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28 de Feb de 2021

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Modesto A. Tuñón F.

Columnistas

Pesca comunitaria

“No es solo denunciar y esperar que otros sancionen. Hay que aprender sobre ese “daño al ecosistema”, como dijera una residente del área y aprender a establecer vínculos productivos con él”

La primera noticia surgió en las redes sociales y circuló con tal profusión, que fue recogida en las cadenas televisivas por la carga visual que esos temas contienen. En el río Palomo, que atraviesa el distrito de San Miguelito, los vecinos de Samaria habían visto peces muertos; flotaban y fueron arrastrados por la corriente. Comprobaron con sorpresa que allí algo diezmaba el cardumen.

Las autoridades ambientales iniciaron las investigaciones para determinar las causas del posible envenenamiento de la fauna de este sitio. El cauce nace en los macizos montañosos y se adentra en las populosas comunidades, que lo utilizan como vertedero de residuos tanto domésticos como de negocios y plantas industriales existentes en las márgenes del recorrido fluvial. La mortandad ictiológica es una de las consecuencias del grado de contaminación.

Los involucrados hablaron de una espuma que recorría la superficie. Pidieron una indagación para determinar el origen. Generalmente, ocurre en ese orden; los quejosos apremian para saber qué les afecta y demandan se tomen medidas para evitar el agravamiento de esas contingencias. Detrás de los acontecimientos, hay una merma de la biodiversidad en estas regiones que pierden su exuberancia originaria.

El alcalde de la región municipal, luego de encabezar una cuadrilla que se ocupó de sanear determinados sectores, informó que se coordina con el Ministerio de Ambiente para identificar las circunstancias del evento y los posibles responsables. Informó, además, sobre hechos similares que han ocurrido antes en otros lugares cercanos, como El Hueco, en el corregimiento de Pan de Azúcar.

Son indicadores puntuales, casos específicos que ilustran sobre las particulares formas de relación entre grupos de la población y recursos naturales que se afectan con los modelos de convivencia y la falta de una conciencia ciudadana sobre el valor real de su entorno. Igual, de las posibilidades de alcanzar un nivel más satisfactorio, aún en los espacios de menor capacidad socioeconómica.

Lo que no resalta en estos conflictos, es cuán esencial es mantener la vida animal en su estado normal. La sobrepoblación que caracteriza al ámbito en que se suscita este incidente, es un factor que juega en contra de una armonía de estos paisajes. Cada quien busca la manera más fácil de resolver sus problemas básicos y no advierte que en este esfuerzo no se puede ir en contra de otros o de todos; esto incluye la salud de los alrededores.

La otra reflexión que falta es determinar las opciones que existen para aplicar estrategias que permitan a través del desarrollo sostenible, organizar emprendimientos que garanticen un futuro para estos núcleos sociales. La respuesta está adelante y no se advierte. Tan solo la noticia de presencia piscícola abre múltiples rutas que podrían solucionar la situación de estas localidades humildes, rincón urbano lleno de necesidades de todos tipos.

Lo esencial es mantener este medio en un estado apto para que las especies que recorren por allí se desenvuelvan y la vida silvestre pueda convivir con los asentamientos. Hay posibilidades de pesca, turismo comunitario, establecimiento de puestos para brindar servicios a los visitantes. Estos pueden apreciar, recorrer, conocer lo que se desenvuelve en un escenario semicampestre y todos lograrían satisfacciones.

Al evitar el depósito de impurezas, se contará con un mejor desenvolvimiento integral. Es una responsabilidad de estos habitantes de una zona especial. No es solo denunciar y esperar que otros sancionen. Hay que aprender sobre ese “daño al ecosistema”, como dijera una residente del área y aprender a establecer vínculos productivos con él.

Es menester conocer los ciclos del recorrido de la basura o de tanques sépticos, transformar alcantarillados deficientes y no dirigir las tuberías caseras hacia el lecho acuático.

El aleccionamiento empieza en los moradores y se fortalece con el esmero institucional en beneficio de la cultural ambiental local. En Samaria, sería una tremenda experiencia.

Periodista