01 de Dic de 2021

Columnistas

Apuntes históricos: la realidad sobre el 3 y 4 de Noviembre de 1903 (2)

“Acoto aquí: no fue un movimiento burgués, fue un movimiento del pueblo de Panamá junto a sus próceres, buscando su propio bien: el de ser libres, logrando una nueva Patria”

Estamos de acuerdo en aceptar que hubo cuatro razones fundamentales para la separación, a saber: el fracaso del canal francés; la derogación de la Constitución de Río Negro en 1886, lo cual política y administrativamente volvía a poner al Istmo de Panamá en la misma situación de centralismo total, de antes de 1850, sin Estado federal; la Guerra de los Mil Días. Porque era la constante del clima de incertidumbre política que vivió Colombia desde su propia independencia, por la lucha enconada de los partidos Liberal y Conservador. Por ello, la guerra que nace en Santander se traslada al Istmo, al final de esta guerra los daños económicos eran enormes, la miseria total, aunado, más que nunca, al proyecto para sacar a Panamá de esa pobreza extrema, que estaba aún siendo negociado, no había nada claro.

En ese ínterin de debacle económica y política, se ve por un momento un rayo de esperanza, el Tratado Herrán- Hay, negociado entre Colombia y Estados Unidos, sin ningún panameño presente. Esto se negociaba “sobre” y no “con” nosotros, esto debe quedar bien claro, porque nosotros los istmeños estábamos a expensas de las decisiones de otros. No hay una conspiración burguesa, de intereses ocultos o masónicos aquí, el rechazo del Herrán-Hay, por parte del Senado colombiano, el 5 de agosto de 1903, fue la última gota del vaso; así debe entenderse, porque simplemente este tratado, que implicaba una inversión extraordinaria en el Istmo, implicaba también progreso y oportunidades económicas, que no se tenían en ese momento, por el estado paupérrimo de las finanzas y que estábamos bajo un Gobierno centralista, cuya Constitución política era eminentemente conservadora.

No quedó otra razón más que lograr la separación, que también, dicho sea de paso, Panamá tuvo varios intentos separatistas a todo lo largo del siglo XIX.

De tal manera, en la madrugada del 3 de Noviembre de 1903, llega a la ciudad de Colón el cañonero colombiano Cartagena, con el batallón de Tiradores, compuesto de 500 soldados, porque el gobernador, José Domingo de Obaldía, había alertado a Colombia sobre una posible invasión al Istmo desde Nicaragua, para despistarlos, porque se sospechaba de nuestros deseos, pero Colombia asumió la realidad de una revuelta en el Istmo y por ellos despacha soldados a esta locación.

La noticia de la llegada de las fuerzas colombianas llega a los conspiradores, los cuales entran en pesimismo, indecisión y angustia, porque era un batallón entero de soldados. En ese momento, cuando se abatía el infortunio, como de costumbre, con las cosas panameñas, doña María Ossa de Amador se llena de entereza y les propone un plan audaz e increíble, trasladar solo a los generales, para dejar al batallón sin dirigentes; la idea pareció única, así se comunican por telégrafo con el superintendente del Ferrocarril, Mr. J. R. Shaller, para que impidiera el traslado del batallón y trasladase únicamente a los dos generales colombianos José Tobar y Ramón Amaya. Al llegar a la ciudadela de Panamá, son trasladados al cuartel de las Bóvedas y son apresados de inmediato por el general Esteban Huertas, que ya contaba con 300 voluntarios en armas.

En la tarde, en el arrabal de Santa Ana ya se corría la voz de que “algo grande estaba pasando”, se sabía del arresto de los generales colombianos. En ese ínterin, el pueblo de Santa Ana, encabezado por el abogado Carlos Mendoza y Carlos Clemente, así como del general Domingo Díaz y Pedro Díaz, se trasladan a los cuarteles de Las Monjas a exigir las armas para defender a la nueva República.

Acoto aquí: no fue un movimiento burgués, fue un movimiento del pueblo de Panamá junto a sus próceres, buscando su propio bien: el de ser libres, logrando una nueva Patria.

En la tarde del 3 de Noviembre, según algunos historiadores, entre las 4 y 7 de la noche, primero se da un “Manifiesto a la Nación”, obra del abogado Eusebio A. Morales, posteriormente el Concejo Municipal de Panamá eligió la Junta del Gobierno Provisional, y, luego de ello, se leyó el Acta de Separación de Panamá de Colombia, redactada por el también abogado Carlos A. Mendoza. El pueblo se volcó a las calles y saludo con vítores el nacimiento de la República de Panamá.

Pero no había acabado, las tropas estaban en Colón aún, es entonces que el abogado Porfirio Meléndez toma la responsabilidad del enfrentamiento con las fuerzas colombianas, logrando, aún bajo amenaza a su propia vida, convencer a los soldados colombianos de desistir y retirarse, porque no podían ganar ni a la cañonera Nashville ni al pueblo y armado de Colón.

Así, en la tarde del 5 de Noviembre, luego de trasladar a los generales Tobar y Amaya a la cañonera colombiana, y esta se retira de la costa, Porfirio Meléndez y el pueblo de Colón, aseguran la separación. El nacimiento de nuestro Estado político se da por consumado.

Todavía faltaría explicar más detalles, pero nos conformamos esta vez por decir: ¡Que Viva, Que Viva la Patria Mía: Panamá!

¡Salud, compatriotas!

Abogado y profesor en Filosofía e Historia.

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