01 de Dic de 2021

Columnistas

Retrato de un mítico líder africano

“Apodado el Che Guevara africano, Sankara ha entrado en el olimpo de los prestigiosos dignatarios de África. Su horrible muerte prematura, [...], le ha dado una aureola de mártir [...]”

El juicio, que se vaticina sea sonoro, de los supuestos autores materiales e intelectuales del magnicidio del capitán militar y presidente Thomas Sankara, vilmente asesinado a los 37 años, junto a doce compañeros, tras el golpe de Estado del 15 de octubre de 1987, se reanudó el pasado 25 de octubre en el Tribunal Militar de Uagadagú (Burkina Faso), tras una suspensión solicitada por dos letrados de la defensa. De los catorce acusados, dos no están sentados en el banquillo: el principal inculpado y presunto cerebro del golpe, Blaise Compaoré, exiliado en Costa de Marfil, desde su derrocamiento por una sublevación popular en 2014 tras 27 años en el poder, no asiste al proceso, como tampoco su exjefe de seguridad, en paradero desconocido. Son juzgados, pues, “in absentia”. Todos se enfrentan a los siguientes cargos: atentado a la seguridad del Estado, complicidad en asesinatos y ocultación de cadáveres. Treinta y cuatro años después del salvaje homicidio de Sankara, se pretende hacer justicia y el pueblo burkinés ha esperado con una enorme frustración, pero admirable paciencia, la llegada de este acontecimiento que no parecía dibujarse en el horizonte. ¿Pero, quién era este hombre que perdió brutalmente la vida y cuyo cadáver fue desmembrado e inhumado en una tumba anónima?

Thomas Isidore Noël Sankara nació el 21 de diciembre de 1949 en Yako, Alto Volta, colonia francesa que se independizó en agosto de 1960. Creció en el seno de una familia numerosa de fe católica en un pueblo de mayoría musulmana. Cursó estudios primarios y secundarios y a los 19 años se enroló en el ejército, cumpliendo misiones en Madagascar, donde empezó a estudiar el marxismo-leninismo, y en Mali. La gente le recuerda como un hombre humilde y campechano. Tuvo experiencia de gestión, fungió como secretario de Estado de la Información y primer ministro en dos Gobiernos anteriores; renunció al primer puesto, pero fue despedido del segundo, en ambos casos por discrepancias con sus colaboradores.

El 4 de agosto de 1983, Thomas Sankara y un grupo de oficiales, entre los cuales se encontraba su homólogo y estrecho amigo, Blaise Compaoré, acaparan el poder, convirtiéndose el primero en presidente. Uno de los actos iniciales del dirigente fue hacer una auditoría de sus bienes y enarboló una política de austeridad, reduciendo drásticamente su sueldo y obligando a sus colegas a seguir su ejemplo. Justo un año más tarde, el nuevo jefe de Estado rebautizó el país con el nombre de Burkina Faso, que en dos idiomas locales significa: “País de los Hombres Íntegros”, “como un símbolo de transformación social”. El 4 de octubre de 1984, el joven revolucionario pronunció un encendido discurso en la tribuna de las Naciones Unidas: “Yo hablo en nombre de estos millones de seres que están en los guetos porque tienen la piel negra o son de culturas diferentes y que se benefician de un estatus apenas superior al de un animal. ¡Abajo el imperialismo! ¡Abajo el neocolonialismo!”. Estas palabras resonaron ante una audiencia que se quedó sorprendida por su oratoria; Sankara diseño así su personalidad en el anfiteatro neoyorkino.

El mandatario acometió distintas reformas que influyeron positivamente en la vida de sus compatriotas. Abordó temas candentes de la realidad burkinesa, como la salud, la educación, la reforma agraria, el feminismo, el medioambiente, etc. Se abrieron hospitales y se organizó una gran campaña de vacunación infantil, a la vez que se aminoró considerablemente el analfabetismo, creando escuelas. Nacionalizó las tierras y se las entregó a los campesinos para que las trabajaran. Desarrolló una política claramente feminista, prohibiendo la mutilación genital, los matrimonios forzados, la poligamia y todo tipo de prácticas degradantes hacia la mujer, algo sin precedentes en el continente. Nombró a algunas para altas ocupaciones gubernamentales y las animó a seguir trabajando. “No hay verdadera revolución social sin la emancipación de la mujer”. A nivel medioambiental, luchó contra la desertificación del país, planificando una vasta campaña de plantación de árboles. Estratégicamente, creó, al estilo cubano, los Consejos de Defensa de la Revolución (CDR), como contrapoder a la omnipotente y sempiterna injerencia del ejército en la res publica africana.

Apodado el Che Guevara africano, Sankara ha entrado en el olimpo de los prestigiosos dignatarios de África. Su horrible muerte prematura, consecuencia de la colusión entre algunos mandos militares y, al parecer, el tándem de la cohabitación francesa, formado por Mitterand y Chirac, le ha dado una aureola de mártir y ha truncado las perspectivas de muchos, al quedarse inconclusos algunos de sus logros. Su presencia en la primera magistratura del Estado deja una impronta indeleble y su modo de acceder al poder no ha deslustrado su carisma, siendo el personaje muy respetado, tanto en su país como en muchas otras naciones del continente negro. El juicio que acaba de arrancar debe servir de ejemplo.

Guardo la esperanza de que este escrito contribuya a dar a conocer y a divulgar la obra y el pensamiento de este líder, firme apóstol del panafricanismo.

Médico-psiquiatra.

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