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14 de Jul de 2020

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Orlando Goncalves

Columnistas

Reinventarse es el reto

“Algunos dirigentes tratan de recoger las fichas para rearmar el tablero, pero, no observan que este también se rompió”

De la noche a la mañana la vida nos ha cambiado a todos, esta pandemia vino a patear la mesa, tirando al piso el tablero y las fichas. Algunos dirigentes tratan de recoger las fichas para rearmar el tablero, pero, no observan que este también se rompió. Intentan reparar el tablero para seguir usando las mismas fichas, sin darse cuenta de que no podremos seguir igual. Habrá que reinventar un nuevo tablero, nuevas fichas y, sobre todo, nuevas reglas de juego para este cambio de Era.

Muchas organizaciones y organismos internacionales están llamando la atención sobre las consecuencias que vienen ejerciendo en los ingresos de las personas los controles y medidas contra la pandemia. Las economías paralizadas en buena parte del planeta, el consumo de bienes y servicios con bajas históricas, el desempleo aumenta de manera vertiginosa, y todo esto irá a desembocar en un crecimiento de la pobreza y la pobreza extrema en el mundo, el incremento de las desigualdades sociales, aumentando en un porcentaje importante la población en situación de alta vulnerabilidad.

A lo anterior habría que agregar que los problemas globales que traíamos -crisis climática, narcotráfico, tráfico de armas y de personas, pandemias, virus informáticos, pobreza, crisis del agua, armamentismo, entre otros-, se exacerbarán aún más, con lo cual, se harán más vulnerable las sociedades y se incrementará la peligrosidad y los riesgos para las clases más desfavorecidas.

Los cambios de Eras siempre han traído convulsión y desajustes, pero, la creatividad e inteligencia del ser humano usualmente logra superar esas turbulencias, generando mayores alternativas y oportunidades. Sin embargo, en las últimas décadas esas oportunidades pareciera que son generadas para favorecer a unos pocos, a costa de la suerte de las mayorías. Basta revisar las cifras de la pobreza, desigualdad, capacidad de ahorro, desempleo, subempleo y la economía informal, para evidenciar que algo no está bien.

El Estado de Bienestar Social se agota, y no logran satisfacer las necesidades de los ciudadanos, pese a que se crean programas sociales asistencialistas que, dependiendo del dirigente de turno, buscan auxiliar a las clases más desfavorecidas, “teóricamente”, pero, al final, terminan siendo instrumento de control político, vulnerando aún más la dignidad del ser humano.

Esto sucede en muchos países de la región, un ejemplo que ilustre, en México, hay más de 5000 programas sociales, entre federales, estatales y municipales, generando además un incremento adicional de los costos con la supervisión y auditoría de los mismos; es decir, terminan gastando una enorme cantidad de dinero en esos controles, que menguan lo que, a la final llega al ciudadano; Además, hacen más complejo el proceso y dificultan el acceso a los mismos, pero facilitan el circulo vicioso del control político y la ineficiencia de los programas.

Quizás sea oportuno entonces comenzar a debatir -con urgencia- alternativas eficientes y trasparentes, que generen a los ciudadanos oportunidades reales, para que, con su propio esfuerzo y dedicación, puedan progresar. En esa línea, una idea -desde los años 70 se viene hablado de ella- sobre la cual se han hecho varios ensayos en países como Namibia, Kenia, India, Irán, Finlandia, Canadá, Holanda, Escocia, Francia, EE. UU., es la Renta Básica Universal.

Debemos convencernos de que llegó la oportunidad de debatir con urgencia nuevas alternativas, pues, no podemos permitir que nuestra incapacidad y limitaciones técnicas obstaculicen el camino del bienestar social. Pero, más urgente es el imperativo ético, el que nos obliga a no seguir cometiendo errores que llevan a que miles de personas mueran de hambre o por falta de asistencia médica; o que, haya millones de trabajadores con salarios inferiores a dos dólares diarios, o que en pleno siglo XXI haya millones de personas sin acceso al agua potable o a electricidad.

La Renta Básica Universal podría ser un mecanismo que dé “piso parejo a todo ser humano”, si es que la idea es financiable, lo cual pareciera que sí, si se reformula el Estado de Bienestar y todos ponemos de nuestra parte, evitando la pandemia de la corrupción.

Ahora, quizás en paralelo, debamos debatir la posibilidad de tener una Constitución Mundial que posibilite tener un marco jurídico, político y económico que permita la construcción de una sociedad más justa, solidaria y democrática. Debemos tener normas que impidan los abusos de -algunos sobre las mayorías-, que eviten que decisiones de -algunos dirigentes- tengan incidencias negativas en todo el planeta y no haya manera de evitarlo. Es la hora de reinventar el mundo y tenemos la oportunidad de hacerlo mejor que antes.

Consultor político; en Twitter: @orlandogoncal.