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30 de Sep de 2020

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Jorge Luis Prosperi Ramírez

Columnistas

¿Es hora de salir a la calle?

Luego de casi cinco meses de confinamiento, ya va siendo hora de que los panameños, especialmente los que vivimos en las ciudades, hagamos un alto y consideremos seriamente si seremos capaces de levantar la cuarentena y salir a la calle.

Luego de casi cinco meses de confinamiento, ya va siendo hora de que los panameños, especialmente los que vivimos en las ciudades, hagamos un alto y consideremos seriamente si seremos capaces de levantar la cuarentena y salir a la calle. Cuidándonos cada uno y a nuestros familiares y vecinos, para reactivar totalmente los trabajos, los formales y los informales, recuperar nuestros espacios públicos con distanciamiento físico y, lo más importante, reconquistar la confianza perdida en la vida urbana.

Y es que este período de cuarentena asimétrica ya dejó de ser útil para impedir el aumento exponencial de casos y defunciones que padecemos desde el primer día de junio cuando comenzamos a levantar el confinamiento total para ir recuperando la economía. Y dejó de ser útil porque desde hace dos meses el virus comenzó a circular libremente por el país, desde los corregimientos más populosos de las principales ciudades hasta nuestros campos más remotos. No sirve de nada mantenernos confinados de acuerdo con el sexo por dos horas en días alternos, y recientemente, encerrados los fines de semana. Es la hora de volver a la calle y enfrentar al virus en esa línea de batalla, eso sí, con mucha prudencia y responsabilidad ciudadana.

La mayoría de los expertos de la salud pública y de las ciencias sociales coinciden en la necesidad de recuperar el espacio público; pero de manera sostenible, resiliente e inclusiva; con distanciamiento físico y practicando las medidas de higiene personal y colectivas harto conocidas. Para nosotros será fundamental avanzar con mucha precaución, pues la gran mayoría de los casos de COVID-19 que reportamos provienen de corregimientos urbanos o semiurbanos ubicados en las principales ciudades del país, donde las condiciones de muchas viviendas propician el contagio entre los miembros de la familia que habitan dentro de un mismo espacio reducido.

Para salir a la calle con seguridad, necesitamos frenar la transmisión de la COVID-19 y proteger a las personas. Eso requerirá de la participación de todos los miembros de las comunidades afectadas para evitar el contagio; en especial de los corregimientos que reportan la mayoría de los casos, así como a aquellos donde la velocidad de transmisión del virus es mayor. Pero todos deberemos cumplir con las medidas protección individual como lavarse las manos, evitar tocarse la cara, practicar una buena higiene respiratoria, distanciamiento a nivel individual y cooperar con las medidas de distanciamiento físico y de restricción de movimiento cuando se solicite adoptarlas.

Por lo tanto, es fundamental que las autoridades nacionales y locales, con la participación de la comunidad organizada, empresas, iglesias y clubes cívicos, lleven a cabo acciones participativas de comunicación bidireccional de forma proactiva, regular, transparente y sin ambigüedades con todas las poblaciones afectadas o en riesgo. Será determinante la participación y el compromiso de alcaldes, y representantes de corregimiento para crear y mejorar el entorno físico y social, a la vez que apoyan que las personas se ayuden mutuamente en la realización de todas las funciones vitales, especialmente en la organización para la lucha contra el virus.

Especial esfuerzo requerirá evitar la información errónea, ambigua y falsa. Puede tener consecuencias negativas graves en la salud pública, incluido el debilitamiento del cumplimiento de las medidas de distanciamiento físico y las restricciones de movimiento, el fomento del acaparamiento y del uso inadecuado de suministros y equipos esenciales, y la promoción del uso de medidas curativas y profilácticas potencialmente peligrosas o mortales sin ninguna prueba de su beneficio.

Pero, para enfrentar con éxito al virus en las calles, deberemos aumentar nuestra capacidad para identificar casos sospechosos de COVID-19 en la población general con rapidez. Esto requerirá de un sistema de vigilancia activa y rápida a nivel de población. Además de la búsqueda activa de casos en comunidades, centros de salud y puntos de entrada, será necesario permitir que la población general practique la autovigilancia; es decir, que las personas se autorregistren como caso sospechoso tan pronto como presenten síntomas o signos, o si han estado en contacto con un caso confirmado. Es obligatorio ampliar nuestro personal para detectar casos, buscando fuera del sistema de salud pública tradicional para formar a trabajadores no pertenecientes a dicho sistema, o mediante el uso de tecnología innovadora como aplicaciones en línea para permitir que las personas se autorregistren.

Pero esa salida a la calle no significa que no vamos a tener enfermos. Por eso es igualmente importante que garanticemos la existencia de una red de servicios de salud, articulada por niveles de complejidad, con la suficiente y necesaria capacidad de resolución para atender con prontitud, calidad y calidez a las personas que se enfermen. Recordemos que 20 % de las personas afectadas por la enfermedad requerirán de atención hospitalaria, eso supone una disponibilidad de camas, equipos y recursos humanos suficientes. Y no olvidemos que, además de la mortalidad directa causada por la COVID-19, la respuesta a nivel nacional, regional y local también debe hacer frente a los riesgos de mortalidad indirecta por la posible interrupción de los servicios sanitarios y sociales esenciales.

Soy de la opinión de que estamos avanzando en el cumplimiento de los requisitos señalados. Por lo tanto, llegó la hora de levantar la cuarentena y salir a la calle. Pero, eso sí, deberemos vigilar de cerca el avance del proceso y estar dispuestos a regresar al confinamiento, tan pronto como aparezcan señales de que no estamos cumpliendo.

Médico, exrepresentante de la Organización Mundial de la Salud (OMS).