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20 de May de 2022

Columnistas

Por qué miles de haitianos llegan a nuestras fronteras

“En contexto, los haitianos no saben qué futuro les espera, pero tienen claro que no desean volver a Haití”

La comunidad internacional fue testigo de cómo un grupo de hasta 13 000 haitianos, que estaban bajo un puente fronterizo entre México y EE. UU., en un precario campamento, se mantenían a la espera de que sus peticiones fueran procesadas por las autoridades estadounidenses.

Muchos intentaron huir del lugar al ser negadas sus solicitudes, precisamente para evitar ser llevados de regreso a Haití, lo que causó enfrentamientos y persecuciones de la Patrulla Fronteriza.

No obstante, lo acontecido estos últimos días responde a una crisis migratoria que viene desarrollándose desde hace tiempo y que afecta a toda la región.

Aquí cuatro claves para entender lo que está pasando:

1.- La mayoría no procede directamente de Haití

Haití ha pasado en las últimas dos décadas por crisis que le han impedido superar su prolongada pobreza.

Dos grandes terremotos, huracanes, inestabilidad política y económica, violencia en las calles y hasta el reciente asesinato del presidente Jovenel Moïse han obstaculizado cualquier proyecto de desarrollo, tanto nacional como multinacional.

La ONU estima que casi cuatro millones de haitianos, de cerca de 11,5 millones, padecen inseguridad alimentaria.

Años atrás, miles de haitianos buscaron nuevas oportunidades en Suramérica, principalmente en países que les permitieron acceder sin visa, como Chile y Brasil, esto producto del auge de la construcción y la minería.

2.- ¿Por qué ahora?

Si bien muchos haitianos han intentado establecerse en países de América Latina, los que se han marchado hacia Estados Unidos tuvieron que hacerlo por la falta de un buen empleo o un estatus legal.

A eso se suma la promesa del presidente Joe Biden de que la política migratoria sería menos dura bajo su Gobierno, y la reducción de algunos controles fronterizos en países latinoamericanos impuestos durante la pandemia de COVID-19.

Pero el flujo actual de haitianos se debe a que Estados Unidos amplió hasta el 2023 el programa TPS, que brinda un estatus de protección temporal a quienes ya están en su territorio.

3.- El Título 42.

La política antiinmigratoria del presidente Donald Trump redujo las posibilidades de solicitar asilo en EE. UU. y la pandemia de coronavirus limitó aún más las opciones para acceder al país.

“[…] lo acontecido estos últimos días responde a una crisis migratoria que viene desarrollándose desde hace tiempo y que afecta a toda la región”

El Gobierno de Biden ha mantenido la activación por parte de su predecesor del conocido como Título 42, una excepción en la ley de salud del país, que permite restringir la entrada de extranjeros por vía terrestre por motivos sanitarios, incluso para quienes tienen visa.

En resumen: la frontera está cerrada para actividades no esenciales y eso incluye a los solicitantes de asilo o refugio.

La norma, además, permite a las autoridades de Aduanas y Protección de Fronteras la deportación inmediata de extranjeros indocumentados.

4.- La crisis en otras fronteras

Lo que ocurre en EE. UU. es solo una parte de la alarmante situación que se vive en otras fronteras del continente por la llegada masiva de migrantes.

La Defensoría del Pueblo de Colombia informó que hay unos 19 000 migrantes (un número récord) varados en la ciudad de Necoclí, a la espera de un turno para cruzar a Panamá, país que permite la entrada de 250 por día, por motivos sanitarios.

La mayoría de ellos son haitianos, pero también hay migrantes de Venezuela, Cuba y países de África. Las malas condiciones en las que aguardan han generado problemas sanitarios para adultos y niños, además de la falta de alimentos.

Desde ahí hacen un peligroso recorrido por las selvas y pantanos del Darién para continuar por los países de Centroamérica.

En coordinación con EE. UU., la mayoría de los Gobiernos centroamericanos ha aplicado controles más estrictos sobre los migrantes que cruzan sus fronteras, lo que ha llevado a confrontaciones con migrantes que se quejan de la lentitud del proceso.

En contexto, los haitianos no saben qué futuro les espera, pero tienen claro que no desean volver a Haití.

Marie Chickel, de 45 años y con dos hijos de 10, explicó que no pudo dormir en el campamento de Ciudad Acuña, México, porque había rumores de una redada de agentes migratorios mexicanos.

Viajó desde Chile, pensando que podría entrar a EE. UU. y ahora está en la incertidumbre.

«Si no puedo cruzar [a EE. UU.] y si puedo encontrar papeles aquí para trabajar, para enviar a mis hijos a la escuela, puedo darle las gracias a Dios», dijo a la agencia AFP.

Esta misma realidad es la que ahora tienen en la mente miles de haitianos varados en la frontera entre Colombia y Panamá. Quedarse en el país y vivir hasta que mejoren las posibilidades de continuar su travesía hacia el norte.

Otros haitianos del lado estadounidense no fueron informados de que serían devueltos a su país, lo que causó la ira de quienes han llegado a Puerto Príncipe de manera sorpresiva.

(*) Ex director general del Servicio Nacional de Fronteras (Senafront), consultor estratégico en seguridad nacional.