28 de Sep de 2021

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Modesto A. Tuñón F.

Columnistas

Mercado y especulación

“La realidad histórica del país ha creado condiciones propicias para el surgimiento de un elemento: los especuladores, […]”

Sorpresa. La caja registradora marcó un precio más alto de la mantequilla; bastante significativo con relación al acostumbrado. Pero no era un asunto singular. Cada producto que iba marcando tenía su costo superior y esto evidenciaba que se había subido, quizás, la mayoría y que, ahora ese supermercado tenía un aumento promedio en las tarifas de toda su existencia y su canasta particular se había encarecido.

Hice el comentario a la cajera, que no respondió con gesto alguno y solo se limitó a mirar hacia otra dirección. “Oiga, aquí modificaron las etiquetas y ahora hay que sacar más dinero de la cartera”. Esa cadena comercial de pronto había hecho el cambio, y dejaba de ser aquella nueva opción con los ofrecimientos más accesibles para el público. ¿Qué determinaba tal política comercial? ¿Por qué había encarecido el consumo?

Cualquiera podría recomendar que, ante semejante panorama, sería necesario acudir al ente encargado de dar seguimiento al desenvolvimiento de oferta y demanda y, por tanto, a la protección de los consumidores. Pero eso resulta improbable, pues la respuesta que ofrecerían es que la realidad o dinámica del mercado constituye el factor que determina lo que se paga por lo que se adquiere y no se puede exigir.

Cuando las circunstancias permitieron abrir los negocios, en un momento de la pandemia que nos circunda, las tiendas empezaron a deshacerse de la mercancía y surgieron anuncios de remates, dignos de aprovechar. Esto no era más que una estrategia para desahogar la existencia y preparar las condiciones para rellenar los estantes con las mercaderías que se guardaban en los depósitos.

Luego de esta ola y el entusiasmo de los compradores que, por fin, podían entrar a los establecimientos para vaciar los anaqueles; viene la nueva fase de reacomodar la situación y reajustes, incluso para recuperar algo de la tendencia de baja experimentada durante gran parte de 2020. Y esto supone incrementar el valor de lo que se alcanza. Ese segmento que existe entre los productores y los vendedores se puso en marcha.

En los precios, de la Canasta Básica de Alimentos, han ocurrido hechos significativos. Veamos: en tres cadenas de diferentes supermercados hay variaciones en el total de lo que se ofrece entre marzo de 2020 y el mismo mes en 2021. Una de ellas tiene un precio de 284.60 en la primera fecha y este año, 287.73; la segunda, 272.72 y luego 273.55; la tercera presenta primero 303.75 y ahora 306.77.

Esta información corresponde al seguimiento de la Autoridad de Protección al Consumidor y Defensa de la Competencia (Acodeco) y permite colegir que, en el primer caso, el aumento ha sido de 3.13; en el segundo, .83 y en el tercero, 3.02. Parecieran cifras insignificantes cuando se aprecian en conjunto; pero en la propia experiencia de cada quien, al recorrer los pasillos, percibirá transformaciones que afectan seriamente su bolsillo.

Si bien existe un escenario donde intervienen dos actores básicos que definen lo que pasa con algo tan particular como el valor; éste se condiciona por múltiples aspectos y si no, que lo digan los cebolleros de Natá, en Coclé, que por lo menos salen a quejarse dos veces al año por condiciones que van desde la aparición de plagas, la subida del río Chico y hasta cuando les demoran la compra de las existencias.

La realidad histórica del país ha creado condiciones propicias para el surgimiento de un elemento: los especuladores, que son expertos en condicionar de diferentes maneras la velocidad de marcha con acciones que llegan hasta promover escasez ficticia y, quitar en anonimato el poder a los protagonistas principales para hacer que la carga del esfuerzo recaiga sobre quien es el destinatario final de las cadenas de suministro y, además, paga.

Los exabruptos deben ser eliminados para no encontrar sorpresas en las cajas.

Periodista