28 de Sep de 2021

Avatar del Eduardo Antonio Quirós B.

Eduardo Antonio Quirós B.

Columnistas

Redes para el populismo o la democracia

“Pero, siempre, pero… esas herramientas […], también, pareciera que últimamente, son muy eficaces en manos de líderes o movimientos populistas que van socavando la democracia”

Todos, en mayor o menor medida, utilizamos o somos influidos por las redes sociales. Plataformas o aplicaciones concebidas, desarrolladas y operadas para generar el intercambio entre personas (naturales o jurídicas).

Tendemos a pensar en las más grandes y abarcadoras, Facebook, Twitter, Instagram, YouTube o Snapchat, WhatsApp, WeChat, TikTok o LinkedIn, sin embargo, ya son cientos las que existen y, con más o menos usuarios, invaden nuestra vida cotidiana, en aspectos que van desde lo político y profesional hasta lo más personal y privado.

En el centro de estas plataformas está el ser desarrolladas de manera muy amigable (“friendly”), razón por la cual es tan fácil descargarlas e iniciar su utilización. Además, sus contenidos son, en principio y principalmente, básicos, cortos, sencillos, basados en imágenes, memes, gráficas o videos.

Vale la pena tomar en cuenta que su nivel de impacto en el tiempo es casi inverosímil, si lo observamos desde una perspectiva histórica. Cualquier otra herramienta trascendental -pensemos en la imprenta, el teléfono o los vehículos a motor- tomó décadas en tener una huella global. Sin embargo, entre la invención de Facebook y el que cientos de millones de habitantes del planeta activaran su cuenta en una o más redes sociales, pasaron tan solo unos cuantos años.

Un elemento interesante es que, en la gran mayoría de las redes sociales, es permitida la interacción de manera anónima. Aun cuando, no siempre exista plena conciencia de esto, es una importante característica que domina el espectro de las redes.

Por otro lado, son plataformas dinámicas y flexibles. Como administran una cantidad inimaginada de data (información, estadísticas, etc.), van ajustando sus parámetros de manera rápida y sin limitaciones significativas. Cuando Twitter empezó solo permitía micromensajes de 140 caracteres, rápidamente se dio cuenta de que eran pocos y, después de análisis, duplicó el número.

Esta realidad afecta la forma en que consumimos información y, también, la manera en que interactuamos con nuestros entornos.

Si reconstruimos como se informaba e interactuaba una persona hace cincuenta años, sería de forma bastante unidireccional. Leía el periódico, escuchaba la radio, veía la televisión, recibía o contestaba una llamada telefónica o una carta. Hoy, es bastante común que una persona promedio acceda a información por múltiples medios, con los que, además, puede interactuar, en algunos casos, por otra parte, revisa, constantemente, su correo electrónico, reciba o haga llamadas o videollamadas (entre dos personas o múltiples) y, entre tres y cinco, redes sociales, en muchas ocasiones para contactarse con universos bastante similares.

Todo esto, antes de las redes sociales, lo había planteado un pensador norteamericano (Chandler Harrison Stevens), cuando planteó que la comunicación originalmente de “uno a muchos”, se transformaría a una “comunicación de muchos a muchos”.

Desde el mundo de la política ha tenido consecuencias interesantes. Por una parte, podría decirse que ha sido beneficioso para fiscalizar al poder, denunciar los abusos y actos de corrupción, movilizar protestas, ejercer la libertad de expresión y, hasta, aumentar la participación democrática.

Pero, siempre, pero… esas herramientas (por llamarlas así) que sirvieron para detonar la -ya emblemática- Primavera Árabe y otras muchas luchas cívicas y sociales alrededor del mundo, también, pareciera que últimamente, son muy eficaces en manos de líderes o movimientos populistas que van socavando la democracia. Teniendo claro que mucho de esa eficacia viene dada de la utilización sin ningún tipo de criterio rector o escrupuloso. En fin, para mentir, fomentar la polarización, la confusión y, hasta el odio.

El cuchillo que se usa para cortar el pan también puede servir para herir o matar.

Algunos piensan que aún es demasiado temprano para poder dimensionar cuánto va a cambiar (cambios de fondo) nuestro mundo frente a esta realidad, lo cierto es que, hoy día, los análisis y las proyecciones se tornan confusos para abordar un planteamiento que debemos hacernos, cada vez más.

Como lograr que todos estos avances tecnológicos y comunicacionales no sirvan para que el populismo deteriore más la democracia o, “contrario sensu”, como ponerlos al servicio de una democracia más participativa.

Abogado, presidente del Grupo Editorial El Siglo - La Estrella de Panamá, GESE.