Temas Especiales

30 de Oct de 2020

Toribio Pineda Camargoopinion@laestrella.com.pa

Columnistas

Los límites de la violencia

Las manifestaciones en los Estados Unidos son la expresión política que se rebela contra un sistema que se rehúsa a compartir el poder con las minorías.

A partir del asesinato de George Floyd y el estallido social en varias ciudades de los Estados Unidos, especialmente en Minneapolis, me pregunto: ¿Qué estaba pensando el oficial de policía Derek Chauvin al presionar su rodilla sobre el cuello del George Floyd por ocho largos y agónicos minutos? Y la única respuesta que viene a mi mente es que no estaba pensando. El oficial Chauvin es el resultado de un sistema históricamente racista, dando espacio al mal. Nos diría Hannah Arendt: “el mal proviene del fracaso del pensar”.

Chauvin es un ejemplo de la incapacidad del pensar, es el mal. De hecho, sus acciones racistas justifican la condena que pesa sobre el mundo occidental y, en realidad, de toda la civilización humana. He aquí la verdadera razón de la pluralidad de manifestaciones políticas en los Estados Unidos, las cuales han encontrado resonancias fuera del país norteamericano. El mal que llevó a este ordinario oficial de la policía a presionar su rodilla sobre el cuello George Floyd hasta extinguir su vida es el resultado de un sistema que arrastró a muchos ciudadanos afroamericanos a la muerte, solamente por su color de piel. El mal no es parte de la condición humana, sino es una construcción entre los seres humanos. El objetivo de lo político es eliminarlo. 

Las manifestaciones en los Estados Unidos son la expresión política que se rebela contra un sistema que se rehúsa a compartir el poder con las minorías. Más allá, de esta última víctima del racismo institucionalizado en Norteamérica, este escrito resalta el despertar de los miembros de la sociedad estadounidense en las calles con la exigencia de poner un alto a este tipo de acciones irracionales que han tomado las vidas de muchos negros en la historia de los Estados Unidos. 

El sistema opresor, supremacista y racista se resiste a reconocer la libertad de todos los miembros de la sociedad estadounidense. Ya es tiempo de entender la universalidad de la libertad. A partir aquí desarrollaremos la voluntad general para destruir del sistema estas contradicciones ideológicas que buscan privar a las minorías del poder. Un sistema que no limita el uso violencia para servir y proteger a sus ciudadanos, sino que, al mismo tiempo, excluye a los negros de algunos de sus derechos, especialmente la libertad. Es la misma violencia que ejerció el oficial Chauvin con su rodilla sobre el cuello desnudo de Floyd, como una expresión consciente o inconsciente de su posición racial de defensa de un sistema de supremacía racial de los blancos. 

Las declaraciones del presidente Trump de incrementar el uso de la violencia para la recuperación del control y el orden en la sociedad, van en la misma dirección de las acciones del oficial Chauvin. Su slogan de “hacer a los Estados Unidos grandiosa de nuevo” ha sido el detonante para que algunos grupos de supremacía racial quieran volver a aquellos días de exclusión de los negros. Pero, también, esta situación reactivó en la misma sociedad estadounidense la búsqueda de justicia, no solamente para George Floyd sino para todos los asesinados por acciones similares a las de Chauvin, así se garantiza que las nuevas generaciones no sufran el sacrificio de más vidas perdidas por este sistema racista.

El autor es profesor de filosofía en la Universidad de Panamá