Temas Especiales

11 de May de 2021

Eric Santamaría Vallejos

Columnistas

Sofisma de las propuestas de formación profesional

En un reciente escrito publicado sobre la empleabilidad desde la educación superior, respetuosamente compartimos muchos de los enunciados vertidos, sobre todo, en las primeras líneas, en donde resaltaba que es esfuerzo mancomunado del sector privado y del Gobierno.

En un reciente escrito publicado sobre la empleabilidad desde la educación superior, respetuosamente compartimos muchos de los enunciados vertidos, sobre todo, en las primeras líneas, en donde resaltaba que es esfuerzo mancomunado del sector privado y del Gobierno. Pero en el último tercio del artículo, dejan entrever sin reparo la autora y sin desparpajo el interlocutor, los objetivos aviesos de sus líneas, que es hacer ver, sin fundamentos, que las instituciones guardianas del fiel cumplimiento del espíritu y letra de lo preceptuado en la Ley 52 del 2015, son lentas en dar respuesta a las propuestas de nuevas carreras o de su actualización.

Señores lectores, tenemos que aceptar que los interesados de las universidades particulares hacen formal entrega de su documento-propuesta, que llena el cometido de la forma, pero cuando los docentes evaluadores entran a ver la sustancia de la forma, se encuentra con bellezas o incongruencia curriculares, tal como presentar un diagnóstico, que es la génesis de la propuesta, en donde se derivan los objetivos, los valores, las competencias, amorfo, escuálido e insulso.

Por consecuencia, la famosa malla curricular, que es la red neuronal que une la propuesta con los indicadores de logros, no es más que una red cualquiera, que la adornan con asignaturas con nombres pomposos, pero con contenidos desarticulados y lo peor, soportada por bibliografía que saben que existen, pero que no adquieren.

Es cierto que, cuando se aprueban las propuestas, sus contenidos son obsoletos. Esto es así, ya que en ir y venir corrigiendo sus entuertos curriculares, transcurre el tiempo, y se tornaron anticuados, ya que venían no así, sino por inadecuado.

La educación superior gestionada por las universidades particulares es un contrato, que, a cambio de una colegiatura, según carrera elegida, dado un tiempo, el discente espera aprehenderse de unas competencias para llevar de manera adecuada e idóneas una profesión. En donde las propuestas son parte de este (contrato).

El discente sabe y conoce que el aval por parte de las instituciones destinadas para tal fin, le dan confianza y seguridad en su inversión. ¿Por qué cree usted que lo primero que preguntan los interesados es si está reconocida y avalada la oferta educativa que se mercadea?

Pretender que con escrito de tipo “caballo de troya”, como el que denunciamos, van a demeritar el denodado esfuerzo de la Comisión Técnica de Desarrollo Académico (CTDA), como garante constitucional del proceso de verificación y control de la calidad de los servicios educativos prestados por las universidades privadas, se equivocan y dejan, cada vez más, evidencias de sus reales propósitos de querer actuar a la libre, sin controles y supervisión curricular que garanticen y aseguren los procesos de calidad de la formación en el nivel superior. No hacerlo es ser cómplice por omisión.

Docente titular, Universidad de Panamá.