresponderá una vez más a la sociedad civil mitigar la crisis y resaltar la importancia de los principios éticos. Y en ese sentido, la Comisión Pro Valores deberá conformarse con gente capaz de liderar un movimiento nacional y crear mensajes que sirvan para promover valores en escuelas, colegios, empresas, medios de comunicación, instituciones públicas y demás organizaciones civiles.

Como vemos, no se trata de ondear banderines ni señalar rivalidades triviales. Simplemente, se trata de que la Comisión Nacional Pro Valores sea funcional, independiente y transparente. Porque esperar que sean el Gobierno o los políticos los que arreglen el problema de la corrupción y la crisis de valores, sería inútil. Los clubes cívicos deben limar asperezas y alinear objetivos, porque, de lo contrario, no solo desaprovecharían esta oportunidad, sino que estarían en deuda moral con el país.

Miembro del Club de Leones de Panamá.