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14 de May de 2021

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Rafael Carles

Columnistas

¿Qué como yo?

"No hay días típicos para mí. Trato de escuchar el cuerpo y así mismo darle lo que me pide. Cuando viajo, me gusta comer en restaurantes, pero también visitar supermercados, comprar frutas y vegetales locales, buscar panes artesanales [...]"

No hay pregunta tonta sobre la mejor manera de comer. Lo ideal es comer comida verdadera, comida natural, mínimamente procesada, con la mayor cantidad posible de frutas y vegetales. Lo malo de nuestros hábitos de alimentación es que, desde hace muchos años, se comenzó a industrializar la producción de alimentos y ahora más del 80 % de los productos comestibles que hay en los supermercados son hiperprocesados, con mucha azúcar, sal y grasas saturadas. Usted puede elegir el que quiera, que hay para todos los gustos y sabores. La clave es eliminarlos lo más que se pueda y asegurar que siempre -o lo más posible- su plato de comida cuente con suficientes frutas, verduras, legumbres, nueces y semillas. Estoy seguro de que usted sabe bien a lo que me refiero.

Debido a que con regularidad escribo sobre este tema, algunas personas tienen la impresión de que soy vegetariano, porque abogo por el consumo de frutas y vegetales, y recomiendo eliminar la comida chatarra. Y a veces me preguntan qué es lo que realmente como yo. La respuesta corta, que es mucho más sobre mi personalidad que sobre los alimentos que consumo, es que soy enemigo de la rutina. Soy reacio a establecer modos de comportamiento predecibles y eso es así con la forma de comer. No podría darles mi menú semanal habitual, salvo que desde hace más de 40 años comencé una dieta en la que ayuno desde el amanecer hasta el mediodía y luego consumo lo que quiero en el almuerzo y en la cena, incluyendo tanta ensalada como puedo y más que suficientes raciones de pasta, carne y granos. Y eso me ha funcionad bien y lo puedo recomendar a quien sea. Evito la comida chatarra y reconozco tener debilidad por el helado y los chocolates.

Creo firmemente que si usted sabe de dónde vienen los alimentos y los prepara con cuidado, difícilmente puede equivocarse. No es tan complicado. Donde realmente se complica es cuando las personas se vuelven obsesivas y preguntan y cuestionan qué tipo de mantequilla de maní comprar. ¡O sea, nada que ver! Compro usualmente pescado fresco en el supermercado, pero reconozco que en cuanto más cerca se está del productor y más se conoce sobre los ingredientes, menos hay que preocuparse. Por ejemplo, prefiero comprar una naranja convencional en Tambo que una naranja orgánica importada de Florida.

No hay días típicos para mí. Trato de escuchar el cuerpo y así mismo darle lo que me pide. Cuando viajo, me gusta comer en restaurantes, pero también visitar supermercados, comprar frutas y vegetales locales, buscar panes artesanales o cualquier otro producto como miel, jaleas, aceites, etc. Y cuando estoy en casa, salvo que mi esposa me pida algo especial, yo me encargo de todo: programar el menú, comprar los ingredientes y coordinar la preparación de los alimentos. Y usualmente servimos entre dos y cuatro ensaladas por comida.

Yo no creo que el almuerzo o la cena deben tener por obligación un producto animal. Esa es una noción anticuada y difícil de explicar. Por ejemplo, el otro día no había planeado nada para la cena y entré a la cocina con hambre de una hamburguesa, abrí la nevera y me comí un puñado de almendras, nueces, maní, semillas de girasol y pasas. Me quedé allí pensando en la hamburguesa y luego comí una manzana y un par de dátiles. Realmente quería en ese momento una hamburguesa 100 % de carne de Angus, con queso, lechuga, tomate, cebolla, kétchup, mostaza y pepinillos dulces. Y deseaba morderla sabiendo que, si me la comía, me iba gustar y lo más seguro, me caería bien. Pero luego de 10 minutos, después de haberme comido otro puñado de nueces, pasas y dátiles, quedé satisfecho y olvidé la hamburguesa que sin dudas hubiera estado riquísima, pero nunca más saludable que las nueces, frutas y semillas que acaba de comer.

Y esa es una lección que todos debemos recordar: todos los días somos bombardeados con mensajes subliminales para comer cosas que simplemente no son del todo saludables. Eso no significa necesariamente que tengan mal sabor, pero sí que te hagan sentir mal de varias maneras, y en realidad son malsanas en el sentido literal de que hacen daño, porque causan enfermedades a lo largo de la cadena de producción, torturan a los animales, y son, por presuntuoso y cursi que suene, contaminantes para el planeta.

Por eso, yo me mantengo alejado de la comida chatarra y trato de comer así, simple y sencillo, natural y sin complicaciones.

Empresario, consultor de nutrición y asesor de salud pública.