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08 de May de 2021

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Eduardo Antonio Quirós B.

Columnistas

La guerra de las vacunas

“Mientras, nos vamos dando cuenta de que, a pesar de esta gran tragedia para la humanidad, el mundo no está siendo mejor, aspiración de todos cuando esto empezó”

Erróneamente pensaba que la palabra rebatiña era muy nuestra y fui, primero, a buscarla en el diccionario de panameñismos. Para sorpresa, la encontré bien ubicada en el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua.

La definición explica exactamente lo que está sucediendo en el mundo con las vacunas contra la COVID-19. “Acción de coger deprisa algo entre muchos que quieren cogerlo a la vez”.

La vacuna es el esperado milagro de la ciencia y las grandes mayorías quieren su pedacito de milagro. Además, si logran la efectividad que están supuestas a tener, una vez se masifique su suministro, empezaríamos a acercarnos al principio del fin de la pandemia, lo que sería una gran noticia y permitiría acometer a cada país, con menos incertidumbre, el gran rescate de sus economías.

Los países -entre ellos Panamá- han elaborado sus planes de vacunación en base a los acuerdos negociados con las casas fabricantes. Pero, los despachos han empezado a retrasarse y a disminuir sus cantidades.

En España, por ejemplo, tanto la Comunidad de Madrid como Cataluña han anunciado la suspensión de sus programas de vacunación por diez días, simplemente porque no tienen vacunas.

Inicialmente, la empresa Pfizer manifestó que sus dilaciones serían debido a modificaciones en sus líneas de producción; luego llegó el anuncio de retrasos también por parte de AstraZeneca.

La Unión Europea reunió su consejo más importante para exigir a las empresas farmacéuticas transparencia. Italia amenazó con acciones legales. Han ido subiendo el tono de sus declaraciones y acciones. “Claridad y compromiso” con los acuerdos alcanzados, le han llegado a reclamar. De hecho, la Unión Europea envió inspectores a la fábrica de AstraZeneca para confirmar si realmente tienen problemas de producción.

El director general de la Organización Mundial de la Salud ha hablado bastante claro, aunque da la impresión de que no lo escuchan mucho -no, al menos, los que deben-. Advirtiendo que las empresas farmacéuticas y los países (los diez más poderosos que tienen el 75 % de las vacunas producidas) están vulnerando los acuerdos adquiridos a través de la “Alianza Covax”, que busca garantizar un reparto equitativo en el mundo de las vacunas, debido a que están “inflando los precios” para acaparar más vacunas.

El doctor Tedros Adhanom Ghebreyesus, de la OMS, dijo textualmente y con indignación: “La promesa que hicimos de que la distribución de la vacuna iba a ser equitativa está en serio peligro”.

Aún más grave sería añadir los análisis de “The Economist Intelligence Unit”, que plantean que 85 Estados con escasos recursos no podrán acceder de forma generalizada a la vacuna hasta, por lo menos, el 2023.

Una investigación del diario “The Washington Post” reveló las diferencias de precios que se estarían pagando por cada dosis algunos países (recordemos que los contratos son secretos). En números redondos, la vacuna Pfizer-BioNTech estaría cobrando a Israel 23 dólares, a Estados Unidos 19 dólares y a la Unión Europea 14.50 dólares. Por su parte, la de Moderna cobraría a Israel 23 dólares, a Estados Unidos 14.50 dólares y a la Unión Europea 18 dólares.

Panamá es un país pequeño, con poca población, en comparación con otros, pero tenemos algunas ventajas competitivas de las cuales debiéramos echar mano en medio de esta guerra de las vacunas. En fin, al menos, debemos estar lo mejor informados posible como ciudadanos.

A todo esto, hay que sumarle que producto de la confidencialidad comercial de los contratos, exigida por las farmacéuticas, se tiñe de opacidad todo un proceso que debiera ser lo más transparente posible, o al menos a eso debemos aspirar. Algunos países con mayores recursos ya están planteando a las empresas hacer públicos los contratos.

Mientras, nos vamos dando cuenta de que, a pesar de esta gran tragedia para la humanidad, el mundo no está siendo mejor, aspiración de todos cuando esto empezó.

Abogado, presidente del Grupo Editorial El Siglo - La Estrella de Panamá, GESE.