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17 de Ene de 2022

Columnistas

200 años: 'retrato en familia'

“Mucho mejor sería prepararnos para asumir el reto de las correcciones y con valentía resolver los dilemas que nos amenazan. Ojalá, en 200 años, nuestro retrato familiar sea más bonito”

Muchas ceremonias, escritos, programas de video y mucho más sobre los 200 años de independencia de España que celebramos ayer, 28 de noviembre de 2021. Pero poco entusiasmo a nivel nacional y popular. La idea de que este, y otros escritos sirvan como un retrato familiar de esta época para que sean estudiados dentro de los próximos 200 años. Tal vez, mi opinión más tiene que ver con el momento que vivimos y menos con el trascurrir de los 200 años que estamos celebrando. Y esa visión no es alentadora. Es más, me confieso pesimista sobre el futuro y sobre nuestras posibilidades como conjunto humano que comparte espacios en esta delgada franja de tierra.

He venido tocando el tema desde hace mucho rato. Varios de mis escritos dejan claro mis dudas y preocupaciones sobre la posibilidad de trascender a una sociedad más cohesionada y libre para todos. Una sociedad que se mire y mide en lo justo y pragmático y se aleje de la incongruencia de las promesas sin sustento que parten de lo desconocido que, a lo largo de los siglos (como mínimo estos dos que celebramos), nos ha mantenido sumidos es la ignorancia complaciente.

En mi columna titulada “Así no vamos a trascender” relaté: “Un padre se arrodilla al pie de la cama de su hija para pedirle al Cielo que la sane de los males que amenazan su vida. El boxeador se persigna cuando suena la campana del tercer asalto, aunque al final del anterior llegó a su esquina turulato. La abuela le da la bendición a su nieta que sale temprano en la mañana para hacer el examen de ingreso a la Facultad de Medicina; la niña se pasó dos meses estudiando para esa prueba. Un señor de mediana edad lee en su celular una oración que buscó en el Internet, a la espera de que le vaya bien en la entrevista para un nuevo puesto; falsificó varios diplomas en su solicitud. El ladrón se esconde por unos minutos en el hueco de la escalera de un edificio abandonado y da gracias cuando los policías pasan de largo. (…) Un empresario multimillonario va a la iglesia (o templo, o lo que sea…), todos los fines de semana con su esposa, la nana de sus hijos perdió el techo de la casa y los pocos muebles en una tormenta reciente. No lo han podido reparar porque el salario de ella y su marido no les alcanza ante los otros asuntos para mantener a la familia”. Ten Fe, piden los buenos y los malos.

A 200 años de independencia de España, ese es parte de nuestro retrato. La parte mala, la fea, predomina, nos define y nos va a hacer colapsar como sociedad si no hacemos correcciones dramáticas. “Parte de nuestro retrato”, porque hay mucho más. La desvergüenza, por ejemplo, el desconocimiento de nuestra historia y el afán de no trasmitirlo a las nuevas generaciones, a cambio de la cultura de la tecnocracia.

Ya decía anteriormente que: “En la mente de muchas personas, algunos pensadores con buena formación, se fortalece la idea de que la humanidad continuará su curso… y creen que por buen camino. Sostienen que existen cientos de puntos de referencia en el calendario que sugieren que avanzamos hacia el perfeccionamiento de la sociedad y que hay suficientes eventos históricos (pestes, guerras, desastres naturales) que evidencian la sostenibilidad -“in saecula saeculorum”- de la especie humana”.

Pero así no podemos. Creo que las manecillas del crecimiento humano parecen moverse en dirección opuesta, dándole espacios de poder a los corruptos para que abusen de la bondad y el sacrificio de otros. Y en este escenario difícil, están los que ayudan en ese enredo pidiéndole a las personas que tengan fe, una petición buena para nobles e igualmente para desvergonzados.

Es bueno saber y entender el camino marcado durante estos 200 años de independencia de España, los eventos más significativos, los retos y los logros. Pero las posibilidades a futuro son preocupantes y donde estamos ahora no es bonito por donde lo miremos. No hay celebración que valga con el escenario que tenemos. Mucho mejor sería prepararnos para asumir el reto de las correcciones y con valentía resolver los dilemas que nos amenazan. Ojalá, en 200 años, nuestro retrato familiar sea más bonito.

Comunicador social.

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