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21 de Oct de 2020

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Jorge Luis Prosperi Ramírez

Columnistas

¿Señales de alarma?

Los panameños estamos construyendo una nueva normalidad, aprovechando, con optimismo y responsabilidad, el levantamiento de las restricciones y la reapertura de las actividades económicas y de esparcimiento.

Los panameños estamos construyendo una nueva normalidad, aprovechando, con optimismo y responsabilidad, el levantamiento de las restricciones y la reapertura de las actividades económicas y de esparcimiento. Lo hacemos cumpliendo con las recomendaciones, y bien pendientes del estado de los indicadores definidos para evaluar el avance la epidemia en el país. Pero, aunque estos se mantienen dentro de lo esperado, comienzan a aparecer algunas señales de alarma a las que debemos ponerle mucha atención, y no bajar la guardia, pues el virus está ahí esperando por las personas susceptibles que no se cuidan.

Me refiero a ellas a continuación, subrayando de entrada que, tanto las instituciones como la población, están cumpliendo con su parte. Lo que pasa es que el enemigo es feroz y ningún país del planeta lo ha logrado vencer aún. De modo que, esta no es, bajo ninguna premisa, una crítica a las intervenciones, sino un llamado de atención para que no cantemos victoria porque los casos y las defunciones no aumentan y, en su lugar, redoblemos el esfuerzo en esta etapa crítica; sobre todo ahora, que se anunció a partir del lunes reactivación, operación y movilización de nuevas actividades económicas a nivel nacional.

Comencemos con los casos nuevos reportados diariamente. Es sabido que desde julio los casos reportados semanalmente venían disminuyendo, pasando desde 1865.5 por millón de habitantes, a 1126.4 la semana pasada. Aunque la información es positiva, hay dos “peros” que considero muy importantes: el primero es que la semana pasada mostramos un ligero incremento en el número de casos reportados, y más preocupante es que llevamos más de cuatro semanas estancados en una meseta, reportando un promedio de 650 casos diariamente, lo cual, como señalé previamente, es un equilibrio muy peligroso.

Esta situación está fuera de lo esperado, y cobra especial relevancia ahora que, además del disfrute de la nueva normalidad, la población comienza a manifestarse masivamente por diversos motivos, lo cual trae consigo aglomeraciones importantes y poca o ninguna posibilidad de guardar el distanciamiento necesario entre los manifestantes, quienes además estarán gritando y se mantendrán juntos por varias horas. Entonces, es claro que es muy elevada la posibilidad de contagios masivos entre los participantes y en sus comunidades y familias cuando regresen a sus hogares. Esa es la primera señal de alarma.

Lo mismo parece ocurrir con las defunciones. Aunque también muestran una tendencia a la disminución, esta ha sido menos intensa desde el 31 de agosto, cuando reportamos 22.9 defunciones semanales por millón de habitantes, hasta el 4 de octubre, cuando alcanzamos 19.7 por millón de habitantes y un promedio inamovible de 12 defunciones diarias, cifras que colocan las defunciones reportadas en la misma meseta de los casos. Considero esta, otra señal de alarma. Aunque mantenemos una tasa de letalidad de 2.1 %, debemos investigar para mejorar el quehacer en todos los renglones de la atención que reciben los pacientes, desde que se detectan como positivos, pasando por los hoteles-hospitales, las salas de hospitalización y las unidades de cuidados intensivos.

La tercera señal de alarma es que, esta semana, el número de reproducción efectiva (Rt) se estimó en 1.01. Esta cifra es apenas ligeramente superior al 1.0 que manteníamos, pero nos obliga a darle seguimiento estrecho, sobre todo en los cincuenta corregimientos que reportan un Rt mayor de 1.0 y, por lo tanto, tienen el mayor riego de presentar un brote de la enfermedad. El mantenimiento de este indicador, en niveles de supresión, exige el cumplimiento estricto de las medidas de bioseguridad en la población, ante el nuevo escenario de levantamiento de las restricciones.

Finalmente está el asunto de las pruebas de laboratorio. Es una buena noticia que la semana pasada hayamos realizado 35 976 pruebas y mantenemos una tendencia al aumento diario de las pruebas. No obstante, también estamos estancados en un porcentaje de positividad que ronda el 13 %, lo que significa que todavía tenemos un elevado número de personas positivas, que no lo saben y, por lo tanto, transmiten el virus a sus familiares, amigos, compañeros de trabajo, pasajeros del transporte colectivo; y, ahora, aquellos que los acompañan en las aglomeraciones públicas, ya sean manifestaciones, centros comerciales u otros sitios. Esta también debe ser una señal de alarma.

Como he dicho en varias publicaciones, la mejor forma de controlar esta epidemia es mantener el compromiso y el esfuerzo con las actividades que se vienen llevando a cabo. Además, debemos redoblar el esfuerzo en todas las etapas de la cadena de trazabilidad, desde la toma de muestras para detectar la enfermedad, hasta el aislamiento efectivo de casos positivos y contactos. Nuestras metas en esta etapa deben ser identificar y notificar los datos de los casos dentro de las 24 horas, incorporar nuevas pruebas de laboratorio, que sean rápidas, económicas y con una sensibilidad y especificidad superior al 95 %, alcanzar y mantener en menos del 5 % las muestras positivas para COVID-19, rastrear el 90 % de los contactos cercanos de los casos nuevos. Especial atención deberá prestársele al aislamiento efectivo de las personas positivas, garantizando que más del 90 % de las personas positivas sea aislado efectivamente.

Médico, exrepresentante de la Organización Mundial de la Salud (OMS).