Temas Especiales

01 de Dec de 2020

Israel Ríos-Castillo

Columnistas

Una política integral para frenar la malnutrición

Hace unos días se hicieron públicos los resultados de la Encuesta Nacional de Salud de Panamá (ENSPA 2019) que revela el estado nutricional de la población.

Hace unos días se hicieron públicos los resultados de la Encuesta Nacional de Salud de Panamá (ENSPA 2019) que revela el estado nutricional de la población. El país no contaba con una panorámica general sobre la nutrición de las y los panameños desde el año 2008, y los resultados de la encuesta no son muy alentadores. Si bien ha habido avances en la lucha contra la desnutrición infantil, la obesidad ha ganado terreno en todos los grupos de edad.

El retraso en el crecimiento entre los menores de cinco años de edad, comúnmente llamada desnutrición crónica, disminuyó del 19 % a 15.8 % en este periodo. La mayor incidencia está en los territorios indígenas que, pese a haber disminuido, sigue siendo preocupante. La Comarca Guna presenta la mayor prevalencia de retraso en el crecimiento (57.1 %), seguida de la Emberá (54 %) y la Ngäbe Buglé (35.6 %). En cuanto a la anemia, en menores de cinco años se sitúa en 14.6 %, con una reducción marcada desde 1999, cuando se ubicaba en 36 %. Nuevamente, las niñas y niños en los territorios indígenas son los más afectados, donde cuatro de cada 10 niños tienen niveles bajos de hemoglobina. Esta deficiencia nutricional tiene serias consecuencias en el crecimiento y desarrollo de los infantes, afectando incluso su capacidad de aprender y desenvolverse productivamente en el futuro.

Paradójicamente, las Comarcas también presentan exceso de peso en menores de cinco años, siendo 15.5 % en la Comarca Ngäbe Buglé y 8.3 % en la Emberá. Los datos no están muy alejados de la media nacional, que se sitúa en el 13.1 % en esta franja de edad. Estos territorios sufren, por tanto, lo que se llama doble o triple carga de malnutrición.

Si atendemos a la población adulta, actualmente el 71.7 % de los adultos panameños tiene exceso de peso, casi un 10 % más que hace una década, y la obesidad afecta al 35.5 %. Estas cifras se conocen en medio de la pandemia por COVID-19, enfermedad en la que se ha demostrado que la obesidad es uno de los factores de riesgo más críticos que puede dificultar la superación de esta enfermedad.

Ahora bien, ¿a qué se puede atribuir ese incremento en la obesidad? Entre los múltiples determinantes de la obesidad se encuentran la mala alimentación y el sedentarismo. Pero esta responsabilidad por la mala alimentación no se puede atribuir únicamente a decisiones individuales; existen muchos factores que inciden en las elecciones alimentarias, como el ambiente alimentario, la dificultad de acceso a información clara de los consumidores, o los equipamientos públicos de abastecimiento de productos frescos.

Entre las medidas que desde la FAO se proponen para enfrentar la malnutrición en todas sus formas se encuentra el desarrollo de políticas e inversiones orientadas a la mejora de la nutrición; mejorar la eficiencia de las cadenas de producción y suministro de alimentos saludables; medidas de protección social sensibles a la nutrición; y políticas orientadas a promover el consumo de dietas más saludables, por citar algunos ejemplos.

En Panamá, algunos instrumentos de política, recientemente creados, dan base para iniciar el combate a la malnutrición, como el programa Estudiar Sin Hambre, la Ley 127 de impulso a la agricultura familiar, o el Plan Colmena. Para ello, será necesario innovar en la implementación, a través de mecanismos de compras públicas de alimentos saludables y conformación de reservas estratégicas; la reactivación de la producción agrícola local, facilitando los circuitos cortos de comercialización; el fortalecimiento de sistemas de información para la seguridad alimentaria y nutricional y el apoyo a la agricultura familiar, entre otras acciones.

Implementar una política integral para hacer frente a la malnutrición en medio de la pandemia será un gran desafío para las estructuras públicas, que deberán movilizar esfuerzos coordinados y articulados desde el Gobierno y todos los actores de la sociedad, pero es necesaria para poder lograr la erradicación de la desnutrición crónica y también enfrentar el creciente sobrepeso y la obesidad.

Oficial de Nutrición de la FAO para América Latina y el Caribe.