30 de Nov de 2021

Columnistas

200 años de lucha por la liberación nacional y justicia social

“La independencia de 1821 fue el final de tres siglos de dominación española, su análisis contextual, contrario a lo que sostienen pocos historiadores, no debe hacerse al margen de las luchas de indígenas ni cimarrones […]”

El Bicentenario de la Independencia de Panamá de España, que se conmemorará el próximo 28 de Noviembre, plantea un escenario de reflexión sobre la evolución histórica del Istmo y la lucha por alcanzar la liberación nacional y mejores condiciones de vida.

Ricardo J. Alfaro, quien fuera presidente vitalicio de la Academia Panameña de la Historia, sostuvo, en un escrito titulado “La Independencia de Panamá y su fecha”, que: “por el pronunciamiento del 28 de noviembre de 1821 lo que hizo Panamá fue pasar de dependencia española a la dependencia colombiana. No hubo siquiera una solución de continuidad entre las dos dependencias porque el mismo acto popular que rompió la primera anudó la segunda”.

Lo acotado resulta categórico con el fin de interpretar lo acaecido a partir de la segunda mitad del siglo XIX, caracterizado por el objetivo emancipador frente a la Gran Colombia, demostrado con el movimiento anseatista de 1826 y los intentos autonomistas de los años treinta.

Con la adhesión a la Nueva Granada (1832), predominaron los intereses comerciales de los grupos del intramuro, que mantenían un distanciamiento con sectores del denominado arrabal. Panamá en este período enfrentó una doble dominación: la de Colombia con su centralismo y el expansionismo estadounidense, ratificado con el tratado de 1846. A pesar de que el pueblo, conformado por mestizos, indígenas y etnia negra, no tuvo mayor participación en la dirección del Gobierno departamental, estos fueron protagonistas de hechos patrióticos que dieron un viraje a la política intervencionista, como se dio con el Incidente de la Tajada de Sandía de 1856.

El levantamiento de Pedro Prestán en Colón contra la política de Rafael Núñez y la represión sistemática, desde Bogotá, contra líderes liberales de raíz popular, como Buenaventura Correoso y otros, desplazados del poder federal, crearon las condiciones para la incorporación de los panameños en la Guerra de los Mil Días.

Un aspecto importante fue el ascenso de una clase obrera que se consolida a raíz de los trabajos de construcción de la vía interoceánica. Estos tendrán un papel relevante en el siglo XX, en pro de la defensa de sus derechos laborales y sociales. Ejemplo de lo afirmado se patentó en las huelgas inquilinarias de 1925 y 1932, y en las jornadas por alcanzar mejores condiciones de trabajo en las fábricas y talleres, sobre todo para las mujeres, siendo una de sus principales líderes, Marta Matamoros.

La Guerra de los Mil Días, con su estela de jóvenes patriotas fallecidos, marcó el inicio de la centuria pasada e hizo vibrar el nacionalismo. Este acontecimiento, sumado al asesinato de Victoriano Lorenzo, y luego, del poeta León A. Soto, mostraron la posición irrenunciable de libertad de los panameños, que estaban de acuerdo con el reinicio de los trabajos de construcción del Canal, pero no al precio de ceder la soberanía del Istmo, como consta en distintas proclamas emanadas durante la discusión del Tratado Herrán-Hay y que están recogidas en un informe del año 1911 suscrito por Juan B. Pérez y Soto. En sus páginas aparecen distintas resoluciones municipales y civiles, una de ellas firmada por la Sociedad de la Unión, que indica su oposición al precitado tratado “por enajenar gran parte del territorio”.

Estas páginas de dignidad y heroísmo evocadas desde 1821, fueron traicionadas el 3 de noviembre de 1903, por la burguesía liberal y conservadora, al aceptar un lesivo Tratado Hay-Bunau Varilla, que cedió gran parte de la geografía nacional a los estadounidenses y creó un Estado mediatizado, negando por completo la aspiración plena de libertad que sus antecesores habían proclamados con el Estado del Istmo de 1840.

La celebración del Bicentenario debe resaltar los eventos que allanaron el camino hacia la verdadera independencia colonial materializada el 31 de diciembre de 1999, con el cumplimiento de los Tratados Torrijos-Carter. En este transitar se hayan múltiples eventos, héroes y mártires, como los del 9 de Enero de 1964, que dieron su vida por hacer de Panamá un país libre de ataduras extranjeras.

La independencia de 1821 fue el final de tres siglos de dominación española, su análisis contextual, contrario a lo que sostienen pocos historiadores, no debe hacerse al margen de las luchas de indígenas ni cimarrones, menos de las proezas del ejército liberador de Bolívar con sus grandes triunfos, como el de Boyacá y Carabobo. Los doscientos años que transcurrieron después del 28 de Noviembre constituyen la reafirmación del ser nacional panameño y su lucha permanente por alcanzar la liberación nacional del país.

Abogado-historiador.

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