18 de Sep de 2021

Julio César Caicedo Mendietaopinion@laestrella.com.pa

Columnistas

El Toro es incapaz de asesinar animales

“[…] ese doctor no se atrevería a meterse ni cinco minutos en las orillas del parque Nacional Soberanía, por temor a que se lo coma un meracho, menos que un león le dé una amajada cuando se dé cuenta de que en la excursión anda un toro”

El Toro no es capaz ni de matar una mosca siquiera y menos animales domésticos o fieras, aún así, hace pocos días salieron unas fotos mostrando al ex presidente de Panamá, doctor Ernesto Pérez Balladares, junto a dos cadáveres: un leopardo y un enorme elefante, ambos cazados en las sabanas africanas. Por lo limpiecitos y bien vestidos que estaban, tanto el negrito empleado de turismo como el vivazo del Toro, revelaron señales inequívocas de que se trató de una sesión de poses para fotografías, que, generalmente, están en el paquete de esas excursiones para gente de mucha plata.

Se dice que el Toro es de mucho carácter, prepotente, grosero, inteligente y capaz. También lo relacionan con (el puente) Van Dam y que, por algo, los gringos le quitaron la visa para entrar a cualquier parte del territorio de los EE. UU. Pero yo no me alegro de todos esos comentarios ni tengo por qué tomarlos como ciertos, pero lo que sí es verdad es que estamos ante el primer expresidente de nuestra especial República sobre el que la gente de pueblo, de todas las edades, no ha dejado de escuchar algo malo o perverso de él por casi 30 años.

El Toro, en forma inocente y sin pretenderlo, hace recordar al personaje de las historietas del dibujante argentino Lino Palacios, Avivato. La mayoría de los graduados de secundaria en la República de Panamá pertenecientes a las gloriosas generaciones 1964: institutores, la Profesional, Pedro Pablo Sánchez, Félix Olivares, la Normal de Santiago y tantos quedados en mi tintero, conocieron al Avivato, pues salió en La Estrella de Panamá por muchos años. Casi todos los valientes vivos del 64 que he consultado sobre el expresidente me han asegurado que sí, que el Toro tiene cosas de Avivato, pero que no cuenta con el valor suficiente como para ser un asesino de animales.

Miren, muchachos nuevos, las apariencias engañan y ese doctor no se atrevería a meterse ni cinco minutos en las orillas del parque Nacional Soberanía, por temor a que se lo coma un meracho, menos que un león le dé una amajada cuando se dé cuenta de que en la excursión anda un toro.

Pero lo que sí denota a leguas el expresidente es buena salud, gracias a DS, y eso se consigue a esa edad contando con paz y comiendo todos los días café negro, tortilla de maíz viejo con carne asada, chicharrón o huevo. Ahora, no recomendamos a la juventud tomarse ese tipo de fotos, así como tampoco imitar las estafas en las caricaturas de Avivato, pues están muy lejos de representar seres humanos dignos del aprecio tanto de la opinión pública como privada.

Pero, en el caso istmeño, la pequeñísima influencia del Avivato sobre el Toro no es nada, pues la fauna pesada ha crecido en forma exponencial, reflejándose cabalmente en el nidal de verdaderas fieras panameñas capaces de tragarse al mundo como un buche de agua. Quién quita que los puertos, las minas y otros negocios poco “sanctos” quiten visas para Disneylandia.

Economista, escritor costumbrista.