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14 de Jul de 2020

Miguel A. Espino Perigault

Columnistas

Qué es 'quedarse en casa'

La simpática frase que nos invita a permanecer en casa para protegernos del contagio del coronavirus tiene una comprobada efectividad, gracias a su valor científico.

La simpática frase que nos invita a permanecer en casa para protegernos del contagio del coronavirus tiene una comprobada efectividad, gracias a su valor científico. La falta de una vacuna o tratamiento efectivo mantiene vigente y necesario el consejo de quedarse en casa. Se trata de una medida que, seguramente, será abandonada cuando se controle el mal, ya que el consejo tiene que ver con la libertad y los derechos individuales y de la familia.

Este punto, precisamente, es clave para entender el futuro que se ha anunciado para “El Día Después”; o sea, para cuando se considere terminada la pandemia y la humanidad empiece a vivir lo que se ha denominado una “Nueva Normalidad”, de la que no se tiene claro qué es lo y hasta dónde llega lo nuevo y qué es la normalidad anunciada.

La pandemia no está sujeta solo al coronavirus que se combate, sino a otra pandemia, pero informativa o, peor, desinformativa, que inunda las redes sociales con escritos y videos de autores de supuesta talla científica.

Todo lo cual presenta un tenebroso escenario de un Apocalipsis sin Dios.

Mientras tanto y sin que nadie lo pensara, la única verdad que hará libre a la humanidad, pasado el “Día Después”, será la familia verdadera, que el coronavirus rescató del olvido a y la colocó en el sitial de la verdad.

Como nuestra cultura es de raíces cristianas, el “Quedarse en casa” se ha entendido como “Quedarse en familia”, con papá y mamá (o con uno de ellos,). Familias con abuelos, tíos, primos y demás que suelen sumarse, formando una comunidad de afectos y defectos, alegrías, tristezas, temores y esperanzas compartidas, pero todos cubiertas por el amor.

Así lo ha entendido y expresado, generalmente, sin palabras, el Ministerio de Salud y colaboradores, en sus comunicaciones televisivas. Esa comunicación televisiva, a lo personal y en grupo, se hace rica en valor humano agregado al mensaje, por el toque de sacrificio personal que transmiten los participantes. Eliminar las presentaciones es no entender la comunicación.

Tanto el Gobierno como algunas empresas privadas han hecho muy acertadas acciones y comunicaciones dirigidas a fortalecer valores relacionados con la familia.

Empresas privadas han ofrecido mensajes publicitarios que llaman a respetar las medidas recomendadas y adoptadas por las autoridades gubernamentales y apelando a conductas populares de solidaridad con la familia. Por su parte, la propaganda gubernamental (así se llama a la publicidad de los Gobiernos), apela a los sentimientos patrióticos, humanistas y de solidaridad, que los panameños y residentes han sabido valorar.

Pero, la familia natural es mucho más y representa mucho más para la Patria, que es sentimiento, vivencias… “pedazos de la vida, envueltos en girones de amor y de dolor”, como nos lo recuerda el poeta Miró.

Pero, ¿han sabido el panameño y residentes extranjeros aprovechar los cambios impuestos por las reglamentaciones recomendadas e impuestas? ¿Se ha sabido vivir en familia? ¿Se dieron más abrazos a los hijos? ¿Se habló más con los adolescentes? ¿Se dieron más besos a la mujer? ¿Más abrazos a la suegra, yernos y nueras y etcéteras?

Entre nosotros, la Iglesia católica nos enseña que la familia natural, de papá, mamá, en matrimonio, para procrear, es una “Iglesia Doméstica”, de la que nos habla san Juan Pablo II. La Iglesia Doméstica es una comunidad de fe, esperanza y amor. Es una comunidad en donde se comparte; se ama, se trabaja, se crea esperanza, se vive. La familia comparte con Dios Creador la obra de procrear y educar a los hijos. Cuando la familia se vive como iglesia doméstica, quedarse en casa es llevarla, siempre, en el corazón, con toda su gente, aunque estés temporalmente ausente.

Periodista