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18 de Sep de 2020

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Roberto Antonio Pinnock Rodríguez

Columnistas

Educación virtual universitaria: resultados perversos

No había pensado escribir más sobre este tema, pero una prolija cantidad de docentes y estudiantes me comentó sobre las situaciones más variadas, que tienen como rasgo común que el empleo de la educación virtual no apunta a alcanzar los resultados que tanto se dicen de esta.

No había pensado escribir más sobre este tema, pero una prolija cantidad de docentes y estudiantes me comentó sobre las situaciones más variadas, que tienen como rasgo común que el empleo de la educación virtual no apunta a alcanzar los resultados que tanto se dicen de esta. Por otro lado, en la arena de los debates suscitados respecto de la superación de los problemas acarreados por las tecnologías digitales, se observa que se establece un parteaguas entre quienes fomentan la superación de estos, impulsando medidas reformistas (populistas) y los que inspiran medidas de profunda transformación social, cultural y política del andamiaje educacional, transformando la composición social del Estado y del modelo sociocultural de desarrollo que le da soporte.

En el escenario de la educación universitaria privada, me dieron “pelos y señales” de cómo viene aplicándose en más de cuatro de estas -no tenemos información que las involucre a todas- lo que la Economía Política crítica del siglo XIX ya nos describía, acerca de medidas dirigidas a contrarrestar la baja en la tasa de ganancia, sufrida como parte de la crisis que ya venía mostrando su impronta desde hace varios años y que la pandemia profundizó en más corto tiempo.

Nos referimos, a la medida de pagar por debajo del valor del trabajo, manteniendo los mismos salarios, pero aumentando el aporte del trabajo impago de administrativos y docentes, al hacer uso de las tecnologías digitales. Por otro lado, a la acción de incurrir en reducir los costos no correspondientes a salario, reduciendo calidad del producto que genera, pero manteniendo los mismos precios de venta. En este caso, el consumidor de los servicios docentes es el que termina pagando esta maniobra de acumulación de riquezas apropiadas por los dueños de estas universidades.

Por ejemplo, en un cuarteto de estos establecimientos mercantilizados que corresponden al mismo propietario -nos decían Maruquel y Ernesto que estudian allí- en la modalidad presencial dábamos 15 sesiones en el cuatrimestre; ahora en la modalidad virtual, solo damos cuatro. El resto, “es dizque pura investigación y elaboración de tareas asignadas en un programa que nos entregan al inicio del cuatrimestre (…), sin la más absoluta interacción con el profesor, para algún tipo de orientación requerida”. De acuerdo con lo que nos afirman estos muchachos, “no ha habido manera de aclarar interrogantes que nos han surgido (…), lo que nos hace estar a la deriva y aprender nada de nada en estas nuevas formas no presenciales”.

Antes, los salones eran de unos 20 o 30 estudiantes, ahora -nos enfatizan estos muchachos- hemos estado en grupos de hasta de 200 estudiantes en un mismo “salón virtual”, lo que supone mayores ganancias para la universidad, porque mantiene los mismos precios en las asignaturas, que si estuviéramos en las clases presenciales. Según nuestros informantes, algunos de sus compañeros han dicho que han ido a poner la denuncia a Acodeco, sin mayores respuestas favorables… Sin duda, habrán aprendido en interés de quiénes actúa esta institución estatal; incapaz de establecer un orden sin privilegios para el capital privado, especialmente, cuando no se trata de pequeños empresarios, a los que sí les hacen caer “todo el peso de la Ley”.

Por otro lado, se advierte que estamos hablando de conglomerados de estratos socioeconómicos que no tienen problemas de conectividad ni de falta de dispositivos tecnológicos, sin embargo, la explotación social descarada y la tendencia a la baja calidad de la educación es inocultable.

Mientras, en el sector público, siguen diversas voces propugnando por la conectividad universal y demás demandas de naturaleza reformista, que no cuestionan el carácter explotador y anticientífico del uso de las tecnologías virtuales, ni son demandas que parecen servir para resolver el desmejoramiento de la calidad de la educación de los estratos medios y pauperizados del país.

Aunque ya lo hemos mencionado en varios foros, en el caso de la educación de nuestras universidades públicas, los docentes hemos degradado el valor económico de nuestro trabajo -más inversión de tiempo de trabajo y de condiciones para trabajar, no remunerados-, pero, además, resulta irónico escuchar a colegas obnubilados por el uso de las modalidades no presenciales, que ignoran la ineficiencia de las mismas, para una serie de asignaturas que exigen aplicar conocimientos en escenarios reales y esto no es posible con el ordenamiento virtual actual. Aquí, el engaño es perverso.

Sociólogo y docente de la UP.