Temas Especiales

23 de Ene de 2022

Columnistas

28 de Noviembre de 1821: en el albur de nuestra independencia

“No debemos desmeritarnos nosotros mismos, porque somos un pueblo que, históricamente, ha caminado en la solitariedad, ¡pero con espíritu indomable de lucha!”

Los eventos de nuestra Independencia empiezan con la derogación del “decreto de franquicias del Istmo de Panama”, por parte del rey Fernando VII, condenando el comercio con Jamaica, colonia inglesa.

Con esta medida, se causa la ruina económica al Istmo. En esa época, toda América Hispana comerciaba con el Imperio británico, que estaba a la cabeza de la “Primera Revolución Industrial”, mientras en las colonias aún estábamos en un semifeudalismo y un gran atraso económico. Todos los comerciantes, desde Río de la Plata hasta México, dependían económica y comercialmente de los ingleses. Pensar que los futuros próceres eran simples “filisteos” es osado. El comercio en Panamá era muy ínfimo, comparado con Río de la Plata, y demás regiones sudamericanas. Ello debe quedar bien claro, el contexto de la época crea las condiciones de nuestra actividad económica.

En lo político-militar, influyó la independencia en Nueva Granada, Quito y Venezuela; y la decisiva victoria en la Batalla de Boyacá, 1819, lograda por los ejércitos venezolanos y neogranadinos, auspicia nuestro proyecto.

Panamá deja de ser el depósito de fuerzas armadas y navíos hacia la guerra en Sudamérica; lo que dio alivio a los istmeños; de tal manera se introduce la imprenta y la creación del primer periódico La Miscelánea, por Juan Argote, con lo que las ideas libertarias del Istmo se consolidan y el establecimiento del Cabildo Constitucional, conformado por todos los adeptos por la causa revolucionaria. Estos tenían el conocimiento de las crueldades de los realistas en la guerra. Lo fue el asedio de Cartagena de Indias, en 1814, que terminó con la muerte de cientos de patriotas, unos por hambre y otros por fusilamiento. La retoma del Puerto de Portobelo en 1820, por el general español Alejandro de Hore, de manos del general Gregor MacGregor, resultó en una innecesaria masacre para con los rendidos.

La crueldad de la guerra motivó la forma cautelosa de actuar de los notables de Panamá. Porque había peligro, y porque el “fin justifica, los medios”. Se crea un plan: minar los cuerpos del ejército español, que se sabía no estaban recibiendo ningún dinero y muchos no deseaban estar ya en el Istmo. Con esta información, y con el apoyo de Mariano, Blas, y Gaspar Arosemena, y José María Barrientos, en “viribus unitis” con fuerzas unidas, actúan en consecuencia, y, de sus fortunas personales, entregan el dinero para pagar las deserciones del Batallón de Cataluña, y prometiendo, principalmente, y esto es fundamental, entenderlo, por el giro de la guerra, la no persecución contra los rendidos, y la asistencia a los que deseaban irse a España o Cuba, prestándoles los auxilios económicos necesarios.

“Fiat lux”, se hizo la luz, y en la aurora del 28 de Noviembre de 1821, sin la intervención de ningún ejército extranjero y sin muertos, los istmeños proclaman su independencia, en la casa consistorial, mientras “un inmenso gentío, los habitantes de la ciudad, se apoderó de la plaza de la Catedral”. Cuando se proclama la Independencia, una porción muy numerosa del pueblo mostró gratitud a los próceres.

Posteriormente, en febrero de 1822, nos llega un importante documento, proveniente del Benefactor de nuestra patria, la misiva dice: “… No me es posible expresar el sentimiento de gozo y de admiración al saber que Panamá, centro del universo, es regenerado por sí mismo y libre por su propia virtud… les brindo el tributo de mi entusiasmo por el acendrado patriotismo y verdadero desprendimiento…”. Si el mismísimo Libertador, Simón Bolívar, tuvo tal reconocimiento para nuestra gesta independentista, ¿quiénes somos nosotros, doscientos años, después, para ignorar nuestra propia capacidad de resolver nuestros asuntos?

No debemos desmeritarnos nosotros mismos, porque somos un pueblo que, históricamente, ha caminado en la solitariedad, ¡pero con espíritu indomable de lucha! Ergo…

¡Loor a Panamá en su bicentenario, loor al Libertador Simón Bolívar y loor a nuestros próceres y a este pueblo, tendido sobre un Istmo, donde es más claro el cielo y más brillante el sol!

¡Salud, compatriotas!

Profesor de Filosofía, licenciado en Derecho y Ciencias Políticas.