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05 de Aug de 2020

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Ernesto A. Holder

Columnistas

Liderazgo y comunicación en tiempos difíciles

Para nadie es un secreto que el tema de la COVID-19 es un asunto inesperado para todos, en particular para nuestros gobernantes que apenas empezaban a poner en marcha los asuntos referentes y necesarios para atender su plan de gobierno, con miras a algunas correcciones necesarias.

Para nadie es un secreto que el tema de la COVID-19 es un asunto inesperado para todos, en particular para nuestros gobernantes que apenas empezaban a poner en marcha los asuntos referentes y necesarios para atender su plan de gobierno, con miras a algunas correcciones necesarias. Pero si la realidad atentaba contra nuestras posibilidades de desarrollo, las amenazas de muerte que trajo esta pandemia y los retos económicos para el presente y futuro del país, hacen del escenario actual una realidad dura y difícil y un futuro incierto y temeroso. Ya sabemos que el camino hacia la recuperación será un reto para todos. Llevaremos el dolor de haber perdido a muchos compatriotas en el esfuerzo por combatir el nuevo coronavirus, pero a largo plazo, el tema económico es lo que más puede demorar en recuperarse y ser una amenaza para nuestro desarrollo.

Ese es el contexto y la formulación de un nuevo futuro para el país y las estrategias para resolver estos problemas, se deben esbozar en el marco de un conocimiento educado de la realidad y con un entendimiento de las verdaderas posibilidades de lograr las metas propuestas para alcanzar la visión que se propone.

Esa es parte fundamental del papel de un líder, temporal o a largo plazo. Tener la habilidad de mirar más allá. Asume retos que para otros parecen inalcanzables. Se extiende y cree firmemente en sus intenciones y posibilidades de cambiar el universo. Su visión no tiene límites y nunca percibe obstáculos insalvables. Kotter señala que el “liderazgo define cómo se debe ver el futuro, alinea a las personas con la visión y los inspira para que suceda, a pesar de los obstáculos”. Peor, eso es en un mundo ideal, en donde otras fuerzas no trabajan en contrasentido, incluyendo sectores, adeptos o afiliados, que deberían estar labrando en la misma dirección.

El esperado discurso del presidente Cortizo el miércoles 1 de julio de 2020, no resolvió el problema de deterioro de imagen y credibilidad que ha sufrido su gobierno en tan solo el primer año de gestión. Las dudas son conocidas: licitaciones con sobreprecios, el hospital modular de 100 camas, la salida de la ministra de salud, Rosario Turner, etc.

Dice Johnson-Cartee y Copeland que “La habilidad de construir mensajes persuasivos es la señal de un buen comunicador” (Strategic Political Communication: 2003). A falta de persuadirnos, más creo que causó escepticismo. Es decir, para una familia de clase media, en donde la pareja de esposos ha perdido sus empleos y poco tiene para enfrentar las deudas normales de una pareja que trata de construir un mejor futuro, no creo que hayan sido “persuadidos” (como dice Cartee y Copeland) y, ante todo, calmados los miedos con los que se acuestan todas las noches y despiertan todas las mañanas, si es que pueden dormir. Mucho menos cuando hay señales de corrupción que no se han resuelto ni atendido claramente.

Pero, analizando más a fondo el tema de la visión de un gobernante y su proceso para trasmitirlo a la ciudadanía, si se pretende ser sincero, la formulación de estrategias para alcanzar las metas y los objetivos trazados debe ir acompañada de una dosis de realidad, en el sentido de que las metas propuestas deben ser alcanzables y ante todo, deben ser reales. Comunicarlo, persuasivamente, también se debe sostener sobre la realidad de lo que la audiencia receptora experimenta y recibe de otras fuentes y medios.

El tiempo de un Gobierno es un restrictivo y los recursos son específicos, es más prudente reconocer que las probabilidades de forzar cambios dramáticos en las sociedades y en las organizaciones son limitadas. Temo que, con el espíritu golpeado por lo difícil del primer año, el equipo de Gobierno haya perdido algo de esa energía con que asumió sus responsabilidades el año pasado y la propulsión para avanzar las causas expuestas por el presidente en su discurso.

Un buen líder hace lo correcto. El tema económico, la pobreza, la justicia, la educación, el agro, etc. son tan monumentales que los cambios que la sociedad merece no se verán durante este Gobierno. Pero si no atiende el tema de la corrupción alto y claramente en sus mensajes, discursos y con acciones concretas, no persuadirá a nadie ni podrá vencer el escepticismo general.

Comunicador social.