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16 de May de 2021

Mario Enrique De Leónopinion@laestrella.com.pa

Columnistas

Maradona: El zurdo mitológico

El Diego de la gente, el amado y odiado por muchos no es una obra de Homero, es un ser mitológico de carne y hueso, de triunfos y miserias sobre sus hombros (...) pero sobre todo de luchas y superación.

Diego Maradona
Diego MaradonaEFE

Muy pocos son los seres que llegan a ascender a un estadío de mito. El pibe de oro de Fiorito fue uno de ellos. Llegó a trascender las barreras de los comunes y se sentó, para no irse nunca más, de ese lugar exclusivo de los tocados por la Mano de Dios.

Sin embargo, todo tiene un precio en la vida, ser un mito cobra vivir entre el paraíso y el infierno, a que las preocupaciones más profundas del hombre tomen otras dimensiones. En ese sentido, el mito le impidió volver a ser el pibe de Mama Tota, pero nunca le arrancó la necesidad de ser el hijo de Mama Tota.

El Diego de la gente, el amado y odiado por muchos no es una obra de Homero, es un ser mitológico de carne y hueso, de triunfos y miserias sobre sus hombros, de alegrías y tristezas en su rostro, pero sobre todo de luchas y superación. Las adversidades fueron su pan de cada día, a muchas logró vencer, a otras nunca las pudo esquivar.

Si bien, el Pelusa, no se enfrentó a grandes ejércitos como Ulises y Leónidas, si batalló contra el hambre, las exageraciones, la fama y con una blanca mujer de misterioso sabor y prohibido placer, que lo hizo adicto al deseo de usarla una y otra vez, para terminar siendo su talón de Aquiles en un partido de vida o muerte.

Un 22 de junio de 1986 ascendió a la cima del mundo. Entre el smoke y los escombros de la Ciudad de México se hizo prócer, destronó a San Martín y, sobre la voz de Víctor Hugo Morales, danzó con su mujer para cobrar a los pibes caídos en Malvinas. El imperio inglés nunca le perdonó semejante talento y picardía.

Más tarde, ya abatida la Reina Isabel, pero Diego con el tobillo destruido, se enfrentó a la mafia de la FIFA y a la mafia italiana. Otra vez volvió a vencer al poder. Le arruinó la fiesta, como Jesús a los mercaderes del templo, y otro milagro volvió a surgir de sus pies. Nunca le perdonaron semejante acto de rebeldía. De ahí en adelante cargó con la cruz de no venderse al poder.

Pero estos infames, que están en todas las historias como falsos héroes o villanos, no descansaron hasta verlo caer. Le tendieron una trampa, para entregarlo, como Judas, un 25 de junio de 1994. Diego declaró: "Juro por mis hijas que yo no me drogué, que yo no tomé ninguna sustancia para que FIFA me deje afuera de este Mundial. No quiero dramatizar, pero créeme que me cortaron las piernas".

Diego volvió a levantarse, pero los años habían pasado, y ni los seres mitológicos son perdonados por el tiempo y ante su irreversible envejecimiento declaró: “Yo me equivoqué y pagué, pero la pelota nunca se mancha”.

Hoy 25 de noviembre de 2020, fecha en la que partió su amigo y comandante Fidel, se fue el ser mitológico y nos dejó de su leyenda plagada de gambetas y hazañas. Amigos de los pueblos y de las luchas de Abya Yala, nos enseñó a luchar frente a la adversidad y a pedir perdón a nuestros hermanos cuando hemos errado. Gracias Diego.

El autor es sociólogo