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05 de Aug de 2020

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Jorge Luis Prosperi Ramírez

Columnistas

El futuro es nuestro

Hace una semana señalé la necesidad de que todos los panameños nos enfocáramos, y no dejáramos que ningún elemento del contexto nos distrajera de nuestra responsabilidad para contener la epidemia.

Hace una semana señalé la necesidad de que todos los panameños nos enfocáramos, y no dejáramos que ningún elemento del contexto nos distrajera de nuestra responsabilidad para contener la epidemia. Hoy me pregunto: ¿cumple el ciudadano con las recomendaciones sobre la higiene personal y distanciamiento físico que ya conoce?, ¿cumplen los funcionarios con sus funciones de vigilancia epidemiológica, comunicación social efectiva, y de atención a pacientes?, ¿garantizan las empresas la seguridad de los trabajadores y clientes? Para ayudar a contestar estas interrogantes, démosle una mirada al comportamiento de la epidemia durante los pasados siete días.

La semana pasada reportamos más de 6000 casos nuevos, la cifra más elevada para cualquier semana desde que inició la epidemia en el país. Esta cantidad de casos nos coloca cerca de los 38 mil casos acumulados y nos ubica como el segundo país del continente en casos reportados por 100 mil habitantes. Muchos alegarán que es porque hacemos más pruebas, o porque por el país pasan muchos viajeros de diversas partes del mundo, olvidando que hace tres (3) meses que no hay viajes. No cabe duda de que, si hacemos más pruebas, detectaremos más pacientes. Pero esos casos nuevos no son solo cifras atribuibles a las pruebas de laboratorio. Esos casos los sigue produciendo la población.

Adicionalmente, reportamos cerca de 140 defunciones, también la cifra más elevada para cualquier semana previa. Aunque mantenemos una tasa de letalidad por debajo de 1.9 %,, se observa un preocupante incremento del número diario de defunciones, que ha rondado las veinte por día durante la semana. Este incremento debe ser investigado por los expertos del Minsa y la CSS, a fin de esclarecer la presencia de enfermedades concomitantes y tomar las medidas para promover la salud y prevenir las complicaciones entre las personas que ya padecen de obesidad, diabetes, hipertensión arterial. Entiendo que esta investigación la están llevando a cabo.

Por otro lado, realizamos más de 2500 pruebas de laboratorio por día, muchísimas más que la mayoría de los países del continente, lo que nos permitió detectar los casos reportados. No obstante, estamos lejos de la meta de 4000 pruebas de laboratorio diarias, y reportamos un porcentaje elevado de pruebas positivas, lo cual no es una buena noticia, porque significa que todavía tenemos un importante porcentaje de personas positivas que no han sido detectadas.

Si mantenemos esa tendencia de incremento exponencial de casos y defunciones, muchos modelos matemáticos predicen que llegaremos a fin de año con más de 200 000 casos confirmados por laboratorio y cerca de 3500 defunciones, cifras que indudablemente desbordarán nuestra capacidad de atención, tanto a nivel ambulatorio, como en salas de hospitalización y de cuidados intensivos.

Frente a estas cifras, luego de miles de publicaciones que se refieren a las medidas que se deben implantar y seguir, yo me pregunto: ¿qué más se puede agregar? ¿Hace falta que se explique de nuevo la importancia de guardar la distancia, de lavarse las manos, de utilizar adecuadamente la mascarilla?, ¿no saben los panameños que es riesgoso salir y aglomerarse en espacios públicos?, ¿ignoran las autoridades que la clave está en adoptar una estrategia de contención proactiva basada en pruebas integrales, rastreo y cuarentena, a la vez que se fortalece la capacidad de resolución de la red de servicios?, ¿desconocen los empresarios que, si no cumplen con las medidas de bioseguridad, volveremos a la cuarentena, sus empresas quebrarán y perderemos el país?

La respuesta a esas preguntas requiere algunas reflexiones. Por un lado, es evidente que la población no está cumpliendo y sigue contagiándose. Parece que ha olvidado, o no le importa, que el virus está ahí afuera, esperando por los incautos que salgan sin protegerse, ya sea a trabajar, o a pasear, o peor aún, a celebrar irresponsablemente. Por su parte, muchas empresas tampoco están cumpliendo con su obligación de garantizar la seguridad de los trabajadores. Los que sí están cumpliendo son los trabajadores del Sector Salud, sacrificándose a diario por hacer más pruebas, rastrear casos y contactos y atender enfermos. No obstante, debe fortalecerse la obligatoriedad del aislamiento en hoteles, la realización de cercos sanitarios donde corresponda, y la vigilancia del cumplimiento de las medidas.

Hagamos el esfuerzo por juntarnos sin agendas en esta lucha que debe ser de todos. Si seguimos por este camino, nos colocamos a las puertas del confinamiento total como la última y única medida posible para salvar vidas, lo cual provocará una grave crisis social que causará más sufrimiento que la propia pandemia. El futuro es nuestro.

Médico, exrepresentante de la Organización Mundial de la Salud (OMS).