29 de Nov de 2021

Columnistas

El buen escritor lo aprovecha todo al crear

“[…] el cuento en Panamá es sin duda alguna la nave nodriza de los géneros, y nuestras escritoras sus más conspicuas representantes por la calidad y diversidad de sus obras”

En la esquiva fusión de lo sencillo con la densidad de lo complejo late el acceso a ciertas vetas del enigma cotidiano que es la vida. En esta, atravesándole las entrañas, el tiempo hace su inexorable recorrido: se escabulle a ratos, pero dejando su huella, o descaradamente se deja atrapar a flor de piel con sus espectrales manos en la masa, según le plazca. Y el buen escritor lo aprovecha todo al crear, lo incorpora a su quehacer, lo estiliza. En el proceso, da nueva vida a la vida, y hasta a la muerta vida da.

Y es que absolutamente nada le está vedado al artista que hay en un escritor sensible que entiende que es necesario no solo dar fe de los claroscuros tanto de lo cotidiano como de lo acontecido en otra épocas o momentos del devenir humano, sino de lo posible e incluso de lo imposible sabiéndole imprimir verosimilitud. Al hacer uso de apropiadas técnicas realistas, surrealistas, o propias de mundos fantásticos, oníricos o metafísicos, a cualquier tema es posible armarle una trama interesante para que el lector se interese en las peripecias de la historia narrada.

Así, desde cuestiones de índole sicológica o de perfil detectivesco hasta la posibilidad de hurgar en los hábitos y costumbres de un grupo social o de un determinado individuo pueden ser materia de auscultamiento literario, pasando por la perplejidad surgida de situaciones sobrenaturales o mágicas insertas en un entorno inesperado. Igualmente, la siempre punzante seducción de lo erótico con sus múltiples vetas sugerentes, lo siniestro de un contexto de profundo horror o las contradicciones de una particular personalidad en su desempeño vital, pueden ser materia prima de historias fascinantes.

Por supuesto, los temas políticos, religiosos y filosóficos también tienen su particular encanto mientras con sus representaciones o planteamientos no se pretenda catequizar a costa de hacer un auténtico arte literario. Es decir, no hay nada sobre lo cual no sea posible escribir cuentos o novelas relevantes e incluso memorables sabiéndolo hacer con meticulosa disciplina, conocimiento y habilidad, lo cual siempre implica la selección más adecuada posible de determinado tono de lenguaje y de una visión de mundo aguda y convincente.

Lo importante, sobre todo para quienes empiezan a escribir con talento y deseos de irse abriendo paso en el difícil mundo literario, es entender que si bien no existe tema que no se pueda abordar, varias cosas no deben hacerse si lo que se busca es llegar a ser un autor respetado: Entre lo más elemental, daría estos sencillos consejos: en primer lugar, la buena literatura no debe explicar y mucho menos sermonear, sino sugerir; además, hay que elegir muy bien la voz narrativa que habrá de contar la historia en cada caso (no es lo mismo un niño que un anciano; ni un catedrático que un pordiosero analfabeta), así como escoger adecuadamente el punto de mira (sitio, época o facultades físicas del narrador) desde el cual habrá de relatar. Saber que una cosa es describir (algo estático) y otra narrar (una acción), si bien a menudo se combinan ambas técnicas. Además, no se deben repetir las mismas palabras en un determinado párrafo, ni tampoco las mismas ideas en varias partes del texto si ya han sido ya planteadas, aunque se haga en otros términos. Y finalmente, estar muy consciente de que al escribir prosa se deben evitar las rimas.

Finalmente, es un hecho innegable que cada día entran al ruedo más escritores en Panamá: buenos y muy buenos; mediocres, malos y pésimos… Los dos primeros por lo general están conscientes de las características antes planteadas. Y en ese sentido cabe señalar que en nuestra literatura nacional destacan particularmente el cuento, la poesía y, bastante más atrás, la novela; en ese orden. Así ha sido desde finales del Siglo XIX y en el presente siglo se mantiene esa tendencia sin detenerse ni desmejorar.

Como ya lo he señalado en otras oportunidades, el cuento en Panamá es sin duda alguna la nave nodriza de los géneros, y nuestras escritoras sus más conspicuas representantes por la calidad y diversidad de sus obras. La brevedad y concisión, características señeras de este tipo de ficción narrativa, junto con la facilidad para crear historias de muy diverso tipo, así como el conocimiento, la sensibilidad y la fantasía, dan a sus textos una solvencia estética y humana notables. Por lo que ya va siendo tiempo de que quienes gustan de leer en nuestro país historias frívolas e intrascendentes empiecen a conocer las bondades de una literatura realmente seria por la gran variedad de sus planteamientos altamente sugestivos.

Cuentista, poeta, ensayista, promotor cultural.

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