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06 de May de 2021

Mario Enrique De León

Columnistas

Juan A. Cajar: el Assange panameño

¿Qué tienen en común Julian Assange y Juan A. Cajar? El primero publicó, por medio de los WikiLeaks, los documentos conocidos como Registros de Irak, que exponen los crímenes de EUA en ese país de Oriente Medio.

¿Qué tienen en común Julian Assange y Juan A. Cajar? El primero publicó, por medio de los WikiLeaks, los documentos conocidos como Registros de Irak, que exponen los crímenes de EUA en ese país de Oriente Medio. El vecino del norte asesinó a 109 032 seres humanos, de los cuales el 60 % fueron civiles. Estos documentos, que abarcan del año 2004 hasta el 2009, fueron entregados por propios soldados norteamericanos al australiano Assange. Este, sin temor a la verdad, dio luz a ella, pero ahora cobra el encierro y la tortura por su valentía.

El segundo, el Assange panameño, no reveló ninguna información clasificada, pero en el ejercicio de su profesión (informar) hizo conocer a la ciudadanía panameña la débil jefatura del presidente de la República. Esto es así, ya que sus órdenes fueron desobedecidas por el director de la Policía Nacional. Nos queda la interrogante ¿quién gobierna?

A merced de la hipótesis repetida de que Panamá es un país presidencialista, los científicos sociales necesitarán recurrir a una hipótesis “ad hoc”.

Pero este hecho no es lo que precisamente acerca al periodista panameño a Julian Assange, sino que durante la visita del director de la Policía Nacional al diario La Estrella de Panamá, no se doblegó al poder y habló -desprendidamente- a nombre de todos sus pares, que, en el ejercicio de su profesión, están desprovistos de los respaldos institucionales que este sí pudo gozar ante el monopolio de la violencia del Estado (según Max Weber) o coerción del Estado (según Enrique Dussel).

Pero no solo se limitó a sus pares, sino que extendió su pensamiento, al mejor estilo del Código Hammurabi, y reclamó en nombre de todos los ciudadanos del territorio que son continuamente atropellados por los estamentos de represión cada vez que ejercen su derecho a la protesta.

Este hecho no debe pasar sin más ni como un acontecimiento coyuntural, sino como un punto de partida para reflexionar y tomar decisiones sobre las formas, los contenidos y las prácticas de las instituciones de seguridad. La militarización de la Policía Nacional, sus continuas capacitaciones y formación con el ejército de EUA y Colombia mal forman al hombre y a la mujer que necesitamos brindando protección a la sociedad panameña. Es momento de exigir que Washington aleje sus garras de nuestras instituciones para que nuestros oficiales conozcan su Grecia y no la del extranjero soberbio.

En ese sentido, nos aconsejaría José Martí, uno de los apóstoles de Abya Yala, lo siguiente: “El espíritu del Gobierno ha de ser el del país. La forma del Gobierno ha de avenirse a la constitución propia del país. El Gobierno no es más que el equilibrio de los elementos naturales del país. Por eso el libro importado ha sido vencido en América por el hombre natural. Los hombres naturales han vencido a los letrados artificiales. El mestizo autóctono ha vencido al criollo exótico. No hay batalla entre la civilización y la barbarie, sino entre la falsa erudición y la naturaleza”.

(*) Sociólogo, Universidad de Panamá. Investigador asociado del Centro de Estudios Latinoamericanos “Justo Arosemena”. Becado IDEN-Senacyt. Maestrando en Ciencias Sociales.