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21 de Oct de 2020

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Jorge Luis Prosperi Ramírez

Columnistas

Cuidado con la fatiga pandémica

Luego de siete meses de estar luchando contra la COVID-19, los panameños tenemos que ponerle especial cuidado en no caer en la llamada fatiga pandémica, caracterizada por una desmotivación para seguir las conductas protectoras recomendadas y una disminución del interés por mantenernos informados sobre la pandemia; porque la amenaza percibida del virus va disminuyendo a medida que la población se acostumbra a su existencia, se agota y se confía, incluso si los datos epidemiológicos muestran que el riesgo, de hecho, puede estar aumentando.

Luego de siete meses de estar luchando contra la COVID-19, los panameños tenemos que ponerle especial cuidado en no caer en la llamada fatiga pandémica, caracterizada por una desmotivación para seguir las conductas protectoras recomendadas y una disminución del interés por mantenernos informados sobre la pandemia; porque la amenaza percibida del virus va disminuyendo a medida que la población se acostumbra a su existencia, se agota y se confía, incluso si los datos epidemiológicos muestran que el riesgo, de hecho, puede estar aumentando.

Este agotamiento es considerado como una reacción natural y esperada, sobre todo, porque la gravedad y la escala de la pandemia de COVID-19 han exigido la implementación de medidas invasivas con impactos sin precedentes en la vida diaria de todos, incluidos aquellos que no han sido afectados directamente por el virus en sí. Al mismo tiempo, es probable que la pérdida percibida como resultado de la respuesta inicial a la pandemia (confinamientos, restricciones) aumente con el tiempo, a medida que las personas experimenten las consecuencias personales, sociales y potencialmente económicas a largo plazo de las restricciones. Para algunas personas, el equilibrio puede cambiar y los costos percibidos de la respuesta pueden comenzar a superar los riesgos percibidos relacionados con el virus.

Sin embargo, representa una seria amenaza para los esfuerzos por controlar la propagación del virus. Hasta que se disponga de una vacuna o de tratamientos eficaces, el apoyo público y los comportamientos protectores siguen siendo fundamentales para contener el virus. Deben salvaguardarse los beneficios que hemos logrado colectivamente a través de todas las medidas de contención y mitigación que hemos implementado, a veces con altos costos sociales y económicos.

De acuerdo con la OMS, tal desmotivación es parte de una interacción compleja de muchos factores que afectan los comportamientos protectores. Estos se relacionan con la motivación y la capacidad individuales, así como con las oportunidades que ofrece el entorno cultural, social, estructural y legislativo. Cada uno de estos factores pueden ser barreras y/o impulsores de conductas protectoras.

Por esa razón, la fatiga pandémica, causa que los mensajes básicos anteriormente efectivos sobre el lavado de manos, el uso de máscaras faciales y la práctica de la etiqueta de higiene adecuada y el distanciamiento físico parezcan menos efectivos, y muchos países han identificado la necesidad de enfoques revitalizantes. No obstante, existe una experiencia muy limitada sobre la mejor manera de mantener o revitalizar el apoyo público durante una crisis de salud mundial que se extiende durante meses (potencialmente años) y que afecta a todos los miembros de todas las sociedades en todos los países.

Dada la naturaleza compleja de la fatiga pandémica, la OMS afirma que se necesita un plan de acción multifactorial, en el cual las acciones estén basadas en las barreras y los impulsores experimentados por las personas y deben implementarse de manera integrada en todos los niveles de la sociedad. Las estrategias para mantener y revitalizar el apoyo público deben basarse en consideraciones de salud pública, sociales, culturales y económicas, y deben garantizar que nadie se quede atrás.

En ese sentido, la OMS proporciona un marco para la planificación e implementación de estrategias nacionales y subnacionales para mantener y revitalizar el apoyo público para prevenir la COVID-19. La organización propone cuatro estrategias clave para que los Gobiernos mantengan y revitalicen el apoyo público a los comportamientos protectores: lo primero y más importante es reconocer y abordar las dificultades que experimentan las personas y el profundo impacto que la pandemia ha tenido en sus vidas; para comprender a las personas, se requiere recopilar y utilizar evidencia para políticas, intervenciones y comunicación específicas, personalizadas y efectivas; de igual importancia es involucrar, de manera significativa, a las personas y comunidades como parte de la solución en todos los niveles; no menos importante es permitir que las personas vivan sus vidas, a la vez que se reduce el riesgo de contagiarse.

Adicionalmente la OMS propone cinco principios transversales para cualquier iniciativa, política o comunicación que tenga como objetivo mantener y revitalizar el apoyo público a las conductas protectoras: como es de esperar, lo más importante es que las instituciones sean transparentes al compartir las razones detrás de las restricciones y cualquier cambio que se les haga, y al reconocer los límites de la ciencia y el Gobierno; lograr el mayor nivel posible de equidad en las recomendaciones y restricciones requerirá de un esfuerzo especial para garantizar que las poblaciones más afectadas reciban los beneficios suficientes para su subsistencia en condiciones adecuadas; habrá de ser lo más consistente posible en mensajes y acciones y evitar medidas contradictorias; la coordinación efectiva para evitar mensajes contradictorios entre expertos y portavoces, es condición igualmente indispensable; finalmente está el asunto de esforzarse por lograr la previsibilidad en circunstancias impredecibles.

Médico, exrepresentante de la Organización Mundial de la Salud (OMS).