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29 de Oct de 2020

Estivenson E. Girón Desgrenger

Columnistas

Entre la moratoria y diferir o acumular deuda

Verdaderamente, las estrategias financieras siempre caminan hacia las disyuntivas. Entre el goteo y la filtración, ¿a quién salvar?: ¿al pueblo o a los bancos? y ahora, lo entendemos como moratoria, o más bien como diferir o acumular deuda.

Verdaderamente, las estrategias financieras siempre caminan hacia las disyuntivas. Entre el goteo y la filtración, ¿a quién salvar?: ¿al pueblo o a los bancos? y ahora, lo entendemos como moratoria, o más bien como diferir o acumular deuda. Muchas veces es mejor escuchar, analizar, recapacitar y luego interpretar. ¿La moratoria como tal existe o no? De acuerdo con las palabras de la presidenta de la Asociación Bancaria de Panamá, Aimeé Sentmat, quien fue la encargada de firmar el acuerdo, lo que se ha dado es: “eximir el pago de la cuota al cliente, pero los intereses se seguirán calculando”. La cuota es la cantidad fija que se paga de manera regular y está compuesta por intereses y una parte proporcional que disminuye el capital adeudado, lo interesante es que los intereses forman parte de la cuota. En el caso que nos compete, la interpretación se inclina a la suspensión parcial de pago, solo sobre el capital, ya que los intereses se seguirán registrando y cobrando. Ante este escenario queda claramente entendido que los intereses se acumularán y terminarán siendo pagados. En otras palabras: “no te cobro, no te embargo; pero, al final del camino tienes que pagar y completo, en un periodo de tiempo mayor y con sus consecuencias financieras”. ¿Es esto moratoria?

Por otra parte, cuando se habla de diferir la deuda, otro concepto muy utilizado por las entidades financiaras, especialmente en las deudas de tarjetas de crédito, se hace referencia a trasladar la obligación o el saldo de la deuda a un periodo de tiempo mayor del pactado originalmente, con las derivaciones que esto acarrea, lo cual indica que este diferimiento genera costos adicionales. Al final no serán 25 años, sino 25 años y siete meses, y probablemente algunos meses más que ya se ganó por incremento en la tasa de interés. Se podría hablar de la acumulación de deuda, lo cual también es válido, aun cuando es un concepto más macroeconómico. La acumulación de deuda eleva la carga financiera de la persona, pero en este caso se debe a una decisión externa, motivada por el ente bancario; peor, causa el repago, lo cual casi siempre lleva a pensar al individuo involucrado que el dinero que está ganado con su trabajo nunca le ha pertenecido. Todo esto me lleva a pensar en “exacción”.

Otro aspecto que debemos analizar es que la supuesta moratoria no garantiza la disminución de la posibilidad de que las personas que tienen obligaciones con las instituciones financieras vuelvan a caer en el impago; en cambio; si la opción ofrecida fuera un refinanciamiento con criterios más cómodos (tasa de interés menor, posible actualmente), los balances de las personas estarían menos lastrados y el acoso financiero no maltrataría tanto la salud mental de los prestatarios.

Apostar en los captadores de renta, no parece ser la mejor dirección que el Gobierno deba tomar. Inclusive, pensamos que es la menos acertada. El sector bancario es un excelente captador de rentas, además no son capaces de autorregularse, el Gobierno debe jugar un papel importante al respecto, ya que las decisiones en cascada siempre traen resultados trágicos. Algunos bancos han crecido más que la competencia, lo que acaba con ella y esto les permite desarrollar políticas de control. En estos momentos existe mucha asimetría de la información, que tampoco contribuye a un buen manejo de la realidad planteada como tal. Todo esto genera incertidumbre y desigualdad, lo cual, sin la menor duda, retrasa la recuperación.

De algo sí debemos estar seguros. En el futuro cercano todo sistema económico, político y social que no cumpla con las expectativas desde las perspectivas de la gran mayoría de la población, no resultará razonable ni sostenible, lo que me hace pensar que, con el pasar del tiempo, la fe en la democracia y la economía de mercado irá en caída estrepitosa, y por ende, la legitimidad de las instituciones y los contratos efectivos se colocarán en lienzo de juicio.

Finalmente, la mencionada moratoria como tal, solo involucra a los bancos. Entonces, las financieras y los otros entes de crédito, ¿qué? El riesgo moral que se impone es alto, ¿están dispuestos a asumirlo? Y qué hablar de la necesidad de cohesión social.

Doctor en Economía y docente universitario.