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06 de Jul de 2020

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Carlos Augusto Herrera

Columnistas

Incertidumbre

Esta insospechada experiencia en la que se lucha con un enemigo oculto, tenaz, pérfido e insidioso, que se disfraza y causa la muerte en casos graves, con precedencia en la agonía que encajona a los ancianos con morbilidad, previo al desesperante procedimiento que los expertos no atinan, pero que se encargan de complicar con ininteligibles informaciones difusas y con énfasis en excepciones que nos llenan de perplejidad.

Esta insospechada experiencia en la que se lucha con un enemigo oculto, tenaz, pérfido e insidioso, que se disfraza y causa la muerte en casos graves, con precedencia en la agonía que encajona a los ancianos con morbilidad, previo al desesperante procedimiento que los expertos no atinan, pero que se encargan de complicar con ininteligibles informaciones difusas y con énfasis en excepciones que nos llenan de perplejidad. Al reconocer la ignorancia, los eruditos ofrecen señas mediadoras sobre ese gran porcentaje de infectados que pasan por un proceso benigno en donde todavía no se sabe si quedan con anticuerpo o con posibilidad de un reinfección, además del hisopado que dicen es indoloro, pero incómoda, en unos casos con sangrado y que manipulan la frontera del cerebro con un largo palillo que introducen por la nariz y garganta, con el que deben superar una hondonada natural dentro de la cavidad, para raspar el sitio en donde se incuba el virus, en otro casos menos invasivo, cuarentenan al paciente por 14 días para devolverlo a la zona de peligro.

Vivimos bajo amenaza de la maldita enfermedad y de indios que reparten la chicha, de ir a la cárcel o cumplir labores de limpieza pública en corolario al aviso para los remisos que incumplen imposiciones contra la libertad por la ignorancia, necesidades o deberes improrrogables sobre las drásticas medidas impuestas, sea de encerrarse en cada caso, incluso mientras el bicho pase frente y trate de entrar a través de la ropa, zapatos y cosas que se utilizan para suplir las necesidades. Quedarse en casa es el lema abanderado, con desigualdades para los que tienen salvoconductos por la necesidad de cumplir labores específicas, otros Héroes asalariados y los verdaderos funcionarios que dan el pecho y enfrentan la jauría agresiva y mimetizada sin la inmunidad para el beso de la muerte, al realizar estos ajetreos de salud. Tenemos muestra del juramento hipocrático en fosas ocupadas para el insigne profesional con salarios por debajo de otros que no compiten en escolaridad.

La persuasión es la mejor espada para convencer a los rebeldes para que cumplan las imposiciones en donde han separado el género y nos obligan en tiempo fatal de dos horas y media para acudir desde la casa a farmacias o tiendas de comida, por supuesto que sometidos a guardar dos metros de distancia, utilizar barbijo, rociado de plantas de zapatos, la pistola en la frente para medir temperaturas, todavía no exigen guantes, previa a la verificación por cédula sobre el permiso relámpago otorgado por el Ministerio de Salud y el estrés que produce el rebasar el límite y quedar en manos de la casa de paz que multa y nos pone a lavar calles, pero lo peor es si te agarran en carro, quitan licencia por tres meses y el auto queda por el mismo tiempo en un garaje privado, por irrespeto a la autoridad. Ahora con las redes oímos a la policía en su lenguaje militar dando explicaciones sobre casos definidos con sometimiento ejemplar por conductas impropias y desoír a la autoridad que asume el uniformado, a lo sumo un funcionario y a quienes les dedican una publicidad apropiadas para médicos y demás subalternos. Seguro que hay de todo y los insurrectos juegan gallos, van a playas y se emborrachan con ley seca o rebasan la cuenta con la apertura etílica.

En esta vorágine y con el acceso a información universal, comparamos lo que pasa en otras latitudes y que enfatizan nuestro protectores para ver en las tablas las ventajas ganadas por la visionaria directriz de atajar el avance del virus africanizado que no sabemos la cantidad de personas que no se han infectado y que están amenazadas con rebrote, si nos desmayamos en las medidas coercitivas impuestas, cuya latencia estática es parte de la incertidumbre por la pandemia que se ha tratado de minimizar a epidemia. Todo esto en contraste con los escándalos que han estado gravitando en los sobreprecios de productos imprescindible para esa guerra con la muerte, que se libra en cuidados intensivos y que cada tarde escuchamos en letanía de ese comportamiento viral que no tiene fin, que hemos dividido en fases para volver a la normalidad normal de ahora y que todo esto finalizará con la vacuna cuando la encuentren y la pueden producir al extremos que supere a los países desarrollado para que de ese ripio nos podamos escudar. Lo otro es el insulso informe diario que da pereza con la amenaza de que podemos ir en reverso. ¡Válgame Dios!

Abogado