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06 de Mar de 2021

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Rafael Carles

Columnistas

Filosofía del Movimiento de Alimentación Saludable

“[…], esos mercaderes, […], […] sutilmente se están dando cuenta de que la filosofía de vida de los movimientos de alimentación saludable tiene más sentido de lo que pensaban antes”

Para que un movimiento social, como el de alimentación saludable, tenga propiedades tan únicas y aparentemente tan variadas sugiere la posibilidad de una explicación profunda. Y de hecho hay una: el movimiento de alimentación saludable encarna un profundo cambio filosófico en la forma en que pensamos y actuamos en esta vida.

El discurso sobre la política alimentaria mundial, especialmente después de 1945, ha sido que la comida es una mercancía y la agricultura es un negocio. Según esta narrativa, ninguno tiene mucho que ver con el medio ambiente ni con la salud de las personas. Esta conceptualización económica de la comida es una extensión ideológica de la actual filosofía occidental, la cual implica que, en el mundo de los negocios, el Gobierno, la ley, la educación y los fenómenos se presumen desconectados hasta que la ciencia demuestre lo contrario.

La evidencia de esta mentalidad es ubicua. Miren, por ejemplo, lo que ocurre en Panamá con la separación de los ministerios de Salud, Desarrollo Agropecuario y Mi Ambiente, con lo cual se demuestra nuestro punto de que la comida ha sido reducida a una especie de materia prima industrial, completamente medible por rendimientos o ganancias. Esa misma ideología también permite que la industria agrícola esté exenta del cumplimiento de la mayoría de las leyes de protección del medio ambiente y que los médicos no sean educados en nutrición.

Así pues, los ciudadanos de este país y del mundo entero están rodeados en la vida cotidiana por instituciones y prácticas cuya razón fundamental es la ideología de la desconexión. Y, gracias a los sistemas educativos modernos, llegamos a ver este estado mental como algo natural y también inevitable.

Por eso, los movimientos de alimentación saludables son algo muy diferente y que se resume de la siguiente manera: que el propósito de la vida es la salud y que la forma óptima y más justa de lograr la salud humana es maximizar la salud de todos los organismos, siendo la forma más efectiva de hacerlo a través de la comida.

Esta conclusión se deriva de la experiencia práctica y de ciertas observaciones científicas, como el uso del compost para mejorar el crecimiento de los cultivos y la función del suelo, la adopción de una dieta variada y balanceada para mejorar la salud humana y la eliminación de insumos sintéticos en la producción agrícola. También hemos observado conexiones poderosas entre la salud, la agricultura, el bienestar animal y el medio ambiente, vínculos que permiten la existencia de un círculo virtuoso en el que las fincas ecológicamente más sostenibles generan alimentos más saludables y sabrosos. Y que estas fincas en el largo plazo también son las más productivas y rentables.

Hasta ahora, el mercado y las empresas se identifican con estilos de producción en los que la competencia es predominante, pero esta identificación deja por fuera una verdad importante sobre la vida: que antes de que pueda haber competencia, primero debe haber al menos dos organismos. La vida puede, y a menudo existe, sin competencia, pero la competencia no puede existir sin la vida. En otras palabras, la visión de vivir para comer en vez de comer para vivir está equivocada, porque trivializa la biología.

Por eso, el nuevo enfoque del movimiento de alimentos saludables reemplaza ese punto de vista con la idea de que la vida prospera en presencia de otra vida. Y hay evidencias de esto: sabemos que todas las decenas de millones de especies en el suelo son interdependientes. No podría existir una sola especie si se eliminaran las demás. Las plantas y las algas excretan oxígeno, que todos los animales necesitan. Los animales comen plantas y algas, pero excretan nitrógeno y fósforo, que todas las plantas y algas necesitan.

Todos los organismos biológicos son de hecho sistemas perfectos. Por lo tanto, tienden a maximizar su propia salud a menos que, como ocurre desafortunadamente con mucha frecuencia, se les impida activamente hacerlo. Entonces, los alimentos saludables visualizan la vida de una manera completamente novedosa. Existe una gran diferencia entre ver la naturaleza con una mirada mercantilista que observarla lentamente con una mirada de que las interacciones entre los millones de especies que concurren en nuestro planeta son sistemas vibrantes y dinámicos que ayudan sinérgicamente a cada una. La desafortunada verdad para esos mercaderes de la comida es que, como lo demuestran las investigaciones recientes sobre el microbioma, la visión del movimiento de alimentos saludables se ajusta mejor a los hechos. Y prisioneros de su ideología mercantilista, esos mercaderes, poco a poco, han tenido que reconocer su equivocación y sutilmente se están dando cuenta de que la filosofía de vida de los movimientos de alimentación saludable tiene más sentido de lo que pensaban antes.

Empresario, consultor de nutrición y asesor de salud pública.