02 de Dic de 2021

Columnistas

Docencia de la migración humana en Panamá

“Extraigamos, de los migrantes, ejemplos para imitar y no para rechazar-condenar. Ejecutemos un acercamiento para el mutuo aprender; […]”

El Prof. Ricardo Ríos T., el siempre presente escritor y luchador por la libertad, me expresó hacen pocos años: “Heriberto, nosotros no supimos aprovechar la presencia norteamericana para aumentar nuestros aprendizajes con lo bueno de ellos”. Obviamente esa expresión me sorprendió e impactó, porque era lanzada por un gran militante-dirigente que algunos le acompañamos en nuestra lucha, contra el imperialismo norteamericano, por la plena soberanía en la zona canalera.

Desde aquel entonces desarrollé una reflexión crítica que aspiro a debatir con ustedes:

Históricamente, desde los primeros homínidos y todo ser viviente, las migraciones han sido una vía-instrumento para encontrar respuesta a lo desconocido o satisfacer las necesidades básicas. Quizás podríamos calificarlas como un impulso natural -curiosamente instintivo, anidado en una zona de todo cerebro, y que se despierta con la voluntad acuciosa de los sentidos. En realidad, ningún ser viviente es originario donde reside; pues él es un producto-efecto de un antes y un después. El alcance del sentimiento familiar no lo determina un apellido, ni la fijación de un sentimiento patriótico se fija por el país donde nacemos. Ambos son apenas referencias y no frenos para extender relaciones que contribuyan a llenar vacíos que demanda nuestra construcción como personas existentes.

Nuestro Panamá, ístmico por imposición geográfica, es un vivo ejemplo de oleadas migratorias semejantes a las ocurridas en Europa, Oriente y Oriente Medio, Norte y Suramérica. Nadie es primero; todos llegamos, ninguno se siembra para siempre, y partimos hacia el más allá u otras latitudes. Tanta es convincente la realidad de migrar, que algunos países han aprobado un único pasaporte para la movilización personal; lo que demuestra la desestimación de límites y hasta murallas caprichosas.

Toda gran riqueza material es producto de la capacidad del cerebro humano; hecho demostrado por potencias nacionales que han trascendido todos los espacios. Investiguemos lo que han realizado China, Rusia, Alemania, Gran Bretaña, Suiza, Estados Unidos de Norteamérica, Singapur, Finlandia y Japón. Son países con Gobiernos visionarios y abiertos, sin importar doctrinas e ideologías, para el aprovechamiento de grandes talentos humanos sin importar su origen de país-nación, ideologías, creencias o estatus socioeconómico. El elevado saber no acepta prejuicios. Existen pasajes anecdóticos que así lo aseguran, como los siguientes: Cuando la extinta Unión Soviética se propuso impulsar la energía eléctrica, consultó a un gran talento especialista en la materia; y cuando él dio la propuesta esperada, hizo saber que no era comunista; y la respuesta de la alta dirigencia fue elogiarlo como científico sin importar ese vacío. Algo parecido sucedió con grandes talentos chilenos que fueron adquiridos por universidades de otros países, después de la caída del Gobierno de Salvador Allende, pese a su filiación comunista. Y podríamos mostrar más casos donde prima el saber-pensar-hacer por encima de otros circunstanciales valores.

Según estadísticas, dignas de investigación, casi la mitad de nuestra población es producto de inmigrantes venidos de todos los continentes; y que con su capacidad dominan nuestro comercio con un trasplante celular similar a una colonia, dentro de un Estado-nación, no vinculada a la identidad nacional. Es una subcultura que compite con la cultura nacional; sin aprovechar los contenidos beneficiosos que enriquezcan lo nuestro. Rechazamos y no integramos bondades de las diferencias; generando antagonismos.

La respuesta no es rechazar, sino integrar con orden y control mediante parámetros -criterios de medición que correspondan al deseado desarrollo nacional.

Existe una institución panameña denominada Ciudad del Saber, cuya finalidad, según lo poco que sabemos, es atraer e intercambiar el saber universal. Efecto beneficioso sería que ese saber acumulado llegara a todo centro de la educación formal.

Actualmente, en la frontera colombo-panameña (Darién) se manifiesta una presencia elevada de inmigrantes -algunos con familia- que desbordan la capacidad gubernamental panameña; con una reverencia de libre albedrío para que sigan su rumbo a EUA. Esta situación ha mostrado más debilidades que fuerzas humanas; que van con toda clase del oportunismo explotador hasta asumo de vicios de lesa humanidad que se acercan a la corrupción; aprovechando ausencias en los Gobiernos externos, para aprovecharse del espejismo doloroso del inmigrante, al imponerle pagos inhumanos por sostenerse y transportarse; todo con la presencia silenciosa -cómplice- de agentes gubernamentales sin un investigar y extraer aprendizajes beneficiosos. Es un aprovecharse desahumadamente del dolor ajeno, para dejar un mal recuerdo de la calidad humana panameña y no sumarse a las causas que impulsaron a un emigrar traumático.

Si nos señalamos como “un crisol de razas” es porque nos sentimos “puente del mundo, corazón del universo” y que poseemos el valor de sentirnos patria universal “pedazos de la vida envuelta en girones de amor y de dolor”.

Extraigamos, de los migrantes, ejemplos para imitar y no para rechazar-condenar. Ejecutemos un acercamiento para el mutuo aprender; dejando competencias para cambiar y avanzar hacia mejores niveles de satisfacción material. Es un método estratégico-táctico para que el migrante sienta el sentimiento estimulante de pertenencia, no excluyente, para un significado integrante; tanto si continúa su nueva búsqueda o retorna a sus orígenes socio-geográficos. Universemos, con una nueva conciencia más humana, las migraciones.

Que no volvamos a actuar con una mentalidad estrecha, sin aprovechar el saber significativo de los migrantes.

Educador

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