28 de Sep de 2021

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Orlando Acosta Patiño

Columnistas

Pandemia: ¿qué aprendimos de la soledad? (1)

“Hace más de 365 días que la pandemia nos impuso severas condiciones de socialización. El miedo se apoderó de la Sociedad […]”

Uno de los rasgos más terrible de la pandemia de la COVID-19 ha sido el miedo y la soledad impuesta por el aislamiento. Todos quedamos distantes de nuestros núcleos familiares y relaciones. Hijos lejos de los padres. Abuelos lejos de nietos. Tíos lejos de sobrinos. Amigos, lejos de los amigos. Niños lejos de las aulas, de sus amigos y maestros. Pasó un año y algo más, hasta que la distancia impuesta por la COVID-19 fuese rota. Poco a poco lo social fue abierto con timidez, bajo estrictas medidas de distanciamiento social: mascarillas que ocultan los rostros y hasta cuestionables pantallas faciales, que, según algunos expertos, no sirven de nada. Tampoco para ocultar el dolor de los muertos. Los encuentros volvieron. Fotografías en redes sociales, algunas con bocas tapadas y sonrisas sugerentes. Algunas allí, otras ausentes. Siempre los ojos tristes. Las escuelas regresaron, pero no fue para todos. Los números de las deserciones escolares dicen mucho de las disparidades y las iniquidades del sistema que no hemos sido capaces de romper.

De las vacunas y el proceso de las mismas, no voy a comentar. Algunos dicen que solo ha servido para flexibilizar las medidas o acrecentar el aislamiento. Depende desde donde lo mires.

Las actividades deportivas y al aire libre restringidas por género, por día de la semana. No hubo baños de mar y el “que se la rifó de la mano de Dios” bien tuvo una sanción de la autoridad o no pasó nada. Otras Autoridades desafiaron la restricción y le sacaron la lengua a los ciudadanos del distrito de Panamá, ¿recuerdan al burgomaestre en Coronado? Yo no olvido.

Las patologías de salud mental que ha impuesto el aislamiento y la no socialización han sido de los temas menos comentados y expuestos en medios y menos en las conversaciones cotidianas. Los suicidios, los aislamientos involuntarios, los ataques de ansiedad, por nombrar los menos visibles o lo “no hablado”, son asuntos de todos los días. ¿Qué hemos aprendido del aislamiento social que ha impuesto la COVID-19?

Hace más de 365 días que la pandemia nos impuso severas condiciones de socialización. El miedo se apoderó de la sociedad, hundiendo los dientes del condicionamiento social a mantenernos alejados, silentes, sin sonrisas y sin contacto alguno. No hay sonrisas detrás de las mascarás. Los tratos se sellan sin darse las manos ni mirarse a la cara. Tiempos difíciles para los niños y adolescentes que requieren el socializar como parte de los procesos de crecimiento. …

Ingeniero