Temas Especiales

10 de Jul de 2020

Gustavo García de Paredes A.

Columnistas

El empobrecimiento de la clase media y el colapso de la economía

“Los gobernantes, actualmente, tienen la oportunidad de oro de realizar un buen Gobierno con transparencia y desactivar la bomba que los conduciría a un caos y una explosión social”

El año 2006 el Dr. Miguel Ángel Candanedo a la sazón, secretario general y el suscrito rector de la Universidad de Panamá, firmamos una reflexión debidamente aprobada por el Consejo Académico de ese entonces, que cobra vigencia hoy día y que debemos atender antes de que sea demasiado tarde.

Decíamos en ese entonces que desde el nacimiento de la República los liberales entendían la justicia social como la igualdad de oportunidades y la libre competencia.

La primera (la igualdad de oportunidades), se promovía por medio de la educación pública y las actividades que impulsaran la producción nacional. La segunda, (la libre competencia), se promovía con la incorporación de la población a la producción nacional.

Esta política impulsó el nacimiento de la clase media. Esta se fue desarrollando al paso de los años, pero sin duda, recibió un gran impulso con el liderazgo del general Omar Torrijos.

La clase media es el sostén del país. Con Torrijos la clase media incursionó en el mundo político, reservado exclusivamente a determinada clase social y entró, igualmente, en el mundo de la producción y del comercio. Esta apertura hacia la movilidad de las clases sociales permitió el progreso del país y la paz social, evitando enfrentamientos entre clases, como ocurrió en países hermanos.

Hoy día, peligrosamente, transitamos hacia el empobrecimiento de esta clase media que, en vez de ascender en sus aspiraciones, va retrocediendo para unirse a los excluidos y marginados del país.

Una rápida lectura de la situación que atraviesa la clase media la podemos observar con los múltiples golpes que esta ha venido recibiendo. Ejemplos: sube la gasolina, suben los precios. Baja la gasolina, suben los precios. En el campo de la energía eléctrica se apoya a aquellos que consumen menos de 1000 KW. A los que consumen más de 1000 KW, les aumentan los precios. Tenemos la electricidad más cara del continente. Pareciera que estamos pagando los descuentos que reciben los que menos consumen.

La clase media vive normalmente de su cheque, de ellos se descuentan los impuestos en la fuente, los que menos ganan no pagan Impuesto de la Renta; los que tienen grandes capitales eluden los impuestos y utilizan expertos estilistas para que maquillen a los viejos y así no se les noten las arrugas. Los servicios que recibimos se incrementan en los precios cada vez que hay algún aumento, el que finalmente paga es aquel que no tiene dónde poderlos transferir. Los pobres jubilados, la clase media y los más desfavorecidos, son los que pagan los aumentos que vienen cayendo en cascada.

La educación privada a la que acude la clase media va aumentando progresivamente los precios y en la medida que van aumentando los insumos y estos aumentos caen en esta clase cada vez más empobrecida.

Con el golpe que va a recibir Panamá con el coronavirus, va a ser muy difícil que lo pueda asimilar la clase media y terrible para las clases populares que vienen subsistiendo gracias a una equivocada política que, en vez de crear empresas y empleo, va cada día aumentando más los subsidios, buscando tranquilizar a un pueblo hambriento y sin esperanza.

La inseguridad jurídica que ha venido viviendo el país alejará cualquier inversión tanto extranjera como nacional. Lo cual incrementa la desestabilización del país y se traduce en el incremento de movimientos de protesta que llegarán a ser incontrolables. Los escándalos financieros que se han sucedido sin tregua han logrado que el pueblo pierda la confianza en los políticos y en el manejo gubernamental. Este panorama nos está llevando a matar la gallina de los huevos de oro.

La corrupción se ha generalizado, se ha convertido en un modus vivendi. Los contratos, las adendas, las coimas en todos los niveles, que van desde la secretaria que mueve un papel, pasando por quien te saca un cheque, el que te apura un trámite, el que te consigue un puesto, los que reciben un salve, al que le “tiran una toalla”, etc.

Mientras tanto, la justicia entiende que los ojos tapados, que es su símbolo, es para no ver lo que no les conviene. La justicia está politizada. Salvar al socio, condenar al enemigo. NO hay seguridad jurídica desde hace buen tiempo, agravada especialmente con el Gobierno de Varela.

Como habíamos afirmado en el documento original: “Desgraciadamente, el sistema hegemónico mundial, al convertir el mercado en eje regulador de la vida misma, al exacerbar el consumo como el modo de existir por excelencia, al sustituir las iniciativas industriales locales por los nuevos-ricos intermediarios del comercio mundial, al promover la inversión extranjera sin mecanismos reguladores que impidan la fuga masiva de capitales, al sustituir la libre competencia de corte liberal por la concentración oligárquica neoliberal de la propiedad, al despojar al Estado de su rol mediador y regulador, observado prudentemente hasta por el liberalismo tradicional, al sujetar toda su estrategia de desarrollo al recetario de los organismo multilaterales de crédito. Todo eso gracias a la complicidad de una tecnocracia ultraconservadora copiada ideológicamente por los centros de poder, destruyó o está por destruir los procesos de industrialización locales y con ello, el mundo solidario de la producción agroindustrial y del trabajo”.

En resumen, los gravámenes que aplican a la industria y al comercio se trasladan al consumidor a través del mercado. El asalariado y el marginado soportan el peso de la cadena comercial, o sea, los aumentos del productor, mayorista, intermediario y la venta al detal, por lo tanto, paga cuatro veces el aumento.

La globalización trajo entre otros modelos la distribución por goteo. Esta teoría les da a los pobres como solución acomodarse debajo de la mesa para recibir las sobras de los comensales.

Los gobernantes, actualmente, tienen la oportunidad de oro de realizar un buen Gobierno con transparencia y desactivar la bomba que los conduciría a un caos y una explosión social.

Doctor en Historia Universal y exrector de la Universidad de Panamá.